+
Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XXXVII - Desierto - Los tres C-130 Hercules descendieron suavemente en el pequeño valle, a unos 10 kilómetros del lugar que el Papa era mantenido secuestrado. Los aviones habían apagado todas las luces 150 kilómetros antes del punto destinado para el aterrizaje.

Desierto


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XXXVII

Descendiendo en el Desierto

Los tres C-130 Hercules descendieron suavemente en el pequeño valle, a unos 10 kilómetros del lugar que el Papa era mantenido secuestrado. Los aviones habían apagado todas las luces 150 kilómetros antes del punto destinado para el aterrizaje. Los pilotos se colocaron los anteojos infrarrojos, que les permitiría tener una visión satisfactoria del punto seleccionado. Los navegadores se encontraban en directa comunicación con Walter y el satélite, que los mantenía informado, segundo a segundo y los dirigiría en el descenso y aterrizaje.

La ausencia de ventanas junto a los asientos y la serenidad del vuelo de la aeronave impedían a los pasajeros saber exactamente cuando aterrizarían, hasta que el primer impacto de las ruedas contra la superficie y el movimiento causado por los desniveles en la “pista” les indico sin lugar a dudas que habían llegado al punto de NO RETORNO. Afortunadamente solo un poco mas de 100 metros eran necesarios para que las aeronaves pudieran aterrizar con su carga, en unos pocos minutos el C-130 estaba detenido en el rocoso Valle y la tripulación procedió a abrir la puerta trasera, con su rampa.

El primero en descender fue el que se encontraban, los sacerdotes y la Guardia Nobile, con sus caballos y equipos, juntamente con los 30 Gurkas y su comandante enviados por Inglaterra. Tres pequeños tractores con motores eléctricos descendieron primeramente por la rampa extendida por la parte de atrás del C-130, los mismos en absoluto silencio inmediatamente procedieron a enganchar el avión para conducirlo a un lugar seleccionado para estacionarlo, dejando libre el espacio destinado a pista de aterrizaje. A continuación en perfecto orden bajaron los operativos enviados por la CIA, el grupo de Gurkas, los que inmediatamente con sus carabinas de repetición tomaron posición alrededor de la aeronave, a pesar que Walter había examinado el lugar, sin encontrar rastros de la presencia de presencia humana, en el lugar y los 10 kilómetros que lo separaban del lugar donde se encontraba secuestrado el Papa.

Los miembros de la Guardia Nobile, se encontraban tranquilizando a los equinos, los cuales no estaban acostumbrados a una viaje aéreo. Examinaron las protecciones de goma en los cascos para evitar el mínimo ruido en contacto con un suelo de rocas, que seguramente encontrarían en las inmediaciones del valle donde se encontraba la línea de defensa que debían anular. Bajaron inmediatamente con los caballos, justo al tiempo que los pequeños tractores comenzaron a mover la aeronave. El segundo aparato descendió inmediatamente, como el primero corto sus motores inmediatamente después del aterrizaje, en él se encontraban la otra parte de la guardia Suiza y los vehículos destinados a la operación, y armamento. Los tractores que estaban esperando engancharos sus cables y lo condujeron inmediatamente al lugar designado, dando lugar al tercer aparato a efectuar las mismas maniobras para el aterrizaje, solo que ha éste se lo dio vuelta, dejándolo listo para levantar vuelo en pocos minutos de ser necesario evacuar el lugar.

Alberto con sus hombres, habían tranquilizado los caballos y colocaran las monturas sobre ellos, todos tenían sus lanzas, y en una especial cartuchera en las monturas una carabina de repetición, obtenida del arsenal en la Aeronave, juntamente con una pistola 45 en su cartuchera, y suficiente provisión de magazines para ambas armas. En pocos minutos los 61, hombres contando al Príncipe Mario, se encontraban en fila de 4 con las riendas en las manos, listos para comenzar su marcha, al frente de ellos el escuadrón de treinta Gurkas los voluntarios enviados por Gran Bretaña, una vez listo, el Comandante Perry, se dirigió donde se encontraban los Príncipes, Mario y Alberto, para estrechar sus manos y desearse buena suerte. Perry, saludando a los hombres, conservando su bastón de mando debajo de brazo izquierdo, dijo – Good Luck men, I´ll see you in a few hours! Good Luck to you and your men. - Contestaron al unisonous el regimiento.- Perry volvió a sus hombres y dio las ordenes de marchar al trote, lo que los hombres obedecieron y en unos minutos estaban fuera de la vista, Dennis Ensor, Eligio seguir con ellos para reportar la historia, Juan Carlos seguiría la Caballería, a pesar que no tenia caballo, su misión seria la de reportar desde un sitio seguro lo que sucedía en el campo de batalla. Mario y Alberto, estrecharon las manos de los dos sacerdotes y el Cardenal Gallelli, y acariciaron la cabeza de Chiquitita que se encontraba con Leopoldo y Fabián.

