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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo IV - San Bernardo - Con rápida y segura caligrafía, documentó aquello que había contemplado. Una vez el manuscrito terminado, espero ansioso las horas del amanecer, pidió y obtuvo un caballo y sin esperar un minuto, ni preocuparse de las condiciones del tiempo, inicio su ultima parte del viaje.

San Bernardo


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo IV

La Profecía

Hacia aproximadamente un mes, que Christian y él habían dejado el país de los pequeños arroyos de aguas cristalinas corriendo entre las piedras, donde los peces jugaban con los pescadores tratando de atraparlos y enormes rebaños de blancos corderos pastando en las colinas, con los pastores descansando debajo de frondosos árboles, en la cima mas alta, para poder atender los rebaños. Desde allí se podían observar como puntos blancos paredes de piedras pintadas salpicando las colinas y los valles coronados por el amarillo de los techados de paja, en contraste con el verde esmeralda que ocupaba toda la Isla.

A pesar que Francia gozaba de hermosas colinas cuidadosamente sembradas con trigo, centeno y otros cultivos para alimentar la creciente población y animales, largas extensiones de viñedos y los otros frutales que ocupaban gran parte de los campos, en su corazón, pocos paisajes podían rivalizar con aquellos de Irlanda

En el día de ayer a solo unas horas antes de llegar a Roma en las cercanías de una pequeña Abadía, uno de los ejes de la carroza se había quebrado, y afortunadamente con la ayuda de unos granjeros pudieron acercar el carruaje al convento, donde los Frailes, recibieron a tan importante viajero con todos los honores, debidos a su rango y condición como dignatario de la Iglesia, -Maelmaedhoig. Va Morgair –Malaquias O’Morgair el Obispo de Down, en Irlanda desde 1136, lejos había esperado a su llegada al humilde Convento que este, seria el escenario de los eventos que transcurrían inmediatamente después de su llegada, y que los mismos pudieran cambiar en el futuro la dirección de la Cristiandad.

-“Su Eminencia”- dijo el Abate Julios al conducir a Melaquias, luego de una Espartana cena, en el gran comedor de la Abadía- “Espero que nuestras humildes acomodaciones, sean suficientes para permitirle un merecido descanso” -“Gracias Julios”- contesto Melaquias, mientras era conducido hasta una pequeña celda donde pasaría los días que fueran necesarios, hasta que se procediera al arreglo del eje de carruaje roto, en un accidente en el camino. -“El señor siempre extiende un manto protector a todos aquellos que tienen fe en su misericordia, la cercanía de vuestro convento, al producirse el accidente lo prueba. Es su voluntad quien nos ha traído a este lugar de paz y reflexión, yo le agradezco al señor vuestra presencia y ayuda, cuando tanto la necesitamos que nos a provisto de su protección, y la cercanía de vuestra orden, que nos brinda el abrigo necesario -“Es su voluntad”-concurrio Julius’-“Tenga usted buenas noches” -“Buenas noches Julius”

Habían transcurrido 2 semanas, desde que dejara a Cristian y Bernardo en el Convento, y el viaje había sido en extremo placentero, sin mayores inconvenientes hasta el día de hoy. Afortunadamente el accidente ocurrió a solo poca distancia de la pequeña Abadía. En la cual encontró inmediato alojamiento y ayuda.

La celda, desprovista de toda amenidad, con las paredes de piedra y una pequeña ventana, un catre con correas de cuero como elástico y unas gruesas mantas en lugar de colchón. Malaquias esta acostumbrado a las acomodaciones de la vida Monacal, y se sintió satisfecho de poder tener un lugar donde reposar su cuerpo, cansado por los día que tomo el viaje, desde su querida Irlanda. Especialmente con la lluvia intermitente y la profusión de descargas eléctricas que con sus luces en el cielo, daban una extraña apariencia de una luminosidad azulada a la pequeña celda, a pesar del reducido tamaño de la ventana por la cual ésta penetraba. A pesar de que su mundo, de profunda fe y revelaciones que el Señor en muchas ocasiones se habían manifestado, no lo habían preparado para la experiencia de lo que paso inmediatamente.

