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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XXVIII - Principe Alberto - En el centro de las mismas, se encontraba una perfecta reproducción de La Pietá de Miguel Ángel, debajo del amplio balcón. Detrás de ella, un cortinado en terciopelo azul oscuro resaltaba la transparente blancura y los detalles de la misma.

Principe Alberto


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XXVIII

Casa del Principe Alberto

El pequeño último modelo de sport cupe de Fiat, espero unos minutos mientras el enorme y pesado portón de hierro forjado, vestigio de tiempos pasados , con la tradicional elegancia de los productos hecho por las manos de magníficos artesanos, se abría lentamente mostrando un doble camino, circundando una gran fuente de mármol adornada por una serie de esculturas, sobre las cuales una cascada cristalina caía con un sonido que complementaba los bien manicurados jardines que rodeaban la impresiva residencia, de piedras Blancas de dos pisos, con amplios balcones en las ventanas y varias terrazas en diferentes niveles que se extendían al parque que rodeaba la residencia .

El automóvil avanzo rápidamente hacia el gran Pórtico de la entrada principal, Debajo del mismo se encontraba centrada las puertas principales, rodeando a estas una par de columnas estriadas, con capiteles del orden compuesto de arquitectura, de origen romano, las columnas sostienen una estructura triangular sostenida por corbelas, aplicados efectivamente no solo como soportes, pero como elementos decorativos. El pórtico esta sostenido por 6 columnas de mármol formando un semicírculo, unidas por las mismas balaustradas de mármol del mismo orden arquitectónico a cada lado de la escalera Conduciendo a la entrada, siguiendo las líneas del pórtico hasta las paredes del frente. Protegiendo la doble puerta y ventanales que conducen a un gran hall, de recepción.

En el siglo XIX, pórticos eran un frecuente elemento en las residencias, por razones de protección que era lógicamente bienvenida por el mal tiempo, y ello permitió a los arquitectos la oportunidad de embellecerlos agregando elementos decorativos. Incorporando columnas y frisos de la arquitectura desarrollada en siglos pasados, con columnas y balaustradas esculpidas en finos mármoles o piedra. Lo que de otra manera, seria una entrada común, con limitada importancia se convirtió en el principal elemento que definía la residencia. Dentro, una semi circular doble escalera, de más de 2 metros de ancho, que conducían al segundo piso donde se unían por la continuación de la balaustrada de mármol, formando un balcón sobre el hall. En este nivel se encontraban las habitaciones residenciales. Diferentes puertas en el primer piso, comunicaban con la amplia biblioteca estudio, comedores, cocina cuartos de desayuno y otras dependencias, como los cuartos de servicio. Al entrar al Gran hall, directamente frente a las puertas de entrada, la vista era llevada hacia las dos semi-circulares escaleras.

En el centro de las mismas, se encontraba una perfecta reproducción de La Pietá de Miguel Ángel, debajo del amplio balcón. Detrás de ella, un cortinado en terciopelo azul oscuro resaltaba la transparente blancura y los detalles de la misma. En las paredes conducentes al segundo piso y el gran hall enormes retratos de los antecesores de Alberto los cuales durante el transcurso de los siglos, se habían destacado en el servicio de la Nación. El lugar, uno de los barrios mas elegantes de los suburbios de Roma, donde todavía se encuentran viejas mansiones con terrenos de mas de una hectárea, muestra la elegancia de la arquitectura de los siglos pasados, remodeladas a la perfección por la nueva nobleza, Los fabulosamente ricos Industriales, Artistas de Cine, Banqueros, una gran proporción de Americanos, Japoneses y demás nacionalidades cuyas fortunas le permitían gozar la vida de lujo y placeres de la incomparable Roma.

Algunos miembros de la nobleza Italiana de la cual Alberto y su familia eran típicos exponentes todavía conservaban sus residencias, gracias a las inversiones de sus antecesores. Alberto descendió del automóvil en la entrada donde ya Camilo, el mayordomo se encontraba esperándolo, para abrir la puerta del automóvil y recibir las instrucciones personalmente que Alberto le había adelantado desde el teléfono Celular. Alberto demoro unos minutos, mientras paseaba su vista, por los impecables jardines, la fuente, el perfume proveniente de las flores que Guido, el jardinero mantenía cerca de la entrada, las rosas y jazmines que exhalaban su precioso perfume, el conocía cada centímetro de la propiedad, desde su más tierna infancia había recorrido todo el espacio, jugando a encontrar y esconder tesoros en toda su extensión. Hoy su corazón palpitaba mas rápidamente, con mayor intensidad, en unas pocas horas las aventuras con las que había soñado en su niñez, se convertirían en realidad, pero ahora, los peligros rodeando las mismas eran reales. Se dio cuenta que no sentía temor, solo se sentía excitado con la perspectiva de la aventura.

Camilo espero respetuosamente que Alberto descendiera del automóvil y lo siguió mientras ascendía la escalera de mármol, con rápidos pasos, entro en la residencia mientras pregunto a Camilo que lo seguía inmediatamente detrás – ¿Donde esta mi padre? – y sin darle tiempo a contestar, se dirigió directamente a la puerta que conducía al estudio y biblioteca, lugar preferido de su padre, Mario La Porte, un caballero de aspecto distinguido, delgado de un metro setenta y cinco de estatura, con algunas canas apareciendo en sus patillas y parte del cabello, salía en ese momento y desde la puerta, pregunto curioso sin dejar llegar a Alberto hasta donde él se encontraba. - ¡Alberto! ¿Que sucede? Tienes a todo el mundo alborotado en esta casa, Maria planchando tu uniforme, Camilo buscando tus armas.- -¡Padre!-dijo Alberto al acercarse y tomándolo de un brazo lo introdujo nuevamente al estudio y cerrando las puertas continúo. – ¡El Papa ha sido secuestrado! Y se encuentra en las montañas de Syria, rodeado por terroristas Islámicos. -¡Madre Santísima! – Exclamo - ¿Pero que puedes hacer tu? -Padre, los hombres de seguridad del Papa, han montado una operación de rescate, y las circunstancias de la operación llama por la intervención de la Caballería en la primera operación en el frente de batalla.- y ante la mirada incrédula de Mario, paso a explicarle todos los detalles de los acontecimientos del día.

Una vez concluida la narración de lo pasado continuo – Es mi deber Padre, como Comandante de la guardia Nobile, si necesita su santidad mi vida, ¡mi vida esta lista para darla! Tienes razón hijo mío.- contesto el príncipe Mario Laporte.- ¡Camilo! Llamo con un grito –a lo que inmediatamente se abrió la puerta entrando el fiel sirviente Su Excelencia.- respondió – Mario lo miro sonriendo.-No se porque gasto mis pulmones gritando, si se bien que estas detrás de la puerta sin perder una palabra de la conversación.- En caso que me necesite su Excelencia- Lo se mi buen amigo, lo se.- y continuo – ¡Prepara mi uniforme y mis armas, nos vamos a Syria! – ¡Padre!, tu no puedes ir.- Exclamo Alberto ¿Y porque no? Simplemente porque hace seis meses, tú has delegado en mí, el cargo de Comandante de la guardia.- pauso por un momento, y continúo ante la mirada divertida de Mario - ¡Por eso!

Alberto – Dijo Mario sonriendo, pero con un tono firme en su voz, que Alberto conocía muy bien.- Creo que todavía soy El Príncipe, Mario La Porte, en perfecto control de mis facultades mentales, y si quiero dar mi vida, en una causa que mi honor demanda. Nada ni nadie, ni siquiera tu mi querido hijo, podrá detenerme ¡Cappice! –Dijo dándole unas palmadas en su rostro y continuo.- Que clase de ejemplo te daría. Ya lo se Padre, Camilo…… has lo que dice.- Tengo ya todo listo, su excelencia.-

Albero noto por primera vez que Camilo lo llamo por su titulo, como si de pronto el niño que conoció desde su más tierna infancia, por obra de magia, se transformara en un hombre en sus ojos. Por primera vez lo considero un adulto digno de darle el reconocimiento que hoy había ganado.

Tenemos que hacer arreglos para trasladar Pampa, al Aeropuerto desde el club Hípico.-dijo Mario La Porte. Ya lo he hecho Padre……… o crees que solo Camilo te conoce. –y lanzo una fuerte carcajada y se unieron padre e hijo, en un fuerte abrazo. ¡Bien! Cuales son los planes.-Dijo Mario sacando las cosas que tenia en su amplio escritorio.- Alcánzame la enciclopedia y el mapa de Syria. Mientras se encontraban ocupados estudiando mapas y fotografías de los lugares de Syria, Camilo entro con un servicio de plata antiguo, con dos finas copas de cristal tallado y una vieja botella de vino.

¡Camilo! – Dijo Mario mientras miraba con asombro la botella que Camilo tenia en su bandeja- ¿De donde sacaste esa botella, hace unos meses para el cumpleaños de Alberto, específicamente te pedí una botella de la cosecha de mi bisabuelo de 1910, y me dijiste que no quedaba ninguna? Y ahora apareces con ésta.-

Y hay tres más Su Excelencia, no creí que el cumpleaños del joven príncipe, era la ocasión para destapar este magnifico vino, pero hoy lo es. Las otras estarán listas a su regreso del campo de batalla. Como siempre tienes razón Camilo, pero trae dos copas más una para ti y otra para tu señora esposa, un día como hoy toda la familia tiene que estar junta, y ustedes nos han acompañado por 40 años.


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