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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XII - Ministro - Serdar Akunal, Primer Ministro de Turquía y su esposa Sema, hicieron su entrada al abrirse las dos puertas de acceso de la Sala Regia.

Ministro


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XII

Primer Ministro Turco

Serdar Akunal, Primer Ministro de Turquía y su esposa Sema, hicieron su entrada al abrirse las dos puertas de acceso de la Sala Regia. Inmediatamente detrás de ellos, 4 Clérigos Musulmanes, el Embajador Turco asignado al Vaticano. La ceremonia fue protocolar y llena de colores por los vistosos uniformes.

Varios Cardenales, Príncipes de la Iglesia se encontraban presentes con sus ropajes rojos. Si bien es cierto que no hubo ceremonial de besar el anillo Papal, el Papa estrechó efusivamente las manos de todos los participantes, deteniéndose un momento en abrazar a Serdar y Saman, y expresar unas palabras de cariño y alegría por el acontecimiento.

Realmente la Sala regia, es una de las más elegantes salas de recepción y originariamente fue construida para recibir a los Príncipes y Emperadores. Su cielorraso en forma de medio tonel tiene extraordinarias decoraciones en yeso de Pierino Vaga. Las cinco puertas de la sala, fueron ornamentadas exquisitamente por Daniel de la Volterra. Entre las mismas, en las largas extensiones, se ven poderosos frescos ejecutados por Vasari y Zuccaro, cuyo efecto es más que ornamental.

Ellos muestran especiales momentos en la vida de la Iglesia. Entre otros, el retorno de Gregorio XI de Avignon a Roma, la batalla de Lepanto, y la reconciliación de Alexander III con Federico Barbarossa. Una vez hechas las presentaciones formales y luego de una breve conversación con cada uno de los invitados, el Papa y sus visitantes se sentaron para una sección de fotografías. Terminadas éstas, los clérigos visitantes fueron acompañados a diferentes salas. Tenían preparada ya una agenda de trabajo, con los representantes del Papa. Serdar y Saman, fueron acompañados por Monseñor Travanti y el Cardenal Calvanti al despacho privado del Papa, donde admiraron la vista de la ciudad y los maravillosos libros de la biblioteca, aguardando por unos minutos la presencia de Simón.

-Mis queridos amigos, qué placer me ha dado volver a verlos, y en tan importante posición -Dijo Simón. -Su Santidad -comenzó Serdar. -Llámame Simón mientras estemos entre amigos, como lo hacíamos años atrás. -Interrumpió Simón, mientras observaba la expresión de los dos prelados en el despacho. -Debo explicarte la razón por la que te he hecho romper algunos compromisos para tenerte aquí. Necesito 30 minutos de tu tiempo para conversar contigo acerca de problemas que conciernen al mundo. -Serdar asintió con su cabeza, como diciendo que se lo imaginaba-Querida Sema, quiero estar con ambos esta noche si me acompañan en una pequeña cena, consistente en un pierna de cordero, con la receta favorita de los viejos Hititas, cocinada entre las rocas, nuestro chef, hace maravillas con las viejas recetas turcas y quiero saber todo acerca de los niños, de nuestra querida Ankara y toda la familia, pero necesito un tiempo a solas con tu esposo. Monseñor Travanti y el Cardenal Calvanti, te acompañarán para darte una visita especial al Museo Pio Clementino. Siempre recuerdo la visita que me diste por el Museo de Anatolia en Ankara, y si recuerdas, fue donde por primera vez comí la deliciosa pierna de cordero, cocinada toda la noche en las piedras calientes. Estoy seguro de que disfrutarás enormemente de la exhibición. -Querido Simón -contestó Sama -¿Cómo puedo agradecerte? -Recuerda que ustedes son los hijos que nunca tuve. -Contestó Simón, dándole un beso en la mejilla, y dejándola en manos de los dos Sacerdotes.

Al salir Sama, por la doble puerta, Simón se acercó a Serdar y tomándolo por el brazo, lo llevó a uno de los cómodos sillones, sentándose él en uno inmediatamente a su lado. -Mi querido amigo, el mundo tiene un problema muy difícil de solucionar. Todos los países están compitiendo en una carrera, enriqueciendo Uranio para ser usado como alimento para armas nucleares. Como excusa para defensa, se están creando armas de destrucción masiva, que no pueden confiarse a simples humanos. -Simón -Dijo el Primer Ministro -En principio, no puedo discutir contigo, secretos de Estado, segundo no me estas diciendo algo que alguien ignore, y tercero las potencias llamadas del Primer Mundo, demandan la cesación de la producción de material conducente a la elaboración de armas nucleares, pero ellos son los primeros países con una acumulación tal, que pueden erradicar la tierra con solo presionar un botón. ¿Quiénes son ellos, para que los demás países confíen en la tremenda responsabilidad de que conserven en depósito y absoluto control el destino y futuro de este planeta? -Lo sé, Serdar -Respondió el Papa -Lo sé.