Después de acomodar el bolso de cuero con sus pertenencias en el baúl al pie de la cama, sacando del bolso unas hojas de pergamino, dentro de un tubo de cuero especialmente preparado para mantener los mismos dentro sin que sufrieran ningún daño los dejo sobre la cruda mesa de madera que se encontraba en la habitación junto con la cama completaba el total amueblamiento de cuarto. Como todas las noches, se arrodillo frente al crucifijo, de plata que llevaba en su bolsa, regalo de su adorada madre que puso sobre la mesa a manera de altar, y se arrodillo en las frias piedras del piso para recitar sus oraciones. Mientras lo hacia, le pareció experimentar que lentamente se hacia presa de su cuerpo una sensación de paz, inundando su alma y dejándola abierta para una extraña manifestación

De pronto , UN GRAN SILENCIO SE EXPANDIO POR LA HABITACION Y LOS SONIDOS DE LA TORMENTA DESAPARECIERON. Las esporádicas luces azuladas, que cruzaban el firmamento y así iluminaban de cuando en cuando intensamente la habitación cesaron de pronto y una inmensa paz, pareciendo irradiar de todas partes a la vez, rodeando todo su ser, no como algo etéreo pero como una realidad palpable. Las esporádicas luces de la tormenta desaparecieron cambiando a una luminosidad que gradualmente parecía irradiar de todo objeto en la habitación.

La tormenta con sus sonidos, y el golpetear del agua cesaron, la blanca luminosidad la cual parecía crecer hasta adquirir unas proporciones increíbles, como si el universo entero se encontrara en la pequeña celda, que de pronto. Limites, distancias, tiempo y espacio de pronto dejaran de existir y la gloria de Dios emanara de cada átomo del Universo y el se encontrara en presencia de la eternidad. Como varias veces la había visto anteriormente, vestida en un diáfano vestido blanco, su hermana, por la que había rezado tanto y ganara su salvación por el poder de sus oraciones aun después de muerta, se presento ante él, con una amplia sonrisa y con un gesto de sus manos, le dijo-“Querido hermano, por la gracia de Dios, tendrás una visión del futuro de nuestra amada Iglesia, debes recordar lo que vieres, y presentarlo al vicario de Cristo.

Sin más, lentamente fue desvaneciéndose y perdiendo su presencia en la claridad de la luz que rodeaba la escena. Melaquias, vio la actual catedral de San Pedro con Inocencio II el presente Papa. Ante los azorados ojos de Melaquias, comenzaron a pasar como en una procesión cada uno de los vicarios de Cristo, comenzando con el próximo Papa después de Inocencio II, a medida que los Papas, aparecían con sus vestiduras, una voz clara resonaba dentro de si mismo, que en unas pocas palabras describía, sus hechos y pasado. Cada uno de ellos con Lemas que indicaban su origen, historia y personalidad, 110 papas pasó por su visión, e indeleblemente se gravaban en su mente.

Vio como en esos últimos días, tribulaciones entre razas y creencias se multiplicaban, gritos provenientes de madres, con sus hijos sin vida en sus brazos, llegaban al cielo pidiendo compasión. Verdes praderas desaparecían, tomando la forma de arenas del desierto llenas de polvo y carcazas de animales desecándose, donde antes vergeles eran la norma, océanos invadiendo costas y ciudades, aprisionando entre sus aguas poblaciones enteras sin medios de escapar.

También como Roma, la ciudad de las siete colinas, adquiría una diáfana y cristalina apariencia y las murallas de Jerusalén se materializaban en su lugar y el implacable juez, embrazaba toda la humanidad. Su total significado escapaba la mente de Melaquias, pero si!, sabia, era su deber informar a la Iglesia, por consiguiente al Papa, su visión. Al mismo tiempo, mientras seguía la procesión de los mismos, cambiantes escenas, mostraban la evolución del Vaticano con el correr del tiempo y los Papas envueltos en ellos.

Desde el presente territorio ocupado en las orillas del rió Tiber, entre Monte Mario y Gianicolo, mas conocido por su viejo nombre, Ager Vaticanus, un lugar pantanoso y cuyos habitantes gozaban de la peor reputación, prostitutas, ladrones, criminales, y todo aquel que fuera buscado por las autoridades, encontraba refugio y protección en esos lugares temidos por aquellos que estaban a cargo de esforzar la ley. Vio los cambios que el futuro reservaba, a la colina del Vaticano. Un palacio de enormes proporciones era agregado, junto con cuidadosamente manicurados jardines eran emplazados. Otras épocas en la que esos Palacios y edificios rodeando La Catedral, eran prácticamente abandonados, mientras la Papacia, cambiaba su sede a otro país, y como un fuego extraordinario consumía los palacios dejándolos en total ruina.

