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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XVII - Periodistas - El avión proveniente de Nueva York, aterrizó con unos minutos de demora en el ocupado Aeropuerto Leonardo da Vinci, en Roma. Dennis y Juan Carlos, esperaron como todos los demás pasajeros de la clase turista.

Periodistas


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XVII

Periodistas en Roma

El avión proveniente de Nueva York, aterrizó con unos minutos de demora en el ocupado Aeropuerto Leonardo da Vinci, en Roma. Dennis y Juan Carlos, esperaron como todos los demás pasajeros de la clase turista. Parados en el corredor esperando que los de la primera clase y negocios descendieran. Se encontraban en la mitad de la aeronave, obedeciendo a un ritual que todo el mundo sigue: todos los pasajeros se aprietan tratando de colocarse en una posición ventajosa para descender. Los que están más adelante, tratando de sacar los equipajes que se encuentran en los compartimentos, no dejan pasar a los que viene detrás. Algunos viajeros con más experiencia, se quedaban en sus asientos hasta que los corredores de la aeronave se vaciaran y emprendían sin problemas el camino a las puertas de desembarque, perdiendo tal vez 5 minutos, pero sin ser apretujados y e incomodados en el proceso de descender. -¡Maldito Frank! -dijo Dennis enojado. -Podían habernos enviado en clase de negocios por lo menos. ¿Qué le costaba? -Tres o cuatro mil dólares más. -Contestó Juan Carlos risueño, contento de estar en Roma.

-Bahhhh!....Maíz para las gallinas!..Eso es lo que le representa al New York Times –dijo Dennis. -Por eso él es el editor gerente y tú un reportero. -Le contestó Juan Carlos echando una carcajada.

Una vez en las rampas de salida, cargaron las lap-top y el equipaje de mano, por los corredores y las escaleras mecánicas que parecían no tener fin. Se unieron a grupos que llegaban a Roma en otros vuelos. En su camino a las casillas de los empleados de inmigración, finalmente se colocaron en la fila que los conduciría a la salida y a recoger sus equipajes en la Aduana.

Juan Carlos, mirando con curiosidad a su alrededor, presionó el brazo de Dennisr, diciéndole –¡Dennis, Dennis! -¿Qué? ¡Qué! -Contestó éste, mirando a todos lados pero sin ver nada inusual. -¡Allí, allí! En la segunda fila. Esos hombres con cortes de pelo tipo militar. -¡Si! ¿Qué tienen, no has visto nunca a alguien con ese corte de pelo? -Le contesto sonriendo. -¡Es que son los hombres de Simón! -Le dijo bajando la voz. Un gesto inútil, ya que los hombres estaban apartados por lo menos 15 metros y los ruidos de las conversaciones y la música de los parlantes, impedían que los pudieran escuchar. -¿Estás seguro? -Le preguntó Dennis, mirando más atentamente los hombres. -Por supuesto que si, los he visto con Simón muchas veces en Nicaragua, no todos juntos, de a dos o tres a la vez. No hay duda, son ellos. -¿Estás totalmente seguro? -Repitió Dennis. -Mira que tendremos que hacer algo para no perderlos de vista. -Míralos Dennis, ¿Crees que puedo confundir a esos caracteres? Parecen la réplica de Clark Kent. -¡Jesús! -dijo Dennis -Tenemos que hacer algo ya mismo, o los perderemos de vista. Déjame pensar. Tú no te sorprendas y ayúdame en lo que haga. ¿Entendiste? -O.K. Peter.