Pero el mundo ha sido diseñado en esta forma, y éste, es un problema de educación de las masas hasta que su clamor obligue a los gobernantes de encontrar una solución adecuada al problema -y continuó -Pero mientras tanto, aquellos como tú, en cargo de las Naciones Pequeñas, conjuntamente con esas llamadas del Primer Mundo, deben trabajar incansablemente para encontrar una solución. Es un secreto guardado a gritos, que la mayoría de los países Árabes, ya sea por la compra de tecnología, o por la indiscreción de Estados Musulmanes al principio del siglo como Pakistán, han recibido información técnica, que les ha permitido el desarrollo de tales armas. Y tu sabes mi querido amigo, que esta será una guerra, si ocurre, sin vencedores ni vencidos. -Simón, ¿Qué podemos hacer nosotros? ¡Nuestro país es pequeño, nuestros recursos son limitados! -Serdar, lo que te pido es que hables con tus Clérigos, y preguntes ¿Cuál sería la solución que aceptarían para iniciar una campaña? Con ello condenar y evitar la violencia, que ninguna de nuestras religiones tiene como preceptos fundamentales. -¡Simón! El pasado del Cristianismo, no ha sido uno de paz y perdones. -Lo sé mi querido amigo, y éste sí es uno de los mayores problemas, que no solo nuestra Iglesia sino todas las existentes, han tenido en sus comienzos. El celo de los hombres que las condujeron y sus tiempos. Pero hoy estamos en un punto, en el cual con la inmediata comunicación y mayor cultura, por la gracia de Dios, podemos iniciar un cambio que perdurará.

Esperemos por más de varios milenios, o por siempre. -Simón hizo una pausa por unos momentos con la mirada fija en Serdar, que asentía con la cabeza en señal de aprobación de las palabras del Papa y continuó. -Mi idea, es ayudar a crear un Concilio Mundial de Iglesias, en el cual, todas estén representadas, y en un Congreso podamos discutir libremente la forma de unificar, pero conservando la individualidad de cada una. Sabemos que todas conservan la imagen del Supremo, como un ser de infinita bondad, creador del Universo, y que los humanos somos sus hijos. Si bien es cierto lo llamamos por diferentes nombres, la verdad es que es uno solo y todo poderoso -y continuó -Si tú estudias todas las escrituras, verás que tenemos más cosas en común, que diferencias en nuestras creencias. Debemos buscar estas, enfatizar aquellas en común, y estudiar nuestras diferencias para lograr una comunión de almas. Tal vez nunca alcancemos una perfecta unión. Pero si una convivencia, en paz y prosperidad. -¿Tú quieres que yo arregle una reunión entre todos los grupos religiosos Musulmanes, tanto los moderados como los radicales? -Preguntó Serdar en un tono de voz que indicaba claramente, la imposibilidad de llegar a un acuerdo con los mismos. -Seria ideal que pudieras, conseguir eso. Pero sé que la época de los milagros ha pasado -Simon sonrió al decir esto. –

Quisiera, si es posible, que acepten el reunirse con mis negociadores. Con la idea de una reunión frente a frente, para el estudio de las posibilidades de comenzar un diálogo. Mientras tanto, detener la inútil matanza de los mártires musulmanes y aquellos seres que pagan las consecuencias de acciones por las cuales son totalmente inocentes. -Simón, tus intenciones son nobles, pero no quiero ilusionarte de que la influencia de Turquía en el mundo de los Clérigos Musulmanes, es muy poderosa, al contrario. Tú sabes que desde Ataturk, se constituyó un gobierno secular, único en el Medio Este. Los clérigos han tratado en varias ocasiones de ganar entrada en el gobierno y establecer un Estado Religioso. -Ataturk -Contestó Simón -Fue sin lugar a dudas el estadista más importante del siglo pasado, y su nombre, el que adoptó, es bien merecido y justo, El Padre de Turquía. Sus leyes a favor del derecho de las mujeres. Su conversión de la escritura árabe a un alfabeto fonético para permitir con mayor facilidad, a todo ciudadano, el aprendizaje de la escritura y lectura del idioma, ya que la árabe ofrece grandes dificultades.

-La secularización del estado, fue uno de sus mayores logros, dado la prominencia del Imperio Otomano, y la influencia religiosa en todas las actividades del mismo. Se necesitaba un hombre con una voluntad de acero para influir y digamos obligar al país a seguir su dirección. Así Turquía fue una Isla en el medio de las arenas de los demás Estados Musulmanes. -Todas las religiones, como hablábamos hace unos minutos -Interrumpió Simón -Han sufrido por la presencia en distintas épocas de individuos, que interpretan las palabras de los Libros Sagrados con un celo desmedido. Unas veces por ambiciones humanas y otras por el auto convencimiento de que han sido iluminados para imponer aquello en lo que firmemente creen, que es la forma que el Señor ha ordenado. -Simón miraba fijamente a Serdar quien, como era habitual, asentía con su cabeza y no pronunciaba una palabra, después de unos segundos Simón continuó -En tiempos antiguos, los conflictos eran regionales, y que pese a que la pérdida de una sola vida, es una tragedia irreparable, no puede compararse a lo que se avecina hoy, donde el hombre a encontrado armas capaz de total anulación de enormes cantidades de seres humanos y la destrucción masiva de ciudades, con el consiguiente envenenamiento del suelo y la atmósfera. Tú y yo sabemos de estos ataques, esporádicos, sin un plan de acción.

Que si bien causan pequeñas cantidades de muertes, son en una población de seis mil millones de personas, solo un pequeño número para agregar a una estadística. Pero todas las indicaciones nos llevan a considerar el hecho, de que las células terroristas están preparando una mayor ofensiva. No sabemos cuándo dónde, o cómo. Pero mi corazón tiembla de que sea por medio de una acción a efectuarse por uno o más misiles con cabezas atómicas, que serían suficiente motivo de contraataques masivos. -Simón, estoy sinceramente de acuerdo contigo. -contestó Serdar -Pero ¿qué puedo hacer yo y mi país? Es solo una pequeña Nación, sin mayor peso en el concierto mundial. Nuestra influencia en la región es muy limitada. Las células radicales obedecen a las órdenes de un líder a quien nadie conoce, y que no se sabe su nombre, pero se le rinden pleitesía como al mismo Profeta, con una obediencia total.

-Mi querido Serdar, sé que lo que te pido, no es fácil. Solo te agradecería que vieras las posibilidades de que, dentro de alguno de tus círculos, pidas que alguien se ponga de cualquier forma en contacto conmigo para comenzar un diálogo, el cual les puedo asegurar tendrá implicaciones favorables para toda la humanidad. Nuestra Iglesia, tiene una gran influencia mundial. Pensamos que ha llegado el momento en que debe, sino unirse en una todas las ramas de la Cristiandad, por lo menos comenzar un diálogo. En este diálogo quisiéramos incluir a nuestros hermanos Musulmanes, Judíos, Budistas, etc., en un Congreso Mundial con el propósito de ayudar a todos los seres humanos a encontrar un mundo de paz, bajo los preceptos de Dios. Si estudias los cánones de todas las religiones, son básicamente los mismos conceptos. Es más lo que nos une, que aquello que nos separa. -Simón, no sabes que contento estoy, de haber tenido el placer de encontrarnos nuevamente. Veo que poco has cambiado, a pesar de que hoy eres un príncipe entre los hombres. Siempre fuiste un soñador, y tus obras de bien alrededor del mundo, a favor de aquellos que tienen menos, son legendarias ya en tu vida. Espero que puedas alcanzar los destinos que Alá, te haya encomendado. Y sé que si hay alguien en este mundo, capaz de alcanzarlo eres tú. Quiero que sepas, que haré todo aquello que esté en mi poder, para que puedas alcanzar tus propósitos. Tú sabes que esto llevará una enorme cantidad de capital, máximo hoy en día en que los países, incluso aquellos más poderosos, sufren una terrible depresión económica. Tus empresas, a pesar de todo su poder y riqueza, no serán capaces de abarcar un programa en los países que sufren el hambre y enfermedades producidas por la falta de alimentos. ¿Usarías, lo que yo estoy pensando? -Simón no respondió exhibiendo su clásica sonrisa. -Los objetivos son claros -continuó Simón –Paz entre los hombres. Ahora debemos ver, una vez que establezcamos un fin común entre las mayores religiones y logremos detener los ataques terroristas, hasta dónde los países llamados desarrollados son capaces de colaborar para preservar esa paz. Entonces veremos como usar el poder, influencia y riqueza de mis industrias y los de la Madre Iglesia. -Cambiando de conversación informó a Serdar -En dos días, Georgio Fedon, estará aquí, como tú, para una visita oficial, con el cual espero tener una conversación similar. Si bien es cierto que Grecia no es conocida por tener una gran población Musulmana, mucho de los conocidos terroristas han tomado refugio en sus costas de tanto en tanto. Lo que quisiera darte es una serie de coordenadas en código secreto, para que nos permitas mi o mis aviones, sobrevolar territorio Turco sin ser obligados a aterrizar. Es algo que posiblemente voy a necesitar para trasladarme, en el más absoluto secreto, entre países.

-Simón, el avión Papal será difícil de ignorar, en cualquier aeropuerto que decidas aterrizar. -Bueno será alguno de mis aviones privados, sin marcas de ninguna naturaleza, solo lleva la letra M. -Lo recuerdo y se por qué. ¿Tienes las claves? -Sí -contestó Simón, extendiendo una hoja de papel cuidadosamente doblada. Que Serdar tomó y puso en su cartera. -Cuenta con ello -contestó Serdar.


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