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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XXXII - Jabal Al Nasiriyah - Pronto los 22, cada uno con una mochila en sus espaldas y otros bultos en sus manos, dejaron los aparatos y emprendieron el camino, hacia el grupo de montañas, donde se encontraba secuestrado el Papa.

Jabal Al Nasiriyah


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XXXII

Jabal Al Nasiriyah

Round 1!- expresó alegremente, mientras desabrochaba su cinturón de seguridad, lo que Susana siguió inmediatamente. Una vez seguros en la improvisada pista, observaron con Louis, el descenso uno a uno de los planeadores,..

Susan, bajo su equipo, y estaba cargando su mochila, y Louis también bajo el resto del equipo, ya que los pilotos ayudarían al grupo a transportar con los bultos hasta la base de la montaña a escalar. Con los anteojos, ella podía ver como uno tras otro los pájaros negros descendían, como gigantescas aves de la noche, entre las montañas Susan no pudo menos que pensar en una noche similar en un mundo del pasado con una bandada de Pterodáctilos, descendiendo por la cacería de presas en el desierto.

Los aparatos al descender y tomar contacto con el viejo camino, saltaban un poco por las depresiones y montículos, que el viento y la arena del desierto habían esculpido en años de abandono, donde en el pasado caravanas de camellos circulaban continuamente en rutas comerciales establecidas en centenares de años, conectando cientos de poblados y grupos de tiendas de Beduinos en algunos Oasis, hoy con el advenimiento de modernos medios de transportación, poblaciones habían sido re-colocadas, y la necesidad de esas rutas, desaparecieron para ser ganadas otra vez por el desierto.

La brisa seca, con la arena y polvo acumulada por años, fue disturbada por el descenso de uno tras otros de los planeadores, levantaron una densa nube de polvo, Susan no pudo dejar de pensar, que de haber sido de día, esta sería una situación imposible de ignorar para cualquier observador, desde el lugar en que se encontraban los terroristas, pero en la oscuridad de la noche, cualquier vestigio del polvo, seria atribuida a la brisa del desierto.

Treinta minutos más tarde, todos estaban reunidos en el sendero que sirvió como pista de aterrizaje, los planeadores se encontraban en posición de despegue alineados, con los motores listos para despegar inmediatamente en caso de emergencia todos los de los grupos vestidos en ropa de camuflaje, ya con las armas, en sus cinturas, con sus cartucheras y provisión de suficientes municiones.

Pronto los 22, cada uno con una mochila en sus espaldas y otros bultos en sus manos, dejaron los aparatos y emprendieron el camino, hacia el grupo de montañas, donde se encontraba secuestrado el Papa.

A pesar de que cada uno, llevaba un buen peso sobre sus hombros y en sus brazos, todos estaban físicamente aptos para el esfuerzo que debían afrontar.


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