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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...? Capítulo VIII - Pedro II - El Papa se encontraba en la capilla privada, desde el momento en que, después de llegar al Vaticano fue informado de la decisión del Colegio de Cardenales.

Pedro II


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Pedro II El Nuevo Pope

Capítulo VIII

Los Cardenales se encontraban en la sala de conferencias, esperando al Nuevo Vicario de Cristo, al cual ellos habían elegido hacía media hora, solo unos minutos después de haber sido confirmado como sacerdote e inmediatamente como Obispo de la Santa Iglesia Católica. Requisitos todos estos, necesarios para ser elegido la cabeza de la Iglesia y representante en la tierra del poder Divino.

El Papa se encontraba en la capilla privada, desde el momento en que, después de llegar al Vaticano fue informado de la decisión del Colegio de Cardenales. De pronto, las puertas de la sala de conferencias fueron abiertas por los dos guardias Suizos, asignados para proteger a Su Santidad. Un hombre joven, de unos 50 años, entró a la habitación con paso firme, y su blanca vestimenta. Los Cardenales se arrodillaron ante su presencia. Simón miró la extraña escena y haciendo un gesto con las dos manos en señal que se levantaran dijo -La paz sea con vosotros. -Y también con Usted, Su Santidad -todos respondieron al unísono.

Simón contempló a los 35 príncipes de la Iglesia, responsables de haberlo elegido el 264 Papa, el 110 desde Inocencio II. Mil recuerdos pasaban por su mente, él tenía solo 22 años cuando fue nombrado Jefe Ejecutivo de una pequeña compañía fabricando aparatos de comunicaciones que se convertiría en pocos años en la más grande compañía en el mundo y en la base de una increíble serie de adquisiciones de empresas que lo llevarían a ocupar la dirección de bancos. Por primera vez, su nombre se elevaba a la prominencia publica, y nada menos que como representante de Cristo en la tierra. Sus emociones ahora eran como ese día tan lejano, grabado indeleblemente en su memoria. Durante días, después de que le diera su consentimiento a Fabián, había debatido consigo mismo, acerca de su capacidad para ocupar este cargo. Uno que no había ni pedido ni deseado, pero su fe, la historia y experiencia de su vida, habían hecho de él, un jefe ejecutivo. Juzgado por sus colegas como brillante hombre de negocios, capaz de examinar cualquier problema, reducirlo en pequeñas piezas y encontrar la solución. Los cardenales esperaban en silencio.

-Sus eminencias estoy listo para salir al ventanal y dar a los fieles el mensaje que ellos aguardan. Con paso firme se dirigió al ventanal, su altura de 1,85mts. Con la doble corona Papal, hacían de él un personaje impresionante. Con una sonrisa en sus labios y en control total de la situación. Finalmente abriendo sus brazos pidió el silencio de la multitud, la que obedeció inmediatamente, esperando ansiosos recibir el mensaje del nuevo representante de Dios en la tierra.

-Hermanos en Cristo. -comenzó en a decir en italiano. -Hoy ha ocurrido un extraordinario evento, un hombre común, de humilde origen, ha sido elegido por los príncipes de la Iglesia, unánimemente, para guiar la Iglesia, en tiempos de incertidumbre .

No muy diferente a la época en que nuestro señor eligió a Pedro, del cual yo he seleccionado su nombre, para fundar la roca sobre la cual fundaría su Iglesia. –Hizo una pausa, observando el efecto de sus palabras y prosiguió -Esta es una época de tribulaciones y debemos efectuar los cambios que el Señor nos indique, para superarlas. Bajo la inspiración de Dios, el Santo Colegio de cardenales ha elegido al más humilde de sus sirvientes, para efectuar los cambios necesarios para restituir el amor y la presencia de Dios en el mundo, continuando interrumpidamente el camino iniciado por Pedro, hace 2000 años. Hijos míos, les pido a todos, desde el pequeño agricultor en las alturas del Himalaya, a los más poderosos ejecutivos, los gobiernos y aquellos creyentes en todas las religiones, que pidamos a Dios, elevando hacia Él nuestras plegarias. Por cualquier nombre que nuestros hermanos lo conozcan, que ponga en nuestros corazones el deseo de paz y bienestar en cada uno de los habitantes del planeta en que vivimos. Estoy llamando a todos, implorando, por el bien del ser humano, a que unamos nuestras plegarias, buscando, no nuestras diferencias sino aquellas cosas en las cuales coincidimos. Si buscáis en vuestros corazones, veréis que hay más cosas en las cuales estamos de acuerdo, que en las que diferimos. No dejemos de encontrar adentro nuestro aquello que nos une. Yo les prometo que mi vida estará dedicada a Dios Todopoderoso, e imploraré a Él que nos guíe por el sendero a seguir para encontrar la paz y unidad en este mundo, hoy tan dividido y peligroso. Esa paz que nos ha eludido hasta hoy y no hemos aprendido a valorar. Muchos han cambiado por el efímero deseo del temporal poder, renunciando con ello la eterna gloria junto a nuestro Creador. No sigamos cometiendo el mismo error. Con la ayuda de nuestro Señor, nuestra meta será convertir este siglo, en el siglo de Paz y entendimiento. La multitud en pleno comenzó a gritar repetidamente.

-“Viva El Papa, Viva Simón, Viva Pedro” Simón, pasó varios minutos recibiendo el calor de todos los presentes en la plaza, sonriendo y bendiciendo a la multitud. Esta escena era repetida en millones de hogares alrededor del planeta en todas las estaciones de televisión.


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