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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo VI - El Vaticano - La Capilla Paolina, que sirve como Iglesia parroquial del Vaticano separada de la Capilla Sixtina solo por la Sala Regia, nombrada así por Paulo III en 1540.

El Vaticano


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo VI

El Vaticano

Dos de las capillas en el Vaticano, adquieren en estos días una preponderancia mayor que la que comúnmente tienen, por su papel en la elección del sumo Pontífice.

La Capilla Paolina, que sirve como Iglesia parroquial del Vaticano separada de la Capilla Sixtina solo por la Sala Regia, nombrada así por Paulo III en 1540. En 1550, Michelangelo Buonarrotti pintó allí dos frescos, La Conversión de Pablo, y la Crucifixión de Pedro. Otras pinturas allí fueron creadas por Sabbatini y Zuccaro, y las esculturas por Bresciano.

Antes de comenzar el Cónclave, el Sagrado Colegio de Cardenales se reúne en esta capilla para atender al sermón, en el cual a los miembros se les recuerda su obligación de elegir, rápidamente al más capacitado Papa, para regir los destino de la Madre Iglesia. En la capilla Paulina es cantada diariamente la solemne Misa De Espíritu Santo en la cual los miembros del cónclave deben estar presentes.

De allí, los Cardenales pasan a la Capilla Sextina. Ésta es la Capilla del palacio y de la corte, en donde todas las ceremonias papales, funciones y las elecciones son efectuadas. La misma fue construida entre 1473 y 1481 por Giovanni de’ Dolci, comisionada por Sixto VI. Tiene 40 metros de largo por 15 metros de ancho, con 6 ventanales de exquisitos vitraux, que fueron emplazados en 1911, con una donación de el Príncipe Regente Leopoldo de Bavaria. La tercera parte de la Capilla esta separada por una balaustrada esculpida por Mino da Fiestota y sus asistentes. Esta barrera divide el espacio reservado para el Papa, sus familiares, los Cardenales e invitados en ocasiones de gran solemnidad. A la derecha se encuentra el balcón donde actúa el coro del Vaticano .

En el cielorraso de la totalidad de la capilla se encuentra uno de los más famosos trabajos de Michelangelo, las escenas del Juicio Final. Las paredes están adornadas con frescos pintados entre 1481 y 1483 por los Maestros de Umbría, a la izquierda escenas de la vida de Moisés y a la derecha de la vida de Cristo. Las pinturas son de los maestros inmortales, Perusino, Pinturicchio, Botticelli, Pierdi Cosimo, Rosselli, Signorelli, della Gatta, Ghirlandajo, Saluivati, Fiammingo, Matteo da Lecce y Bramante Hace unos años, los frescos de Michaelangelo, fueron limpiados y restaurados por Ludwig Seitz.

Mientras tanto, los largos y anchos corredores del Vaticano, adornados con preciosas obras de arte, pertenecientes a los grandes maestros del renacimiento, exquisitas piezas de esculturas y frescos maravillosos, eran testigos silenciosos, como siempre lo fueron, de los acontecimientos que desde la edad media, daban forma a los destinos de la Iglesia de la Cristiandad.

Estos corredores estaban llenos de importantes personajes. Unos con sus ropajes que establecían su condición de Obispos, príncipes de la Iglesia y muchos más con sus negras vestiduras de sacerdotes y monjas, sirviendo bebidas calientes o frías a dignatarios laicos y eclesiásticos. Los mismos, a pesar de su importancia, como el mundo entero en todas las naciones, se encontraban esperando ansiosos las noticias de quién ocuparía la silla de Pedro.

Lo que parecía incongruente en ese lugar, lleno de historia y decorado por artesanos únicos, que habían desaparecido siglos atrás, era el ver trabajando febrilmente a un gran número de operadores frente a computadoras y pantallas de televisión, mostrando los canales de todas partes del mundo en una serie de monitores alineados como cualquier otra oficina de Prensa. Los datos eran ingresados en las computadoras y las respuestas a las preguntas eran copiadas y enviadas por correos a las salas donde se desarrollaba el histórico proceso.

A las 08:00, los Cardenales habían retornado a sus despachos y leído la información que sus asistentes les hicieron llegar. Se dirigieron en forma ordenada con sus rostros sombríos por el cansancio y la enorme responsabilidad puesta en ellos, hacia la sala de conferencias.

Laicos y sacerdotes en los corredores les abrieron paso respetuosamente. Lentamente entraron por la doble puerta. Al ingresar el último de ellos al salón, dos guardias Suizos cerraron, montando guardia en el corredor. Una vez que las puertas fueron cerradas, los corredores parecieron nuevamente ganar vida, con animada conversación y especulaciones acerca de lo que pasaría, y quién sería electo. Nombres, y posibilidades sin fin se sucedían continuamente.

Tres horas después, a las 11:00 en punto, las puertas fueron abiertas nuevamente, dejando paso al interior a Monseñor Calvanti, uno de los más jóvenes cardenales, que muchos creían el más adecuado para tomar la posición vacante de Pius XIII. Su secretario, el Padre Genaro, se acercó presurosamente.

-Está resuelto, siga sus instrucciones. ¡Que Dios nos ayude! Dijo al padre Genaro quien se arrodilló mientras que el Monseñor Calvanti ponía su mano en la cabeza del joven cura en señal de bendición. Éste salió apresuradamente ante todas las miradas curiosas de cada uno de los personajes en los corredores, dirigiéndose hacia las cocheras del Vaticano, en donde abordó una limousine negra con dos chóferes aguardando.

Cinco horas habían pasado desde que la última nube negra ascendiera desde los techos del palacio. Algo llamó la atención a la muchedumbre en la plaza. Varios coches, escoltados por la policía del Vaticano, ingresaron por la entrada subterránea del Palacio. La guardia Suiza, presentó armas alineadas en la entrada de los garajes, cuando la primer limusina, pasó frente a ellos.

Los rumores se expandieron con la velocidad de una chispa eléctrica, y miles de conjeturas surgieron, tantas como personas había en la plaza. Mientras tanto, el tiempo pasaba sin que el ansiado humo surgiera. Recién dos horas después, la esperada columna de humo blanco se elevó directamente a una abertura entre las nubes que mostraba la bóveda celeste.

¡TENEMOS UN PAPA!

Minutos después el anuncio formal dejó conocer al elegido, Simón Rosental. Un laico, a quien en las dos horas transcurridas desde su entrada al Palacio, fue nombrado Sacerdote y Obispo sucesivamente, para hacerlo elegible a la posición de Vicario de Cristo en la tierra. ¡Fue unánimemente designado Papa, por el Colegio de Cardenales!


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