Asimismo, como eran reconstruidos y así como el pájaro Fénix, resurgían de sus cenizas con un maravilloso plumaje, así el Vaticano, recobraba su anterior presencia, y mayor lustre. Paredes fueron construidas, casas y palacios agregados y restaurados, vio la resplandeciente cúpula agregada a San Pedro. Pudo ver parte de lo que el futuro seria, con la extensión de Roma, con extraños vehículos y muchedumbres vestidas con extrañas ropas.

En la misma forma que la extraña luz se iniciara la misma desapareció, y el sonido de la lluvia y la esporádica pero brillante luz de los relámpagos y rayos otra vez ocuparon su lugar alrededor del convento. A pesar del conflicto de emociones en su corazón y su mente, su extraordinaria fe, no le hizo permanecer mucho tiempo pensando en la extraña visión, que el señor le había brindado y sin vacilar, sabiendo lo que debía hacer.

Saco del tubo que anteriormente dejara sobre la mesa, varias hojas de un pergamino de piel de cordero, tinta y una pluma. Ahora comprendió su inclusión en el equipaje. En sus otros viajes, siempre en caso de necesitarlo, solicitaba en los refugios religiosos donde se hospedaba, tinta y plumas para recordar hechos o copiar documentos. Esta vez, sin saber porque, se encontró guardando cuidadosamente los elementos de escritura con sumo cuidado. Ahora veía como la divina providencia, había ordenado su inclusión cuando jamás lo había hecho anteriormente.

Con rápida y segura caligrafía, documentó aquello que había contemplado.’Una vez el manuscrito terminado, espero ansioso las horas del amanecer, pidió y obtuvo un caballo y sin esperar un minuto, ni preocuparse de las condiciones del tiempo, inicio su ultima parte del viaje.

Via Apia

El viento y la lluvia, golpeaban con inusitada furia, al jinete y su caballo a todo galope por la pavimentada vía Apia. Muchos siglos después de que el Imperio que la construyo, y extendiera sus brazos por todo el mundo conocido de la antigüedad, la perfección de su construcción permitía, después de la desaparición del mismo. Que la carretera fuera usada todavía para aquellos que necesitaran llegar a Roma.

Los relámpagos y rayos se sucedían sin cesar y el firmamento obscurecido por negras nubes y fuertes tormentas, cobraba una fantasmagórica escena, con las luces producidas por los elementos. Los pinos y otras plantas que se encontraban a los lados de la carretera proyectaban, al reflejos de las luces que como gigantescos látigos azotaban el firmamento, extrañas sombras al paso del jinete, a consecuencia de las luces azuladas que se repetían sin cesar como si fueran demonios ansiosos de capturar aquel que se aventuraba en ese amanecer por los dominios de las criaturas de la noche.

Malaquias, estaba cabalgando hacia mas de una hora, y sus vestiduras estaban totalmente mojadas, lo mismo que su cuerpo y su espesa barba roja.’ Ya que la caperuza con que cubría su cabeza y parte de su rostro, estaba totalmente empapada. De vez en cuando, introducía sus manos dentro de sus vestiduras para asegurarse que el envoltorio de cueros que llevaba colgado de sus hombros, debajo de su robe, se encontraba a salvo. Su mente se encontraba ocupada pensando en las circunstancias que lo habían traído a Roma, y la misión en que ahora se encontraba. A pesar de la lluvia y el viento, el rítmico galope del caballo resonando en los adoquines de la vía Apia. Su mente repasaba los hechos que lo traían a esta madrugada, tratando de alcanzar sin demora alguna la ciudad de Roma. Recordaba claramente su salida del suelo Ingles.

Las luces de los relámpagos dejaban percibir las siluetas de los edificios de la Ciudad de Roma, Ya estaba cerca, y podía entregar a Inocencio II, los escritos refiriéndose a la extraña visión que había recibido.


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