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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo X - Reporteros - Ahora todos sabían que, dentro del aparente desorden, había una fórmula secreta que, evidentemente solo Frank conocía, con la cual podía, en unos segundos, hallar cualquier documento de interés para el periódico.

Reporteros


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo X

Reporteros en Roma

Un concierto de sonidos inidentificables, llenaba el espacio. Conjuntamente con el olor a gasolina, mil otros aromas de diferentes comidas étnicas que la gran cantidad de restaurantes con cocina internacional ofrecían a la multitud de individuos rumbo a sus trabajos en la mañana de Nueva York.

Los acontecimientos del día de ayer habían afectado profundamente todo su balance. Juan Carlos, como los demás, se encontraba en la calle, con el periódico doblado bajo el brazo, escuchando los esporádicos comentarios, acerca de los acontecimientos. Como diariamente lo hacía, entró en el pequeño restaurante. Casi un corredor, un agujero en la pared, donde con gran habilidad habían emplazado un equipo, un mostrador, un grill, y un refrigerador. Cuando una de las pequeñas mesas contra la pared con dos sillas se desocupó, Juan Carlos prontamente puso el periódico sobre ella y tomo posesión, a pesar de que varios se encontraban esperando un poco mas allá. Rápidamente se dirigió a la humeante máquina de café, y se sirvió una taza doble, que la llevó a mesa, mientras desdoblaba el periódico, con la foto de Simón en la primer plana.

El mozo, apenas pudiendo pasar por el espacio entre el mostrador y las mesas, cuando alguno ponía una silla del lado del corredor, saludó -¡Hola Juan Carlos! ¿Qué le podemos ofrecer hoy al gran periodista? -le dijo en español. -¡Número 1!¡no, no! Hoy es verdaderamente un día especial, así que me preparas Hummmm. Un gallo pinto con huevos, un burrito y plátanos fritos. -¡Marchando! – dijo y agregó -¿Más café? -Sí ¡Llénalo! En un momento estaba inmerso en la lectura, ignorando todo cuanto pasaba a su alrededor. Incluso cuando alguien ocupó la silla frente a él, toda su atención estaba concentrada en el contenido de las noticias, del insólito hecho del que el mundo había sido testigo. -¡Esperaba hallarte aquí! -dijo Peter Ensor. -¡Jesús! ¿Como me encontraste? -Contestó sobresaltado. -Es el único lugar en donde sirven comida original de Nicaragua. Lo dice bien claro ahí en el cartel al frente -y agregó -y es el único en el vecindario No se necesita ser un físico nuclear para deducirlo. El mozo interrumpió la conversación -Juan, saca ese periódico, el diario y el desayuno no pueden estar juntos en la mesa -y comenzó a colocar los platos mientras Juan doblaba el periódico y lo colocaba en el suelo, junto a su silla.

-¿Qué es eso? Preguntó Peter. -El especial de la casa -contestó el mozo, e inmediatamente preguntó ¿Le sirvo uno? -¡No, no, no! Dame 2 huevos revueltos no muy cocidos, 3 fetas de panceta y café. Café Americano -dijo y agregó -Y un vaso grande de jugo de naranjas. -¡Marchando! -Contestó dejándolos solos en la mesa. -¿Qué haces aquí Peter? -Preguntó Juan Carlos. -¿Acaso no lo ves? Vengo a desayunar –Contestó. -Vamos Peter, tu nunca desayunarías en un lugar como éste, si no tuvieras algún motivo especifico que te trajera aquí.

-Te diré mi joven amigo -dijo Peter -Hay quienes nacen con estrella y otros estrellados. Tú eres de los primeros. Tú sabes cuánto tiempo me tomó pasar de chico de los mandados, a reportero. -Bahhhh, no contestes a eso. Tú no quieres saberlo. Pero sí te digo esto. ¡Mucho mas que a ti! -Se detuvo en su conversación mientras el mozo servía el desayuno que había pedido. Se apresuró a tomar un sorbo de café, mientras Juan Carlos lo miraba esperando que le informara más acerca de las noticias que evidentemente le quería dar.

-O.K. chico -continuó Peter -Tú y yo salimos para Italia esta tarde, espero que tengas los papeles en orden, seguramente necesitarás una visa, ya que no eres Americano. Cuando terminemos esto que le llaman desayuno, nos vamos al abogado del periódico y que arregle todo lo necesario. El gran reloj, en el centro de la redacción marcaba las 3:45 PM, cuando Juan Carlos y Peter abrieron las doble-puertas que los llevaban al corredor en donde, cubículo tras cubículo, se encontraban los reporteros del periódico. Los dos avanzaron por el pasillo, que dirigía directamente a la oficina de Frank West.

Asomados a las puertas, y sobre las particiones de vidrios, todos les daban palabras de aliento especialmente a Juan Carlos. Éste, se detenía un momento para conversar con cada uno de ellos apenas unas palabras, pero las suficiente para que Peter, se adelantara y estuviera aguardando en la puerta de la oficina de Frank. Mostrando una expresión de impaciencia. -¡Vamos vamos! ¡No tenemos todo el día! -Le gritó con tono exasperado.

Juan Carlos cambió la conversación por una palmada en las manos de aquellos que querían expresar una palabra o un gesto de aliento. Él era el chico que repartía la correspondencia hacía solo una semana, y que ya estaba asignado a una importante historia en Europa para el periódico. -Lo siento Peter –Dijo. -¡Si si! Ya lo sé. Vamos que Frank nos espera, y seguramente no está de buen humor -Dijo mientras con una mano abría la puerta y con la otra le hacía una clara indicación de que entrara en la oficina.