Dennis puso una mano en su frente, y lentamente se deslizó cayendo al suelo. No totalmente sino arrodillado, como si fuera repentinamente víctima de un mareo. Se sentó en el suelo sacudiendo su cabeza y poniéndose ambas manos en su frente. Mientras tanto, Juan Carlos, tomando cartas en la situación, pedía que le dieran un poco de espacio, para que circulara el aire a su compañero en el suelo. Uno de los agentes de Inmigración se acercó rápidamente ofreciendo su ayuda y preguntado lo que sucedía, a lo que Juan Carlos le contestó -Creo que es el efecto de las pastillas. Es diabético y tomó una antes de aterrizar, posiblemente le bajó el azúcar, ya le ha sucedido antes. -¿Qué sugiere que hagamos, llamar a un doctor? -¡No! No creo que sea necesario. Si lo podemos hacer pasar, que le revisen los documentos. Puede esperar del otro lado hasta que me inspeccionen a mí. -No hay problemas -Dijo el atento agente de inmigración italiano -Por favor síganme -y los condujo a ambos a la cabina de inmigración mientras Dennis se apoyaba firmemente en los hombros de Juan Carlos, y caminaba como si tuviera que arrastrar las piernas. Allí uno de los Agentes de Inmigración estampó ambos pasaportes dándoles la entrada oficial a Italia. Una vez que los pasaportes fueron sellados, Dennis le dijo -Yo salgo ya, lleva tú el equipaje y espérame en el hotel, estaré allí tan pronto como pueda.

-De acuerdo -Dijo éste, y ante la azorada mirada del guarda que los ayudó, Dennis mostró una instantánea recuperación. Salió a paso apresurado de la terminal rumbo a donde se encontraban las cintas transportadoras de los equipajes. Dejó a Juan Carlos en la correspondiente a American Airlines y continuó corriendo a donde se encontraban las limusinas en línea en la salida de la terminal. Pasó por los inspectores de Aduana que no lo detuvieron ni un momento al no llevar ningún equipaje y gritó a su compañero. -¡Te veré esta noche! Cuando los 9 hombres que constituían el equipo de seguridad de la compañía de Simón salieron de la Aduana, se encontraron con Anthony esperándolos en el área del Lobby. Después de los abrazos de rigor, les pidió que los acompañara hacia los automóviles que se encontraban esperando afuera del Aeropuerto. Se dividieron en 2 grupos montando 5 de ellos en cada Limousine, y tomaron rápidamente la carretera que los conduciría a Roma, siendo seguidos por la Limousine de Dennis, a los pocos minutos, los dos vehículos, salieron de la autopista, para entrar a una serie de calles deteniéndose en una estación de servicio, donde procedieron a cargar combustible y chequear el aceite y las gomas. Dennis se sorprendió de esto, ya que generalmente en todo el mundo, los vehículos que transportan pasajeros, llegan a los sitios de destino con los tanque llenos y habiendo sido objetos de servicio e inspección antes de salir de sus bases. Pero se dijo así mismo -¡Estoy en Italia, nada puede sorprenderme!

Le ordenó a su chofer permanecer a 100 metros de distancia, mientras observaba discretamente las acciones de los otros vehículos. Esto solo tomó 10 minutos de tiempo y prontamente siguieron camino. Retomaron la autopista y se dirigieron a Roma. Pasaron por la famosa Plaza España, tomando Vía Ludovisi y Vía Veneto, la cuna de la Dolce Vita, inmortalizada por Federico Fellini. Vía Victorio Veneto No.125, con cuatro pisos y en el vértice de la esquina la famosa cúpula que se extiende dos pisos más, y en cuya base se envuelve la señal Excelsior. Debajo de la misma, y extendiéndose por todo su perímetro, una exquisita cornisa en voladizo de un metro de ancho con las decoraciones propias de la arquitectura de la época protegen todo el edificio. Dándole al Westin Excelsior la calidad de un hotel de 5 estrellas, en el corazón de Roma. Las dos limousinas se detuvieron. Mientras los chóferes y empleados del hotel estaban ocupados descendiendo el equipaje y acomodándolo en los carritos para ser llevado a las habitaciones, Dennis despedía y pagaba al conductor de su vehículo. El chofer ansioso, le daba su tarjeta, y le mencionaba en cortado inglés, que estaba a su servicio para cualquier trabajo confidencial que deseara a cualquier hora del día o de la noche. Dennis, realmente no quería perder tiempo y de todas maneras no tenía ningún deseo de contratar al hablador italiano para ningún trabajo confidencial. Sabía que, de hacerlo así, al próximo día estaría publicado en todos los periódicos de Roma y la United Press. Anthony y sus hombres entraron en el impresionante lobby con sus cielorrasos a más de 5 metros de altura, con magníficos detalles de decorado en yeso al estilo del Renacimiento. Las paredes estaban adornadas con columnas con estilos de arquitecturas compuestos. Una combinación de voluta griega y hojas de acanto, con pinturas doradas en sus capiteles. Entre las columnas, exquisitas piezas de muebles estilos Biedermeier y Renacimiento con altos espejos y esculturas de águilas rematando su tope.

