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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XI - Política - Vemos también que mujeres, niños y sinceros adherentes a una religión Musulmana, siguen las enseñanzas del Corán, en la cual la violencia no tiene cabida, pero sí, la caridad y el respeto de la vida.

Politica


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XI

Creando nueva política en la Iglesia

Simón, retornó a su biblioteca privada y cuarto de trabajo, acompañado de Monseñor Travanti. Pasaron por la antecámara secreta detrás del trono en donde, como habitualmente, estaba un miembro de la guardia Noble, que el Papa saludó por su nombre -Buona sera, Georgio. -Bona sera Su Santidad -contestó.

Pisó como siempre, con sumo cuidado, el precioso Gobelino, de gran antigüedad e inapreciable valor, que cubre el piso, a pesar de que le fue muchas veces asegurado que el mismo es prácticamente indestructible.

Al pasar también saludo al mayordomo, o maestro di camera el cual, como siempre, se encontraba aguardando traer al sumo Pontífice, lo que éste le pidiera. Luego se detuvo unos momentos en la esquina del cuarto, que ofrece una maravillosa vista de la ciudad y parte del campo que rodea a Roma, hacia el este, y la Piazza San Pedro al sur. Luego de unos instantes de contemplación de las luces de la ciudad, entraron a la Biblioteca, cuyas 4 paredes se encontraban cubiertas con libros de un valor extraordinario. Generalmente, además de ser su cuarto de trabajo, éste es un lugar que el Papa usa como cuarto de recepción para audiencias privadas.

No alejado de la entrada se encuentra un magnifico pero modesto escritorio carente de las decoraciones que uno esperaría encontrar en la suntuosa sala, exquisitamente decorada por artistas sin par. Sólo un escritorio y frente a él algunas sillas sumamente cómodas para usarlas en audiencias privadas.

El cuarto está naturalmente iluminado por tres amplios ventanales, y en el centro del mismo, una mesa de Mahogany de varios metros de largo por más de 1,50 de ancho. Doce pinturas de animales completan el decorado de la biblioteca, haciéndolo un lugar especial de trabajo. Simón se desplomó virtualmente en su sillón detrás del escritorio, haciendo un gesto con la mano a Monseñor Travanti que ocupara una de las sillas. Había sido una semana de enorme tensión y arduo trabajo, no solo por tratar de cumplir con todas las obligaciones inherentes a su cargo, sino también por tratar de memorizar el protocolo que regula la vida y deberes del Papa. Por siglos, todo Papa, realizó un aprendizaje que comienza con su ordenación como sacerdote, pasando luego durante años por posiciones que lentamente lo llevarían a titular del Sagrado Colegio de Cardenales, luego príncipe de la Iglesia y finalmente Papa. Simón, no había pasado por ninguna de esas experiencias, y se encontraba en la posición de Representante de Dios en la Tierra, sin ninguno de los conocimientos previos a su cargo. Después de unos minutos en silencio, tomo el control remoto del televisor y encendió el aparato, buscando el canal de noticias de la CNN. Como siempre, se encontraba el calidoscopio de lo ocurrido en el mundo. La mayoría de las noticias reflejaba los ataques suicidas en casi todas las capitales del mundo. En donde nada se salvaba a la furia homicida de los terroristas. Escuelas, edificios de departamentos, templos de todas las denominaciones y dependencias gubernamentales.

Disminuyendo el volumen, Simón exclamó -Quisiera encontrar un orden de secuencia, en este caos de ataques para que se pudieran prevenir alguno de ellos. Pero parecería que, están dirigidos al azar, sin especificar preferencia ni motivo. Si bien es cierto que las muertes así producidas, son menores que las que ocurren por accidentes automovilísticos, la publicidad de las mismas, tienen a la población mundial en un estado de pánico. A un nivel tal, que están demandando de los legisladores el tomar acciones drásticas en contra de los perpetradores y las naciones que tienen la tendencia a proteger o incluso ayudar las fuerzas terroristas.

-Si Santidad -interrumpió Travanti -Pero son los extremistas musulmanes los que están llevando esta guerra en contra de todas las religiones. -Así es como parece haber comenzado, pero ahora son el conjunto de las religiones, tanto Cristianas, como de otras denominaciones, las que están atacando a los fieles Musulmanes, que son moderados, y que de ninguna manera participan en la violencia a la que estas sectas radicales están avocadas. -contestó Simón y continuó -Y así vemos también que mujeres, niños y sinceros adherentes a una religión Musulmana, que siguen las enseñanzas del Corán, en la cual la violencia no tiene cabida, pero sí, la caridad y el respeto de la vida y la propiedad, están siendo atacados continuamente, por miembros de las sectas Cristianas.