Llegaremos con la Guardia Suiza.- dijo Fabián.- nos veremos en unas horas, mientras bendecía a los príncipes y el regimiento. ¡Regimiento!.-Ordenó Alberto a sus hombres que ya se encontraban alineados y listos.- ¡Marchen! En perfecto silencio hombres y caballos siguieron la ruta tomada por el Regimiento Gurka, en perfecta formación. Listos para marchar los diez kilómetros que los separaban del Valle. Mario y Alberto sacaron el comunicador y televisión que podían mantener en las palmas de sus manos, y presionando el botón de comunicaciones, Alberto preguntó.

¡Walter!, estamos por iniciar la marcha, ¿hay algo que necesite saber? No hay ningún movimiento en los campamentos, la ruta a seguir por ustedes esta libre, tengan continuamente vuestros auriculares conectados. Susan esta escalando la montaña, y si todo sigue bien, estarán en la plataforma de la cueva dentro de la hora. Gran Noticia-contesto Alberto.- Para esa hora estaremos junto al valle listos para atacar.- ¡Magnifico!, buena suerte.- Contestó Walter.- ¡Comandante Perry! – ¡SI! Walter contesto Perry.- Bien por favor mantengase en la línea, Buena suerte. Gracias.- Contesto.- Alberto y Mario La Porte, ajustaron sus lentes infrarrojos, como lo hicieron todos los hombres de su regimiento, y avanzaron con paso rápido detrás del batallón Gurka, los cuales gracias a los lentes se los veía avanzado a rápido paso.

El Padre Fabián, Leopoldo y el Cardenal Gallelli, también con sus lentes observaban el desarrollo de las actividades, viendo marchar los hombres dirigirse entusiasticamente, especialmente la Guardia Nobile, a un destino incierto e inesperado. Al desaparecer los hombres tras las formaciones rocosas, los sacerdotes se dirigieron hacia donde estaban los aviones, alrededor de los mismos la guardia Suiza, estaba empujando los vehículos a mano por la rampa, para evitar cualquier ruido que pudiera delatar sus actividades. Y colocándolos en formación para cuando se diera la orden no habría pérdida de un minuto para ponerlos en marcha y dirigirse al valle de los secuestradores. ¡Chiquitita!- Exclamo Fabián.- ¿Donde esta Chiquitita?-recorriendo con la vista por todos lados.- ¿Leopoldo has visto a Chiquitita, Su eminencia?-en voz mas alta se dirigió a los miembros de la Guardia. A lo que todos contestaron con un no.- ¡Dios mío! – Dijo Leopoldo – Donde se ha ido ésta perra, seguro con Alberto y Mario, ella siempre juega con ellos, déjame ver.- ¡Alberto!, ¡Mario!- Llamo por el micrófono – ¡SI!. Mario aquí.- ¿Mario has visto a Chiquitita? ¡Aquí esta al frente de la tropa!......jajajaja dijo con una risa contenida.-

Se que están demasiado lejos ya para enviarla de vuelto.- dijo Fabián.- ¿Por favor, pueden cuidarla lo mas posible? ¡Tú sabes que lo haremos, yo y todos mis hombres! Que Dios los proteja.- Dijo Fabián y corto la comunicación. ¡Padre! – Dijo Alberto dirigiéndose a Mario mientras miraba curiosamente a Chiquitita corriendo con sus cortas patitas siempre a la cabeza del Regimiento.- ¡SI!, hijo.- Contestó. ¿Crees que Chiquitita, sabe que vamos hacia donde esta Su Santidad? – Los dos miraron el pequeño pero fornido animal, con paso seguro sin mirar una sola vez detrás. -Hijo, si no lo sabe, no entiendo el porque, está aquí con nosotros.-

Alberto asintió con su cabeza y mientras caminaba, observo el entorno del desierto, con su desolación y montañas, elevándose con rocas desnudas, solo de vez en cuando unos arbustos, con espinas tan hostiles como todo el medio ambiente que estaban atravesando. La coloración que los lentes le brindaban lo hacían parecer un planeta que nada tenia que ver con la tierra en que el creció y conocía, llena de verdes pastos y jugosas uvas listas para transformarse en los mas finos vinos y laderas cubiertas de olivos.


comparte esta página en: