+
Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo IX - Recordando - Su vida fue una sucesión de milagros que estaban destinados a llevarlo por un sendero que conducía, sin lugar a dudas, al lugar donde ahora se encontraba.

Recordando


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo IX

Recordando

Finalmente, Simón quedó solo en el departamento. Los acontecimientos del día pesaban sobre su cabeza y todo su cuerpo. Su vida, recapituló, fue una sucesión de milagros que estaban destinados a llevarlo por un sendero que conducía, sin lugar a dudas, al lugar donde ahora se encontraba. Una posición la cual no había soñado, deseado ni pedido. Pero su vida entera marcaba claramente las señales que, en el camino recorrido, lo obligaron a tomar los senderos indicados. Desde su infancia en Roma, sus padres, su juventud en Israel y Palestina, su hospitalización y su amistad con Fabián… Todos fueron piedras convenientemente ubicadas en el río de la vida, especialmente destinadas para reposar y asentar su pie, en cada una, para llevarlo a salvo a la otra orilla.

–Me pregunto –Pensó -¿Será esta la otra orilla, u otra piedra en la corriente? Sacudió la cabeza. -El Señor me guiará por el sendero, en cada curva habrá una señal. Hace solo unas pocas semanas, era un poderoso ejecutivo y mi nombre apenas conocido, solo en ciertos círculos. Todos mis bienes, en manos de Corporaciones, y Fundaciones que controlaban un inmenso imperio comercial, industrial y financiero. Hoy mi nombre es conocido de un confín al otro del Planeta, y siento que he arribado a mi destino. Uno al cual jamás ambicioné, ni pedí. Pero al llegar sé que me encuentro en la posición para la cual trabajé toda mi vida para lograr, y en alguna extraña forma, sin conocer el problema, sé que tengo la solución. Que el Señor tenga compasión de mí, porque lo que voy a hacer, cambiará al mundo como lo conocemos. Será el amanecer de la gloria del Señor, o el juicio a la humanidad. Su mente se detuvo por unos momentos de pensar en el futuro, para recordar lo sucedido en su oficina en New York.

Tres semanas atrás, en Wall Street, N.Y… ¡Fabián!, ¡cossa fa! … ¿No podías esperar? Dijo Simón entrando apresuradamente y con un tono altísimo de su voz, al sacerdote que en manera calma y gran sonrisa, no prestaba atención al modo ni el tono de voz con que Simón se dirigía a él. -¡Simón! Hijo mío. ¿Cómo podía esperar? -dijo con voz calma, mirándolo a los ojos, poniendo sus dos manos en los hombros de ese hombre alto, fornido, con el cual le unían vínculos de amistad por tantos años y del cual realmente pensaba como en el hijo que nunca tuvo. Sentimiento correspondido por el hombre que entró en la oficina.

-¡Vas a ser Papa! –continuó. Simón se quedo atónito, miró fijamente a Fabián y expresó después de unos minutos. -¡Fabián! Vienes aquí sin avisarme, dices que tienes una emergencia, te veo vivo, y me dices esa locura. Hey, lei stai, fasso –Simón estaba visiblemente irritado, pero Fabián dejaba el torrente de palabras con el peor tono que jamás había escuchado pronunciar a Simón, sin inmutarse un instante ni borrar la angelical sonrisa que surcaba su rostro.

-¡No! ¡no! ¡no! ¡Sientate! -Exclamó Fabián en un comando de voz que Simón, a pesar de su visible enojo no se atrevió a desobedecer. Ambos tomaron asiento en dos de los varios cómodos sofá de cuero de la oficina. Fabián, empujó el que había elegido por la mullida alfombra, dejando una marca visible en el recorrido, hasta ponerlo a pocos centímetros de donde Simón se encontraba. Todo esto ante la mirada asombrada de Simón, que jamás había sido testigo de un comportamiento tan insólito en las acciones del viejo sacerdote. -¡Simón! -Prosiguió Fabián -Monseñor Calvanti ¿Lo conoces? -¡Sí! ¡Ma pero! -protesto simón en Italiano. -¡Silencio! -Ordenó Fabián, usando el dedo índice en un gesto perentorio, con un alto tono de su voz, en la forma que un maestro ordena a su clase, cuando no desea ser interrumpido.

-Monseñor Calvanti me ha enviado a su secretario personal con una carta. -Se interrumpió por un momento observando a Simón, el cual se encontraba en perfecto silencio, no acostumbrado a sufrir ese tratamiento de nadie y menos de su querido amigo el Padre Fabián. -Calvanti y yo fuimos compañeros del seminario y los mejores amigos. Un hombre brillante. -Excepto cuando se trata de elegir amigos. -Interrumpió Simón con una sonrisa, que borró de su rostro ante la mirada seria de Fabián. -Lo siento. – dijo. -Esta bien -dijo Fabián y continuó -Después de llegar a Cardenal, quiso que me uniera a él en el Vaticano, pero tú sabes lo difícil que sería para mí el abandonar mi parroquia en Nicaragua. Más aún ahora, después de que te obligué a renovarla totalmente, jajajaja –Mientras Simón hacia un gesto como para tirarle algo inexistente, ello dio lugar a romper la tensión en la oficina.