Por grupos que también son adherentes al concepto de ojo por ojo y diente por diente, olvidando las palabras de nuestro Señor Jesús que dijo al respecto “no resistas la maldad. Si alguien te golpea en tu mejilla derecha dale también la izquierda. Cualquiera que te obligue a ir con él un kilómetro, ve con él dos. Da lo que se te pida, y no rehúses a nadie que se acerque a ti pidiendo.” El hecho de tener la fisonomía y, o apariencia de ser procedente de un país del Medio Este, a pesar de ser tercera o cuarta generación de Americanos, Españoles, Franceses o Ingleses, no les da ninguna protección y son atacados por aquellos que están contestando los atentados terroristas.

-Su santidad -protestó Travanti -¿Qué puede hacer la Santa Iglesia, para evitar estas ocurrencias? No somos un grupo de paramilitares, preparados para enfrentarnos a la violencia. -Sí, es verdad Leopoldo. Pero si dejamos que esto siga escalando, sin efectuar un intento para dar una solución a estos problemas, que están más relacionados a las doctrinas religiosas, de las cuales tenemos dos mil años de experiencias no siempre placenteras, y dejamos la solución en manos de profesionales militares y ambiciosos políticos, el mundo tal como lo conocemos cesará de existir.

Su Santidad –interrumpió Leopoldo. -Con respecto a esto y a las reuniones que usted a tenido estos días con los Príncipes de la Iglesia, en las cuales usted a manifestado una serie de ideas, si me permite expresarme así, un tanto revolucionarias, yo quisiera decirle, que hay un grupo de Cardenales conservadores, que no están muy cómodos con la posición, a la cual usted quiere llevar la Iglesia. -¡Leopoldo! -contesto rápidamente el Papa -Cuando los Príncipes de la Iglesia eligen a un Papa, ¿él es la Cabeza de la Santa Madre Iglesia? ¿Es él, el representante de Cristo en la Tierra? -Así es, Su Santidad. -Leopoldo, cuando el Papa está convencido de el curso de acción que debe tomarse, después de profunda meditación y haber orado en la soledad de la noche y en la capilla, pidiendo al Señor por iluminación para poder superar las fuerzas del mal que se ciernen sobre el mundo. Y el Papa, obtiene una respuesta a sus plegarias, y está convencido de que es la voluntad de Dios. ¿Puede el Papa, cambiar su pensamiento por la opinión de uno o más hombres? -¡No Su Santidad! -Respondió con gran énfasis Monseñor Travanti, con una gran alegría trasluciéndose por su sonrisa. -¡El Papa solo debe obedecer a su propia voluntad, ya que esa es la voluntad del Creador! -Gracias Leopoldo. -Contestó Simón. -A su debido tiempo, tomaremos cuidado de estos pequeños problemas internos.

Yo sé que el hecho de mi nombramiento como Papa y el tomar el nombre de Pedro II, siguiendo la profecía de San Malaquías, a creado ciertos problemas en la jerarquía de la Iglesia. -La Iglesia nunca aceptó las profecías como verdaderas, Su Santidad -contestó Travanti. -Lo sé. –Dijo Simón con una amplia sonrisa. -Entonces ¿por qué preocuparse? Mira Leopoldo, ha sido un día muy largo y necesito mi habitual té con unas tostadas y una magnifica mermelada de higos que me enviaron mis padres de Jerusalén y es realmente deliciosa. ¿Quieres acompañarme? -Con todo gusto su Santidad. Muchas Gracias

Simón pulsó un botón en su escritorio e inmediatamente el Mayordomo se acerco rápidamente a él. -Giovanni, per favore, un té con tostadas para dos y la mermelada que tienes escondida -Dijo con una sonrisa, a lo que Giovanni, contestó afirmativamente con la misma sonrisa como encubriendo un secreto personal entre los dos. -Mi madre la prepara todos los años con la fruta que brinda la vieja higuera en la cual yo me rompí un brazo, cuando tenia 10 años, por ir sin permiso a comerme las brevas destinadas para el doctor de la familia. La moraleja de la historia, es que el mismo doctor al que le comí los higos, tuvo que arreglarme el brazo. Y yo nunca supe si el dolor que sentí mientras lo hacía, era el castigo por mi crimen, o si era una consecuencia natural de la fisura en el hueso. -Riéndose al decirlo -Demás esta decirte que jamás toqué un higo sin permiso, pero ahora soy yo el que recibe los primeros. Solo rezo para que nadie sea castigado por hacer lo mismo que hice yo –continuo con una carcajada -Esa higuera ha recibido más cuidados que mi padre. Solo usa cierta cantidad de agua al año, así la fruta, conserva todo el azúcar y no se diluye por el exceso de agua, y ahora verás los resultados. Giovanni, arregló una mesa con dos silla, en donde puso el servicio de té con las tazas de porcelana y los frascos de mermelada con las inscripciones en Árabe, escritas a mano en las etiquetas. El Papa, hizo un gesto y una sonrisa, como diciendo. -Mi mamá -Y Leopoldo sonrió comprendiendo perfectamente al Papa.