Una vez, que firmaron el registro, David Keller les dijo a los otros -Espérenme en el elevador, estaré con ustedes en un momento. -Y se dirigió para la entrada del hotel. Una vez que terminó de pagar al chofer, Dennis se dirigió hacia las puertas del Hotel y al salir de ellas, escuchó una voz que le decía. –¡Escuche hermano! ¡cuidado! -Sintió un empujón y un dolor intenso en la parte detrás de su cuello y todo se convirtió en una profunda oscuridad. -A ver, por favor, mi amigo se ha desvanecido, dejen llegar oxígeno a sus pulmones ¡Por Favor! déjenme llevarlo a sus habitaciones -Y tomándolo como una bolsa de papas, puso su brazo en sus hombros, tomando su muñeca con sus manos y pasando un brazo por su cintura, lo cargó como si no pesara nada. Lo llevó hacia donde el resto del grupo esperaba en los elevadores. David Keller era un ex marino y Navy Seal, de 1,87 de estatura, cuerpo atlético y cabello cortado al rape. No era alguien con quien otra persona quisiera tener una discusión, así que todo el mundo le abría paso, mientras llevaba el cuerpo inerte de Dennis, el cual no daba indicios de despertar a causa del golpe que David le diera con la palma de su mano en la parte posterior del cuello. Anthony, se quedó mirando por unos segundos sin decir nada y luego dijo. - Espero que sea el que nos seguía.- -Lo es. -Contestó y como veía la mirada curiosa de otros huéspedes aguardando los elevadores, continuaba diciendo -¡Epiléptico! El doctor llega en unos minutos. Al llegar un ascensor todos los demás huéspedes dejaron que ellos lo tomaran con su carga humana, prefiriendo subir en el próximo. - Dennis, se despertó al recibir el contenido de una jarra de plata llena de agua con cubitos de hielo. -¡Mierda! -Exclamó, mientras se sentaba después de la fría impresión del liquido que corría por su rostro, pecho y hasta su ropa interior -¿Quién demonios…? Dejó la frase sin terminar al ver azorado al grupo de hombres que lo rodeaba. -Mejor comienza a explicarte ya. -Dijo David -Por tus papeles eres Dennis Ensor y eres periodista, o al menos eso es lo que pretendes ser. Ahora bien, comienza desde el principio sin omitir nada, y te daré un consejo: No se te ocurra mentir, hay 4 pisos hasta llegar al pavimento, pero las alturas de cada uno, son casi el doble que en los estados Unidos, así que el impacto, es el de ocho pisos. Peter miro, a su alrededor a los 10 hombres en el cuarto. Individuos que él sabía que no vacilarían en hacer sus promesas realidad. Es más, sabía que dándoles el más ínfimo motivo, nadie encontraría sus huesos. Había estudiado el currículum vitae de esos hombres antes de salir de New York.

Anthony Góngora, 1,78m. Se enlistó en la Marina a los 18 años, al terminar la escuela secundaria. Vio acción en Irak a principios de siglo y en lugares en África como asesor de las tropas de las Naciones Unidas. Terminó sus estudios Universitarios con los fondos puestos a su disposición por sus servicios en la Marina. Sus principales pasatiempos eran el de escalar montañas. Su padre, el Duque de Góngora, miembro de una viaja rama de la nobleza Española, era un ferviente entusiasta en este deporte. Escaló dos veces el Monte Everest y fue el quien le inculcó su amor por las alturas y el deseo de conquistar las cimas más altas. Se entrenó continuamente en las disciplinas más rígidas, especialmente en la ascensión de paredes verticales, que requiere una extraordinaria concentración mental y poder en los dedos, para aferrarse a las más pequeñas tomas y levantar el peso de su cuerpo con la sola presión ejercida por dos o tres dedos. Desde su ingreso a la Marina de los estados Unidos, y su admisión en los Navy Seals, el cuerpo más exclusivo de la fuerza, continuó siempre su duro entrenamiento. Tenía como meta la ascensión al pico más alto del mundo. Ingresó luego a la CIA, que lo llevó al campo de la contra inteligencia, período en el que su record se hace borroso. y clasificado de secreto.