-Bueno Fabián, todo está bien, pero estoy en medio de una importante reunión, con importantes personas que han viajado de todas partes del mundo … -¡Minga Simón! Questo e’ molto importante! -Le interrumpió Fabián, lo que hizo a Simón mirar nuevamente al padre Fabián con una expresión de asombro. Miró fijamente a los ojos de su interlocutor, comprendiendo que no había la mínima expresión o intento de broma en la actitud de Fabián. Pocas veces, podría decir nunca, lo había visto en esa forma. -O.K. Fabián tienes 10 minutos. -¡Bien! Me darás más cuando esos terminen. Tú conoces la situación mundial que comenzó al final del siglo pasado, y que ha continuado agravándose, cada año, cada mes, cada día. No solo hay inestabilidad política, manifestaciones, violencia de todas clases, intolerancia religiosa, miseria producida por el fin de las reservas de combustibles fósiles, y la posesión de armas nucleares en manos de regímenes que no son muy conocidos por su tolerancia, y que están siendo presionados, no solo por grupos religiosos que influyen la voluntad de los votantes, sino también por la intolerancia de los gobiernos llamados del primer mundo, los cuales están más preocupados por el futuro de sus corporaciones, que por los habitantes del mundo y sus sufrimientos. -Bueno, no tanto. -interrumpió Simón. -¡Tal vez no! -Contestó Fabián -Pero al menos es así como son percibidos por la multitud sufriente y que espera de aquellos, que son sus dirigentes religiosos, la realización de un cambio. Hay varios gobiernos en el Medio Este, que poseen o se sospechan de poseer varios misiles nucleares.

Algunos de estos países, son directa o indirectamente influidos por la vieja Organización terrorista de Al Qaeda, que desapareció de la vista, pero no dejó de existir. Por otro lado, los países llamados desarrollados, con sus conflictos económicos, verían con agrado una conflagración atómica, sin reparar en las catastróficas consecuencias -¡No me dices nada nuevo Fabián! ¿Qué quieres que haga yo? –contestó Simón. -Acaba de morir el Papa. -Sí, lo sé. -Contesto Simón -Los miembros más importantes del Colegio de Cardenales, han estado conversando, y hay un acuerdo entre ellos de buscar un Papa de acuerdo con los tiempos. El mundo necesita no un sacerdote, sino alguien que pueda ser sacerdote, un pastor de almas, pero a la vez un guerrero. Capaz de analizar a los problemas por lo que son, y tomar las decisiones necesarias para resolverlos. Necesitamos alguien que hable con voz suave, pero que lleve debajo de su túnica un buen garrote.

-¡Jajaja, Fabián! Estás cada día más loco jajaja -dijo Simón con una carcajada. -Calvanti y yo hablamos hace un tiempo, durante mi viaje a Roma -dijo Fabián -Pero ahora en esta carta, me lo confirma. Una gran parte de los Cardenales, está dispuesta a votar por un Papa, fuera de la Iglesia, pero con los atributos que sean los requeridos para ser un buen Pastor de Almas, y calificado además para ser el Vicario de Cristo. -dejó el efecto de las palabras impresionar a Simón por unos momentos y continuó -Y tú, hijo mío, eres el primero en esa lista. -Supongo que no estás hablando en serio. -mencionó Simón. -¿Crees que soy yo un hombre para hacer bromas acerca del Papado, y la Santa Iglesia? -¡No! No lo eres. Espera un momento, se levantó del sillón dirigiéndose a su amplio escritorio, donde apretó uno de los botones de la consola y dijo -Silvia, por favor dile a Martín que ocupe mi lugar en la reunión, que pida disculpas a los participantes. Tengo una importante emergencia que atender, y hasta nueva orden, no puedo ser molestado.

-Si señor ¿Hay algo en que pueda ayudarlo? -No gracias Silvia, yo te llamaré si necesito algo. -Con paso firme se dirigió nuevamente a su sillón que se encontraba junto al padre Fabián que permanecía en silencio esperando las palabras de Simón –Fabiano -comenzó, acentuando cada palabra -Lo que dices está bien. Pero aunque considerara por un momento la loca idea tuya y del colegio de Cardenales, lo que bajo ningún punto de vista voy a siquiera considerar, tú sabes que tengo toda mi vida en el mundo de los negocios. Compras, ventas, uniones de compañías, conglomerados, fundaciones, etc. etc. etc. Cientos de miles en el mundo dependen de mí -Continuó elevando su voz, casi al nivel de un grito -¡Simplemente es imposible! –Mientras decía esto, se levantó nuevamente del sillón y caminó por la espaciosa oficina gesticulando con sus manos. -Mis compañías manejan dos cientos billones de dólares al año -Moviendo la cabeza de lado a lado continuó repitiendo –Simplemente imposible.