Frank, como era habitual, estaba sumergido en una gran cantidad de papeles apilados en lo que parecía un total desorden. Ahora todos sabían que, dentro del aparente desorden, había una fórmula secreta que, evidentemente solo Frank conocía, con la cual podía, en unos segundos, hallar cualquier documento de interés para el periódico. Levantó su cabeza, y con tono sarcástico, como disimulando una ira incontenible, contra los dos hombres parados respetuosamente frente a su escritorio, les dijo con una voz casi arrulladora. -Gracias por venir a verme, unos segundos antes de abordar su avión para unas espléndidas vacaciones pagas por el periódico, en Europa -Su voz comenzaba a aumentar de volumen con cada palabra. –Mientras, nosotros aquí, trataremos de informarnos por la competencia de lo que sucede. ¿Encontraron todo lo que necesitaban en Neimun Marcus, en New York, o viajaron a Dallas para algo realmente especial?

-¡No Jefe! La demora fue debida a que Juan Carlos necesitaba una visa especial y John, tuvo que contactar a medio mundo en el Departamento de estado para lograr conseguirla, en tan poco tiempo. -contestó disculpándose Meter. -¡Poco tiempo! ¡Poco tiempo! -¡Tengo una factura por tres mil quinientos dólares! -Gritó Frank, mirando a los dos hombre, que permanecían en absoluto silencio, mientras que los gritos reverberaban por todo el ámbito de las oficinas y todos pretendían seguir con sus trabajos, sin prestar atención a lo que sucedía allí –Bien, ya no puedo hacer nada. -Hizo un gesto con las manos tomándose la cabeza. -¡Dios! ¿Por qué yo? -Con una expresión de voz más suave y observando a ambos, como si constituyeran la más grande equivocación de su vida, continuó -Espero que tendrán bien en claro, cuál es su misión.

Ambos asintieron con la cabeza -Pegarnos al Papa como estampilla, e informar inmediatamente de cuanto haga, diga, y suspire -Dijo Peter, mientras Juan Carlos asentía con la cabeza en silencio. -¿Y? -Continuó Frank. -Conseguir una historia -Contestaron los dos casi al unísono. -¡Bien! ¿Saben cuál? -¡No! -Por lo menos, coincidimos en algo -Y continuó buscando, entre la pila de fotografías, varias que puso enfrente de loa ojos de los dos hombres. -Hace una semana que este tipo es Papa, y ¿qué vemos en el Vaticano, y en los aeropuertos de Italia –Preguntó a ambos? -¿Qué? -Les diré, lo que vemos. Ahí están, en esas fotos. Un gran número de tipos barbudos, togas blancas y pañuelos en cuadraditos blancos y rojos. Además –continuó -Vemos más Mahometanos que Cristianos entrando a San Pedro. Una serie de curas y obispos tomando aviones a lugares a donde ningún cura, puso las sandalias en el pasado. Todos de civil, naturalmente. - Continuó haciendo una larga pausa. -

Necesitamos saber qué demonios está haciendo este Papa. Porque algo esta haciendo. ¡Y necesito saber qué es! –Dijo elevando su voz a toda su capacidad nuevamente. Se detuvo un momento para mirar a los dos hombres y nuevamente comenzó a buscar entre una pila de fotografías. Halló una que mostró a Juan Carlos y Peter.-Este es Serdar Akunal, Primer Ministro de Turquía. Un viejo amigo del Papa. Un Arquitecto que trabajaba en una de sus compañías hace más de 20 años. Inseparables amigos en aquellos tiempos. Llega pasado mañana en visita oficial. Ahora ¡Piensen! Es decir, si esto les es posible. -Continuó

-Es razonable asumir que si éstos son viejos amigos, es fácil arreglar una visita. Pero cambiar las agenda de un país, por algo que se puede arreglar telefónicamente, como una felicitación entre viejos camaradas… Y no solo eso, dos días después, otro viejo amigo, Georgio Fedon, Primer Ministro de Grecia.

El Papa es intimo amigo de su padre, y por supuesto, del Primer Ministro. Ambos en otra visita oficial, y éstos acompañados de los más altos Clérigos de sus respectivos países. -Frank dejó que sus palabras se compenetraran en las mentes de los hombres frente a su escritorio y prosiguió después de una breve pausa. -Pero aún hay más. Nuestros corresponsales y sus informantes, nos presentan evidencias que hay ciertos movimientos de contactos con la vieja Organización de Al Qaeda, de triste fama. Si bien es cierto que no está tan visible como en el pasado, nadie cree en su desaparición.

Es posible que todos estos actos de terrorismo, sean consecuencia de esa nefasta organización, reestructurada y más efectiva que nunca. Y yo aquí, sentado en este escritorio, confiando este trabajo, a un aventurero jugando a periodista y un cartero sin talento queriendo ser escritor. ¡Que Dios ayude a este periódico! -Bajando como era su costumbre, su tono de voz continuó. -¡Bien! ¿Qué están haciendo aquí todavía? Tienen, sus pasaportes visas pasajes, estoy seguro de que Meter retiró una suma más que suficiente para gastos en el Ritz, por un año. -Sonriendo les dijo -¡Buena suerte! ¡Confío en ustedes! -Y agregó rápidamente ¡Oh Dios mío, como estoy diciendo esto! -Juan Carlos –Continuó -Tu amigo, el padre Fabián, acaba de abordar un avión para Roma desde Nicaragua. ¡Buena suerte!

Ambos salieron rápidamente de la oficina, deteniéndose un momento para un corto beso de las dos secretarias, y una pequeña manifestación de los integrantes de la redacción deseándoles la mejor suerte.

Recogieron el equipaje que habían dejado a la entrada, y con él se dirigieron a los ascensores que los conducirían al primer piso y a un taxi, que los conduciría al Aeropuerto.


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