Tomó cursos de piloto y estaba calificado para el vuelo del FA22 Raptor Fighter jet, y pasaba sus fines de semana y vacaciones volando planeadores en donde fuera que tuviera la oportunidad. Desde hace tres años, fue contratado por Telecom como jefe de seguridad de los ejecutivos de la compañía y sus secretos, cuyos activos superaban el billón de dólares. Lionel Martin, de abuelos Italianos. 1,80 diestro en varios idiomas, especialmente el italiano, ya que fue educado desde niño con su abuela originaria de Venecia, y solo habló en la lengua materna durante su infancia. Lionel salió directamente de los boinas verdes, el cuerpo especial del ejército, pasando luego de completar 6 años de servicio a integrar el cuerpo de operativos de la CIA. Cumplió la mayor parte de sus deberes en Sud América, por sus conocimientos del idioma castellano. Fue instructor de defensa personal, como lo eran cada uno de los miembros del grupo, y también un excelente piloto y paracaidista. Generalmente se podía ver a los miembros del grupo el usar su tiempo libre para disfrutar de sus hobbies.

Francis Gibson, abogado y ex agente de la FBI. 1,87 m, graduado en Harvard. Excelente jugador de Básquetbol. Sus estudios fueron financiados por las becas que obtuvo por su insuperable capacidad para el deporte. Gracias a su actuación en el equipo de la Universidad, ésta ganó el campeonato durante 4 años consecutivos. Sus chances de convertirse en un jugador profesional, desaparecieron por una herida que le impidió mantener el 100 por ciento de su rendimiento. Su ingreso al FBI, lo convirtió en un excelente tirador, experto en toda clase de armas y sistemas de defensa personal. Su última posición en el Bureau, fue la de jefe de la oficina de Dallas, allí en donde Anthony lo contactó convenciéndolo de unirse a su grupo. Salvo ciertos casos de resonancia nacional, la mayor parte de su record esta considerado secreto. Excelente piloto y paracaidista, como el resto de sus colegas, disfrutaba sus momentos libres en la practica de sus hobbies.

Otra de las cartas ocultas era Aviel Oded, de 36 años. Ex oficial del ejército Israelita, y probablemente miembro de Masad, el servicio secreto Israelí. Nadie conocía los detalles de su servicio e historia con la organización, pero no cabía duda de su capacidad para llevar a cabo misiones de alto riesgo. Jerry Vickery, 53 años, ex CIA. Agente con experiencia en conflictos en Africa, y las dos guerras del Golfo en donde actuó con su unidad de los Navy Seals, pasando luego a formar parte de la elite de los agentes de operaciones de la Compañía. Actuó en los países árabes, como jefe de grupos en el área de El Golfo. También como en los otros casos, la mayor parte de su actuación para el gobierno se encontraba bajo la clasificación de secreto. Lyn Yeng, la única mujer del grupo. Ex miembro de la brigada especial. Policía de Hong Kong. Su relación con Anthony era debido a una misión especial que éste coordinaba y que había comprendido varios países, entre ellos China. Su conocimiento en las artes marciales era considerado insuperable. Además le salvó la vida a Anthony literalmente saltando como trapecista de circo por el andamiaje de cañas de bambú en los últimos pisos de un edificio de más de 50. Ferozmente dedicada a su profesión. Anthony tuvo que emplear toda su fuerza de persuasión y la inagotable cartera de M World Telecom por dos años para convencerla a dejar su querido Hong Kong, y sumarse al selecto grupo. David Keller, Mark Mercury, Fred Downes y George Kurokawa, los cuatro ex – Marinos, con un largo historial de peligrosas misiones en el servicio del país. Los cuatro íntimos amigos de Anthony, con varias misiones compartidas en sus tiempos de servicio en la Marina, completaban el grupo. El mismo que era la envidia de John Anderson como ya lo expresara en la reunión en Langley.

Después de considerar las posibilidades de lidiar con los hombres que lo rodeaban y conociendo las historias de los mismos, Peter desechó toda idea de tratar de mentir, inventando una plausible historia. Considerando que su vida estaba pendiente de un fino hilo, la verdad –pensó -era la mejor opción en las presentes circunstancias. -Señores -Dijo mientras se secaba la cara, la camisa y el pantalón con una toalla que Aviel, le había arrojado desde la puerta del baño. -¿Pueden alcanzarme una botellita o dos de scotch, soda y dos cubitos? Estaré listo para entretenerlos por la próxima media hora. -Y mirando el lujo alrededor del cuarto, les preguntó. -¿No habrá alguna posibilidad de conseguir un empleo con ustedes? -Los hombres le dieron una mirada, en la cual no cabía duda de lo absurdo de su pregunta. -¡No!...no creo. -Se contestó a si mismo, mientras abrió la pequeña botella que Aviel sacó de un gabinete y le alcanzó con un vaso al que le puso dos cubitos de hielo. Sentándose en uno de los cómodos sofás y les narró la completa historia de él, Juan Carlos y la razón por la cual se encontraban en Italia. Mientras narraba la historia, no dejaba de pasarse la mano por la nuca, con gesto dolorido preguntándole a David -¿Con qué me golpeaste? ¿Con una masa?

-No fue más que tu culpa -Contestó este -Hiciste un revuelo en ese aeropuerto que hasta las moscas se dieron cuenta que estabas fingiendo, y cuando alguien finge algo así en un lugar público, lo único sensato es vigilarlo. Además tu forma de seguir a alguien es tan discreto como un tanque Sherman en una supercarretera en Los Angeles en la hora del almuerzo. -Y estalló en una estrepitosa carcajada que todos compartieron menos, Peter, que comenzó a hacer muecas burlonas con su rostro sin ningún interés en compartir la risa de los demás. -¿Qué te parece Francis? Preguntó Anthony. -Parecería ser verdad, llamaré a ver si se puede confirmar. -Y tomando el teléfono, marcó un número en los Estados Unidos. -Si llamas a alguna oficina, recuerda que tenemos 7 horas adelantadas, así que no hay nada abierto todavía -Dijo David. -Lo sé, por eso estoy despertando a alguien. -dijo con una carcajada. -¡Eres una rata! Continuó David, uniéndose a la risotada. -¡Lo se! –Dijo. Francis llevó el teléfono al otro lado de la habitación, y hablaba en voz muy baja imposible de escuchar desde donde Peter se encontraba, al lado del refrigerador, revolviendo su trago con el dedo.

Miraba con curiosidad a Francis queriendo captar alguna palabra, sin éxito. Hasta que Francis comenzó a contestar en un tono normal, con lo cual todos escuchaban la conversación. -¡Si! Contestó –Ahá, no lo conocen. aha….aha….Bien. -Mientras esta conversación de la cual solo podía escucharse la voz de Francis, se estaba desarrollando, éste les hizo una indicación con la mano a dos de los hombres, David y Lionel, para que se acercaran a Peter. Mientras, éste, mirando fijamente a Francis exclamó con un tono preocupado en su pregunta -¿Qué…..qué he hecho? ¡Hey…Hey! Oigan, estoy preguntando, decía Peter con un tono profundamente preocupado. -Concuerda lo que dijiste. -Dijo Francis. -Les dije -Exclamó Peter, con un tono que denotaba su alivio. -Si, pero el hecho que confirma que nos has dicho la verdad, no quita que me han informado ¡Que eres una pena en el trasero! Y tu jefe, una mucho peor que tu. El consejo que me han dado es…..hacerte desaparecer a ti y a ese ilegal disfrazado de periodista que traes al hombro, y si podemos, también a tu editor. Ello haría feliz a mucha gente en varios continentes. -¡Hey….Hey…. Ustedes no pueden hacer eso! -¿No? ¿Y quién lo va a impedir? Cierra la boca, tenemos que pensar…. ¿Qué te parece Anthony? -El problema estriba en que no importa cuantos de estos, tiremos al agua.