Dándole la espalda a Fabián, se colocó sus manos a la cintura y contempló la impresionante vista que, desde el piso 50, le brindaba la línea de edificios de Nueva Cork. Con la dos torres de cristal que reemplazaron las dos que dejaron una gran cicatriz en la ciudad ese memorable 9-11. Más allá se encontraba Hudson Bay, Ellis Island con la maravillosa Estatua de la libertad. -Es imposible! –Repetía -totalmente imposible –continuando -Incluso si quisiera considerarlo, yo no soy Sacerdote, mucho menos Cardenal. Ni siquiera pensarlo ¡Olvídalo!

-¡Si lo sé! Hay cientos de miles que dependen de ti -Contestó Fabián levantándose e interrumpiendo el diálogo de Simón. Como en los viejos tiempos le preguntó -Como creo que estaremos aquí largo rato y, si no me equivoco tendremos ocasión de celebrar, dime ¿En dónde guardas el Chatteu Laffitte, creo que debemos abrir uno. Pide a Silvia que nos envíe algún buen queso y una baguettes.

-Abre tu puerta a la izquierda, ahí está el bar -Dijo Simón -¿O ya te has olvidado? -Mientras se dirigía a darle a Silvia las instrucciones para que le fuera enviado el pedido de Fabián. Al volver, Simón comenzó a sacarse el saco y corbata para ponerse cómodo, mientras que Fabián, ya había abierto el magnifico vino y se encontraba aspirando su suave aroma. -Encontré el lugar en donde habíamos escondido el 58 hace más de 20 años –dijo -Habíamos dicho que era para cuando te nombraran Obispo –Contestó Simón. -Hijo mío -Fabián con sus ojos enrojecidos por una lágrima pendiente a escaparse de ellos exclamó -Creo que Dios me ha concedido el deseo más grande de mi existencia mortal en esta tierra, Io e’ fatto ill Papa. -Querido Fabiano -Dijo Simón con una sonrisa mientras ponía la corbata y el saco en un ropero junto a la puerta del baño -

Finalmente lo has logrado, estás totalmente loco. Ambos se acercaron al magnifico ventanal que ocupaba toda la pared exterior de las oficinas de Simón, en la esquina del edificio, de allí Nueva York se veía en toda su resplandeciente belleza. Broadway, con sus luces multicolores, sus teatros y carteleras. -¿Crees que vas a extrañar todo esto? -Preguntó Fabián. -Fabiano, mira los conglomerados que controlo, la enorme cantidad de empresas, los cientos de miles que dependen de nuestras compañías para sus trabajos, para el desarrollo de países. -¡Lo se hijo mío! -Contestó el sacerdote –Pero ¿Cuánto te quedas tú? ¡nothing! Todo lo das a caridad, un pueblito aquí, un camino allá, Hospitales en Nigeria, Orfanatos en Kenya, asilos de ancianos, etc. Puedes hacer lo mismo, puedes hacer más. Tendrías otros recursos, nadie te quitará tus compañías. ¡Más todo el dinero y el poder de la Iglesia!

-¡Fabiano! No puedo creer que el colegio de Cardenales sea tan irresponsable de elegirme a mí. No soy un sacerdote, y soy por todos los propósitos prácticos un judío, Simón Rosental. Y para peor, soy también Palestino. –Dijo riendo fuertemente -Ahí trae Silvia los quesos y el pan. Sírveme un buen vaso de vino, vamos a brindar por el primer Papa Judío, jajajajajaa. -El segundo -Corrigió el sacerdote -El primero fue Simón, al que el Señor le dio el nombre de Petrus, La Roca. Sobre él fundó su Iglesia y tú la consolidarás -Y añadió -Está escrito. -Mira -dijo Simón -Estoy comenzando a considerar esto. Total, nadie en su sana mente votaría por mi. Lo consideraré como un ejercicio en futilidad. Este es un gran vino -dijo mientras saboreaba el Chateau Laffitte. -¿Los Papas necesitan ser abstemios? –preguntó. -Es la sangre de Nuestro Señor -Contestó Fabián -Y más aún, lo es este 58.

-¡Blasfemo! Te haré quemar en la hoguera -Dijo sin parar de reír y continuó -Tendría que pasar mis fondos y dirección de las empresas a un trust, excepto algunos fondos… -Viendo que Fabián estaba marcando su teléfono celular, lo interpeló con una pregunta. -¿Qué estás haciendo?

-Comunicando tu aceptación al cargo -Le contestó con una sonrisa. –¡Sí! ¿Su eminencia? Padre Fabián aquí.


comparte esta página en: