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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo II - Dover - Esas enormes masas que se elevaban desde las aguas del canal, de un color blanco grisáceo, presentaba una hermosa vista para Malaquias y Christian.

Dover


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo II

Los blancos acantilados de Dover

Esas enormes masas que se elevaban desde las aguas del canal, de un color blanco grisáceo presentaba una hermosa vista para Malaquias y Christian, que los contemplaban desde la cubierta de la pequeña embarcación que los había aceptado como pasajeros a cambio de unas piezas de plata, para cruzar el Canal hasta Francia.

Varias familias y algunos niños se encontraban abordo, algunos franceses, pero la mayoría inglesa. Los ancianos celebraron la presencia de los dos sacerdotes, como signo de buena suerte en la travesía.

Navegaban al impulso de una brisa suave, en un mar suficientemente calmo, pero la niebla se estaba haciendo mas y mas espesa, nada extraño en estas latitudes, donde las diarias lloviznas contribuían al color verde intenso de todo del entorno de la campiña Inglesa... la niebla luego de una media hora de navegación estaba disminuyendo con la fuerza del viento que se había levantado mientras navegaban.

Las olas estaban aumentando de tamaño y el sonido de las mismas al chocar contra las maderas de la embarcación, comenzaba a causar temor a los viajeros, especialmente las mujeres a bordo y los niños.

Malaquias había cruzado el canal varias veces, y nunca había encontrado éste, totalmente calmo desde el principio al final de su viaje. Estaba preparado para cualquier cambio brusco en el tiempo. Los pasajeros estaban concentrados afuera, tratando infructuosamente de ver algo mas allá de la espesa niebla que se cernía alrededor de la barcaza, la cual al conjuro del viento se estaba disipando, pero dejando en su lugar un cielo totalmente cubierto de gris oscuras nubes, mientras los marineros, estaban asegurando las sogas de las velas y comprobando los nudos.

Algunos relámpagos comenzaban a iluminar el firmamento, y las agitadas aguas, estaban salpicando aquellos en la cubierta iniciándose el éxodo, hacia la parte interior de la barcaza. Ante las ordenes de los marinos, que reiteraban que buscaran protección, en la bodega, pero asegurando a los pasajeros al mismo tiempo, que no había nada que temer. Malaquias y Christian con sus ropajes monásticos eran el punto de mira de los pasajeros que poco acostumbrados, a los viajes marinos, buscaban la protección de Dios.

-Cualquier Dios – pensó Malaquias, ya que sospechaba, que ninguno de ellos había visto antes un altar cristiano, pero una mezcla de ritos paganos, y liturgia católica. A pesar de ello, él y Christian hicieron lo posible para consolarlos, brindando soporte moral y confianza a aquellos que se acercaban. Una tarea un poco difícil, ya que era prácticamente imposible el caminar tan solo unos pasos, entre las mesas y bancos, firmemente asegurados a las tablas del piso, sin hacerlo en zigzag, de un lado a otro de la embarcación.

Las olas, levantaban y dejaban caer la embarcación con el poder del viento y el agua, que penetraba continuamente por debajo de la puerta, corriendo en libre cascada por la simple escalera de madera. El ruido del viento, las olas y el crujir de las tablas de la embarcación, junto con el sonido de las velas que producían el sonido seco de unos golpes, ahogaban en cierto modo, los llantos y gritos de las mujeres, y la no poca preocupación de los hombres, quienes no se expresaban con sonidos, pero cualquiera podía ver en sus ojos, y el resto de su rostro. Expresiones que no indicaban precisamente el valor que pretendían tener.

En un momento, habiendo durado aproximadamente una hora, la cual parecía haber tomado mucho mas, de pronto el viento calmo, y comenzó a vislumbrase un azul limpio del firmamento, con algunas nubes blancas, navegando sin prisa, en un cielo sin limites, como si lo pasado solo fuera una pesadilla, sin nada que ver con la realidad.

Lentamente, hombres y mujeres, volvieron a ocupar los lugares en la cubierta gozando ahora del suave balanceo de la embarcación, contando las crestas de las olas, y viendo extenderse en la distancia, la oscura masa de las costas de Francia. El resto del viaje sucedió sin mayores incidentes, y cesada la necesidad del temor a morir, los monjes, encontraron con solo unos pocos, evidentemente fieles católicos que se interesaron por la presencia de Malaquias y Christian.

Finalmente, las costas de Caláis, estaban a unas pocas leguas marinas ya se veían los detalles de un muelle de madera, con varias embarcaciones pequeñas, y una cantidad de redes pesqueras en diferentes estados de arreglo, estaban alineadas a lo largo de la costa, y algunos restos de botes pesqueros, los que fueran en tiempos pasados el principal medio de sustento de varias familias.

La habitual cantidad de mendigos, la mayoría profesionales, se agrupaban junto al lugar designado para el amarre de la barcaza, unos para mendigar algunas monedas de cobre, otros para llevar los bultos transportados y otros menos deseosos de servir pero aptos para hacer desaparecer un bolso con monedas con mas habilidad que un hechicero. Christian y Malaquias, esperaron hasta que las mujeres y casi todos los hombres descendieron por la planchada, mezclándose ente la muchedumbre, algunos tomando algunos carruajes que se rentaban o estaban esperando amigos o familias otros simples, mas aptos para transportar animales al mercado, eran usados para ganar alguna tan necesitadas monedas, llevando a los menos pudientes, y sus equipajes a sus lugares de destino

Malaquias y Christian, se distinguían de la multitud, sus largas vestimentas de color marrón, con su cinturón como uno soga, sujetando sus cinturas ropas, incorporadas a sus ropas una capucha, para protegerlos de los elementos, terminando con unas sandalias de cuero, eran como el uniforme de los religiosos.

A pesar de distinguirse inmediatamente como personajes del clero, ello no les impidió ser acosados por los niños en busca de algo que les permitiera llevar a sus casas, para reducir el hambre y la pobreza reinante. El convento al cual se dirigían, como su primera parada en territorio francés, solo estaba a una legua de distancia, así que ambos ya habían decidido el caminar hasta el mismo. Pidieron direcciones a los trabajadores en el puerto, y una vez obtenidas los dos monjes, colgaron de sus fuertes hombros, los envoltorios de cuero con sus pertenencias y se dirigieron por el camino que los conducía al convento.

Hacia casi una hora que los dos hombres estaban caminando por un sendero hecho por los pocos carruajes y ganado que circulaban por el, ondulantes colinas con predios separados del camino y entre si, por cuidadosamente alineadas piedras, que los aldeanos sacaban de los campos, para poder arar y cosechar los productos, al mismo tiempo establecer sus derechos a los lotes, concedidos por la corona, o los nobles, con derecho feudal a las tierras, o dadas en arriendo a los campesinos en sus feudos.

Al alcanzar el tope de una de las colinas , con la maravillosa vista de los campos y las pocas viviendas, permanecieron en silencio recobrando el aliento y admirando el panorama de Francia, cuando vieron que se acercaba hacia ellos en sentido contrario a donde se dirigían, una mujer con dos niños con firme paso a pesar de el inclinado camino que estaba recorriendo, su larga cabellera dorada caía libremente en cascada pasando su cintura, Un largo vestido, de color gris azulado que a pesar de lo amplio , mostraba a cada paso las líneas de su esbelta figura, con un cordón hecho del mismo material, rodeando su cintura. Dos niños de no mas de 12 o 13 años, la acompañaban, un varón con un pantalón gris, cortado debajo de sus rodillas, con una camisa beige, y un saco de cuero gastado, con una larga cabellera, rubia que indicaba tanto el como la niña su herencia materna. Al aproximarse pudieron observar en detalle sus rostros con sus ojos de un profundo azul violáceo, los tres ostentaban un hermoso rostro.

La niña vestida con un largo vestido de tela azul oscuro y como su madre una cofia blanca protegiendo su rubia cabellera. Los tres alegremente venían tomados de la mano, cantando una canción, la letra de la cual, llamo poderosamente la atención a los dos monjes, ya que no les parecía común encontrar una aparente campesina francesa conociera esos poemas en el viejo lenguaje Irlandés.

Tania sam slan soer / El verano viene con Salud Dia mbi cloen caill chiar / y reverencia la madera oscura Fingid ag seng sneid / El delgado ciervo salta Dia mbi reid ron rian / Sellando los suaves caminos

Los dos hombres esperaron hasta que el trio llegara a la cima de la colina, y al aproximarse a los Monjes, que parecía ser su intención Malaquias, le pregunto usando el mismo idioma.

-Buenas tardes niña, que haces aquí, tan lejos de tus raices- Soy Celta “Athair” (padre) y el mundo son mis raices y tu Maelmhedhoc, también estas viajando lejos de las tuyas- Si es verdad estoy lejos de las mías, en una misión del Señor ¿Cómo sabes mi nombre?- -Se decía que un alto señor de la Iglesia de Irlanda vendría por estos lugares, y que el era conocido por Malaquias, es decir Maelmhedhoc, es simple, dijo con una amplia sonrisa, mostrando una perfecta dentadura continuando con una carcajada musical. -Cual es tu nombre niña, -dijo Malaquias con una sonriendo a su vez, divertido por la conversación’ -Mi nombre es Galadriel, y mis hijos son Alexander y Elizabeth -Vives por estos lugares Galadriel- -Vivo donde me envía aquel que lo ordena todo. - y sacando un pesado libro del saco que llevaba colgado en sus hombros. - Me pidieron que entregara esto al Monje, con el nombre de Maelmhedhoc, es la vida de Cothriche! -Cothriche! Dirás San Patrick. -Acaso no es lo mismo, es el mismo nombre que tu le llamas en el viejo lenguaje, tu sabes quien es, y asi se llamaba, si hoy quieren llamarlo diferente, no cambiara quien es, o ha sido .no es lo mismo? - Supongo que si, querida niña pero nadie sabia de mi viaje, como es posible que tu lo supieras- -Tu lo sabias, y ello es suficiente para que aquel que todo lo ve, lo sepa Athair –continuo-Tu Dios lo sabia- -Si! Pero como lo sabias tu-

Haces tus preguntas, cuando a ti te es revelado el misterio del futuro. ¿Crees que eres el único con derecho a una comunicación con el creador de todas las cosas? Un tanto sorprendido, por la pronta respuesta de la joven, Malaquias tomo el libro, y vio que era una edición exquisitamente hecha, con magníficos dibujos e ilustraciones. -Tu no debes darme esto- dijo asombrado- tiene un gran valor y yo no puedo pagarlo. ¿Valor?- Preguntó Galadriel - conocimiento debe darse, no cobrarse y tú necesitas éste conocimiento. Christian, estaba observando en silencio y en estado de asombro por la escena que se desarrollaba frente a él generalmente conservaba el silencio cuando se encontraba con Malaquias, pero no pudo evitar el interrumpir.

Puedes decirnos, quién te ha dado esto par el obispo de Irlanda. Te puedo decir esto, futuro abate- Anoche soñé que debía venir a esta hora por este camino, y encontraría este saco, y debía entregarlo al Athair Maelmhaedohc y su acompañante, y es todo lo que sé -Su eminencia- dijo Christian, dirigiéndose a Malaquias – Esto puede ser obra del demonio! Galadriel, con una gran sonrisa respondió- si no tienes suficiente confianza en la protección de tu Dios, o fe en ti mismo, entonces déjalo donde lo encontré. Seguramente no eres el destinatario de éste libro, y esperare aquí con mis hijos a quien está verdaderamente dirigido. Vas en la dirección donde estaba, déjalo en el pie de la colina, junto al montículo de rocas que marca la división. Es todo – continuó- seguiré mi camino, que tengan un buen viaje. Vamos niños es hora.

Christian y Malaquias, vieron como los tres con la inmensa alegría que habían subido la colina, descendían dirigiéndose al poblado. Malaquias miro con curiosidad el libro, pensando que hacer con él y le preguntó a Christian – Verdaderamente tu crees que esto puede ser la obra del demonio. Es un libro antiguo, referente a la vida de San Patrick, como puede el demonio siquiera a tocar un libro sagrado. Lo llevaremos al convento y preguntaremos allí, puede que haya sido robado. - Como usted diga su eminencia - Malaquias sé colgó el gran equipaje en sus fuertes hombros y prosiguieron su camino. Al pasar por el montículo de piedras que Galadriel, había mencionado, lo miraron con curiosidad, pero no había nada en el que indicara una procedencia sobre natural o diabólica, era solo la marca en el entorno indicando la esquina de una parcela.

Pronto vieron un pequeño valle, rodeado de frondosos árboles, la incomprensible silueta de un convento cisterciano. Una fuerte pared lo circundaba, equipada a intervalos con miradores y otras instalaciones para defensa. Las macizas y pesadas puertas se abrieron al llegar y varios monjes se acercaron a los viajeros, a quienes les informaron de su identidad y deseos de ver al abate. A pesar de que éste era un pequeño convento, claramente podían verse en él varias de las características especiales de la orden de los Cistercian. Rodeando los edificios unas fuertes paredes, para protección. La Iglesia es tradicionalmente no alargada pero formando casi un cuadrado, como en todo convento Cisterciano, un curso de agua canalizado de un río cercano, contribuía a satisfacer las demandas para irrigación de las quintas y jardines, como asi mismo las necesidades higiénicas de los habitantes del convento.

Después de ser admitidos, y conociendo sus intenciones, un Monje los condujo hasta la oficina del Abate, quien conociendo por nombre a Malaquias, lo saludo efusivamente diciendo.- -Su eminencia, es un honor el recibir su visita a nuestro humilde casa, siéntense usted y su acompañante. ¡Bienvenidos!. Y por favor dígame como puedo prestarles ayuda y servicio. Estamos en Camino de Roma.- Contesto Malaquias.- estimado Abate Aclas, de aquí pensábamos viajar hasta Clairvaux, donde visitaremos a mi querido amigo, el Abate Bernardo.- -Me parece muy bien que se hayan detenido en nuestra humilde sede, para descansar antes de iniciar su viaje a Claivaux.- Contesto el Abate Aclas.- Por favor cuando lleguen allí, quiero que le den mis mejores saludos al Abate Bernardo. Mientras tanto, le enviaremos un correo, para avisarle de vuestra llegada.- - Por favor, no se tome usted tanta molestia.- -No es ninguna molestia su eminencia, cada semana, un correo lleva correspondencia y noticias, entre nuestros conventos, y mañana antes de salir el sol, esta programado que uno de nuestros monjes, sale para Clairvaux, solo agregaremos una nota para anunciarle vuestra llegada. Mientras tanto me gustaría que ustedes descansen el día de hoy y mañana y tendremos el carruaje en condiciones para llevaros, todo el camino a Roma, al alba pasado mañana.

-Abate Aclas, no se como agrádesele, todas las molestias que se toma para con nosotros.- Dijo Malaquias.- -Su eminencia, es lo menos que puedo hacer, y para nosotros y nuestro Convento es un gran honor el poder brindarles nuestra ayuda. Su nombre es conocido en toda la cristiandad, por favor permítame acompañarlos a nuestra casa de huéspedes, asi pueden lavarse y descansar.

Al salir de la rectoría, por el gran patio con el Abate Aclas, este les indico el edificio de la Iglesia, e inmediatamente a la derecha de la misma, la casa del Abate, y muy cerca de la misma la, casa de huéspedes, del otro lado del patio, los establos, generalmente para acomodar los caballos y carruajes de los huéspedes y sus sirvientes. La Iglesia ocupaba el lugar principal y se encontraba rodeada por el principal edificio para la vivienda de los Monjes, más allá, el jardín de los vegetales, las plantas de frutas y un tanque para peces indispensable en todo edificio monástico.

-Mi querido Abate Aclas.-Dijo Malaquias mientras el Abate los conducía a la residencia donde pasarían la noche.- una curiosa circunstancia ocurrió mientras nos dirigíamos a vuestro convento, nos encontramos con una mujer de unos 30 años, muy hermosa, con una larga cabellera rubia y dos niños. La misma conocía nuestros nombres y aparentemente la razón por la cual nos encontrábamos aquí.- y sacando el libro del saco de cuero que llevaba al hombro, le mostró al abate, quien lo tomo mostrando suma curiosidad.-Ella nos dio éste libro diciéndonos que le habían ordenado entregarlo a nosotros.

-Este es un libro muy valioso, para estar en manos de una campesina.- Comento el Abate Aclas.-No tiene sentido alguno, ¿Y usted dice su eminencia que reside en nuestra aldea? -No lo sé.- Contestó Malaquias.- Además hablaba perfectamente la vieja lengua Irlandesa. Dijo llamarse Galadriel.- y procedió a describir la mujer y los dos niños. -Hummmm.- Contestó Aclas.- Preguntare a los otros monjes, pero puedo asegurarle que nadie de esa descripción habita por éstos lugares. -¿Y el libro, podía haber sido robado de vuestra Biblioteca? – Pregunto Malaquias.-

El Abate Aclas, lo miro nuevamente con gran curiosidad y lo devolvió diciendo.-- No es un libro que pertenezca al Convento.- - Es un misterio que vuestra eminencia, tendrá que resolver, Los caminos del señor son misteriosos, para la mente de los hombres. -¡SI! Abate Aclas, lo son, pero son revelados a su debido tiempo -¡Asi es su eminencia!...!Asi es!


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