El New York Times, seguirá enviando más y más. -Contestó Anthony. Dirigiéndose a Peter le preguntó. -¿Dime Peter, existe algo así como una palabra de honor en un periodista? -¿Honestamente? ¡No! A menos que haya un Qui per Quo. -¿Qué es eso? -preguntó Lionel. -Un arreglo -contestó Francis. -¡Arreglo! -Exclamó David -Este hijo de perra no está en condiciones de pedir ningún arreglo. Tirémoslo por la ventana ya. ¡Muerto el perro se acabo la rabia! -Un momento, un momento. Deja a la gente hablar, mano de hierro. -Exclamó Peter mientras seguía acariciándose la nuca. -Francis, David, vamos a la otra habitación, necesitamos hablar -Dijo Anthony y los tres dejaron la habitación dejando a los demás con Peter, el cual se encontraba demasiado nervioso para entablar una conversación. Se sirvió otro scotch, y caminaba tomándolo por la habitación. Después de unos 15 minutos que le parecieron eternos, los tres volvieron, permaneciendo unos momentos en silencio, mientras miraban fijamente a Peter.

Finalmente Francis, observando a Peter a los ojos, le dice. -Mira Peter, este es el trato, tú y el ilegal… -¡No es ilegal! Dijo Peter -Lo que sea -Contestó Francis irritado -Ustedes dos se quedan aquí con nosotros. No respiran hasta que nosotros decimos que pueden respirar, no llaman a sus esposas, novias, madres, si no está uno de nosotros presentes. Si algo ocurre, que no creo, tu tendrás la exclusiva, una vez autorizada por nosotros. -¿Por cuánto tiempo durará esto? -Preguntó Peter. -Por el tiempo que sea necesario. -Contestó –No lo se, un día, un mes. -Si Frank no sabe nada de nosotros, va a arder Troya. -Muy bien, le envías un mensaje en el cual le informas que estás siguiendo una pista, y que le informarás en una semana. Ya después veremos. Por lo pronto, ahora te vas con Lionel a tu hotel y te mudas con tu ayudante a aquí. Cuando ambos lleguen, le informaremos de nuestro arreglo. Quiero recordarte algo, ya que tú no nos conoces. Cuando hacemos un trato y estrechamos nuestras manos, eso tiene mucho más valor que todos los documentos que puedas firmar. No puedes volverte atrás. Es como si lo hubieras firmado con tu sangre. Y eso es literalmente lo que haces. Y con ella respondes. -Dirigiéndose ahora a Anthony y llevándolo unos metros le dijo en voz baja. -Mira, nadie sabe nada de nada. Nosotros no sabemos por qué estamos aquí, estos dos no saben que están haciendo, así que no tenemos problemas. ¿De acuerdo? -Anthony asintió con la cabeza.

Acercándose a Dennis, Francis tendió su mano hacia el diciéndole -¿Tenemos un acuerdo? -Tenemos un acuerdo -contestó dándole un fuerte apretón de manos. Anthony, dirigiéndose al teléfono, marcó el número de recepción y pidió dos habitaciones extras preferentemente en el mismo piso, para unos miembros del grupo que llegaron sorpresivamente. Lo consiguió inmediatamente. Dirigiéndose luego a Lionel le dijo. -Acompaña a Peter a buscar a su asistente y el equipaje avísame ni bien lleguen. Antes de salir, Peter se dirigió a Anthony -Quería decirte que admiro muchísimo a tu viejo. ¿Conoces a mi padre? –Preguntó. -No personalmente pero seguí siempre su carrera. Especialmente su ultimo ascenso al Everest cuando perdió sus dedos, pero lo conquistó de todas maneras. -Tenía que dejar algo allí. -¡Lo se! Espero que lo traigas de vuelta. -Gracias. ¿Cómo es que sabes tanto? -Yo soñaba también con llegar donde ni las águilas llegan. Pero me quedé en los picos Americanos. -¿Te mantienes en forma? -¡Sí! Tenemos un grupo que nos mantenemos en forma. -Tal vez uno de estos días trepemos uno. -Me gustaría, realmente me gustaría Anthony. Nos vemos luego. Una vez que Peter salió del cuarto, Anthony fue hasta el bar de la habitación, tomo una pequeña botella de Kalua, su bebida favorita, la sirvió en una copa, puso varios cubitos de hielo, y revolviéndola con movimiento de su muñeca, trato de conseguir que el licor se enfriara con el contacto del hielo en ella, después de tomar un sorbo

-O.K, Francis espero que no nos hayamos equivocado -Dijo dirigiéndose a éste y dirigiéndose luego a Lis continuó -Y tú, has estado todo el tiempo observando sin decir una palabra. ¿No tienes una opinión? -Es muy difícil poder analizar la mente de un periodista -Contestó esta -Pero parecería un hombre sincero. El problema con ellos, es que consideran su sagrado deber el informar al público, de todo lo que ocurre, sin considerar el daño que pueden hacer con la información indiscriminada y el uso que otros pueden hacer de ella. Creo que si los tenemos cerca nuestro, no pueden hacer ningún mal. Máxime cuando ni siquiera nosotros sabemos lo que estamos haciendo. Como no puedo hacer nada, mientras tanto, iré a tomarme una buena ducha, descansar por unas horas, y esperar a que ustedes caballeros, me lleven a cenar esta noche, previa visita al bar Excelsior. Por lo que estoy leyendo en la revista del Hotel, El restaurant Doney, parece un lugar delicioso en donde cenar la primer noche en Roma. -Y dirigiéndose a Anthony continuó -Y tú, espero que busques ese número, y hagas ese llamado. Estás en Roma y seria inexcusable que no hagas ese llamado ya mismo. -Todos conocían la relación de Anthony con Nancy y siendo Lis, la única mujer en el grupo, todos la consideraban más que una hermana y generalmente actuaba como madre y confesora de cada uno de ellos. -Lo haré Lis. Mientras tanto ve a descansar. Nos reuniremos a las 20:30 horas. Nadie pensaría en ir a cenar en Roma antes de las 21:30 y estaremos en la mesa no menos de 2 horas.-Dijo Anthony -Podíamos llevarte a Mc Donald, si no quieres esperar, Lis. -Dijo David. -Creo que no saldrás de Roma con vida David. -Y agregó lanzando una breve carcajada. -¿Crees que tu ex-esposa disfrutará el ser viuda? -Seria el mejor presente que podrías darle -Le contestó uniéndose en la carcajada lo mismo que todos los otros miembros del grupo.

-Bueno, no quiero perder más tiempo con ustedes, nos veremos a las 20:30 -Dijo Lis mientras salía de la habitación. -Anthony -Dijo David después que Lis dejo el cuarto -¿Cuándo vas a ver a Simón? Tú sabes que todavía tengo problemas para dirigirme a él como Su Santidad o El Papa. -Y con una pícara sonrisa se dirigió a Oded. -Me imagino tú, ayer, compartiendo el Pasover y mañana besándole el anillo arrodillado en San Pedro. Te sacaré una foto y en cuanto te pases de la línea, la envió a todas las Sinagogas de Israel. -Al escuchar esto todos siguieron la carcajada de David, incluso Oded quien dijo -Les diré algo idiotas, arrodillarme ante Simón y besarle el anillo, a ese hombre, no tengo ningún problema. Él me ha demostrado siempre que es un príncipe entre los hombres. No he conocido mejor. Además ¿No creen ustedes que ya era tiempo de que un buen muchacho Judío asumiera la posición de control de las finanzas del Catolicismo, una rama de la religión Judia? -Al tiempo que decía esto, comenzó a correr hacia la puerta de la habitación mientras esquivaba todo tipo de proyectiles que los demás lanzaban hacia él, mientras reían a carcajadas. -Nos veremos esta noche -Gritó mientras cerraba la puerta detrás de suyo. Una vez que Oded salió de la habitación, Anthony retomó el hilo de la conversación y contesto a David. -La verdad David, no se cuando veré a Simón.

Espero un llamado de él en cualquier momento. Necesitamos tener idea de lo que debemos hacer. Mientras tanto, debemos estar preparados para todo. -Escucha Anthony, no trato de mezclarme en tu vida personal. Pero creo que deberías escuchar el consejo de Lis y hacer ese llamado. -Le dijo David. -Si, lo haré, pero necesito tener una excusa para ello. -¿Qué más excusa quieres? Que eres miserable sin ella. Todos somos testigos de ello. -¡Bien! ¡Bien malditos! Ya veré que hago. Mientras tanto, a las 20:30 en el Excelsior. -Dijo saliendo del cuarto para dirigirse a su habitación.


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