Mientras ambos, se deleitaban con la merienda, la conversación tomó un giro menos protocolar. -MMMmmmmm, ¿Qué te parece esta mermelada Leopoldo? -Espectacular su Santidad -Contestó mientras saboreaba los dedos, en donde había quedado un poco de la misma. -Siguiendo con los problemas que nos ocupan, tengo que tomar el toro por las astas y dirigirnos directamente a los responsables de estas acciones. Sentarme con ellos y establecer un diálogo. -Expresó Simón -Si no puedo convencerlos de la estupidez de estas acciones, al menos ver cuáles son sus verdaderos fines, qué es lo que quieren, y si podemos negociar una solución.

-Su Santidad -Le contestó Travanti -La sabiduría tradicional, dictaría bajo circunstancias normales, que las visitas de delegados sean acordadas, y una agenda sea aprobada antes de una reunión entre los principales. Un fallo en las negociaciones tendría consecuencias que no podemos predecir. –Y continuó con una sombría advertencia. -Eso en el caso de que su Santidad no fuera asesinado con lo cual las repercusiones en la Madre Iglesia serían catastróficas.

-Bajo circunstancias normales, estoy de acuerdo. Esa es la manera de proceder. Pero los delegados, no pueden tomar decisiones inmediatas, a los problemas que se presentan, en el ardor de las negociaciones -Contestó Simón -Los hombres con los cuales vamos a negociar, son duros, acostumbrados al sufrimiento y a las vicisitudes, y tienen un tremendo celo a su religión. No vacilarían por un instante en perder la vida, y están convencidos de la santidad de su causa. Por ello, deben reunirse con un hombre de su misma estatura y fe inquebrantable. -Su santidad -dijo Travanti -Si hay un hombre que puede conseguir lo que usted espera, ese es usted. Yo siento en mí, la fe inquebrantable que Dios ha puesto en usted y el Poder Divino para lograr esa paz de la que tanta necesidad tiene el mundo.

Mientras escuchaba atentamente las palabras de Monseñor Travanti, reasegurando lo acertado de su plan de acción, el Papa, continuó saboreando los deliciosos dulces enviados por su madre, acompañados con sorbos de delicioso té. -Si bien es cierto que toda vida cuenta, las acciones de terror solo pueden eliminar una pequeña proporción de la población mundial. Aún así, tal como hemos hablado anteriormente, pronto una masiva operación se llevará a cabo y los daños humanos y materiales, obligarán a alguna de las naciones de las llamadas del primer mundo, a usar nuevamente el sistema doctrinario adoptado por los Estados Unidos, como consecuencia del ataque terrorista a las dos torres en Nueva York.

El llamado Pre-Emptive. -Simón ante la mirada inquisitiva de Monseñor Travanti, continuó explicando. -Esa doctrina, permite a un Estado el atacar masivamente a otro, del cual se sospecha que está preparando un ataque. El objeto es debilitar considerablemente a las fuerzas armadas y así evitar ataques, o declaración de guerra. -Pero –continuó -Esas acciones en el pasado, no constituían un gran riesgo para el atacante. Hoy la proliferación de armas nucleares, presenta un elemento nuevo en la ecuación, cuyo total desenlace, es muy difícil de predecir o calcular. Incluso entre especialistas, las opiniones difieren grandemente. Por ello, prefiero evitar toda confrontación, ya que cualquiera de ellas, por menores que fueran, constituiría en una perdida de vidas innecesarias. Demasiados países tienen acceso a arsenales atómicos, y no importa si tienen uno, diez, cien o mil misiles armados. Uno solo de ellos es demasiado. -

Travanti asentía con la cabeza, escuchando las ideas del Papa, y evaluando en su mente, la seriedad de la situación en que el mundo se encontraba hoy. -Nuestra inactividad, no beneficiaría a nadie, ni a la Iglesia ni a la humanidad. Parece que ha llegado el momento de iniciar el plan B. -¿Cuál es el PLAN B, Su Santidad? -Exclamó interrogante Monseñor Travanti. -No lo sé -Contestó sonriente el Papa. -Pero desarrollaremos uno inmediatamente. Por lo pronto mañana a primera hora, necesitamos que el Jefe de la guardia Suiza, y el de Gendarmería, se encuentren en mi despacho inmediatamente después de mi visita con el Premier Turco, y mi conferencia en privado con él.

Ahora, si puedes ocuparte de eso, necesito estar solo para hacer algunas llamadas. Una vez solo, el Papa, abrió una gaveta de su escritorio de la cual extrajo un pequeño teléfono Celular, totalmente imposible de rastrear, y comenzó a discar los números que se encontraban clasificados en su extraordinaria memoria.

Unos segundos después, en una tienda en medio del desierto de Libia, comenzó a sonar uno similar, y una voz en árabe contestó -¡Simón!


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