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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XIII - Cardenales - Los Príncipes de la Iglesia se encontraban en el Vaticano por especial invitación del Papa. Habían dejado sus sedes en los diferentes países en donde actuaban.

Cardenales


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XIII

Reunión de los Cardenales

Los Príncipes de la Iglesia se encontraban en el Vaticano por especial invitación del Papa. Habían dejado sus sedes en los diferentes países en donde actuaban. Estos aquí, atendiendo la reunión de placer y trabajo, informarían luego a aquellos, que no habían podido asistir, de lo conversado en la ocasión.

Después de la misa en la que se impartiera la Sagrada Comunión, el Papa invitó a sus huéspedes a trasladarse a la Sala Regia, adyacente a la Capilla, que se encontraba hoy, decorada en forma diferente. Por instrucciones del Papa, una enorme mesa en el centro de la gran sala, había sido traída especialmente para atender y agasajar con un almuerzo, a 19 Cardenales que representaban otros tantos países, además de 5 Cardenales con sede en el Vaticano.

Los participantes eran: Estados Unidos: Maurice Pierce, Dallas, Texas Francia: Raul Saint Michelle Alemania: Karl Shmidt Canadá: Pierre Sheridan México: Héctor Menabrito Nicaragua: Roberto Mateo Brasil: Juan Carlos Dos Santos Argentina: Julio Peña, España: José L. Muñoz Ara Colombia: Carlos Guillermo Escobar Costa Rica: Jorge Calderon Grecia: Costas Kritzas Bolivia: Fernando Baldeon Chile: José Shultz Rusia: Boris Petrovich Italia: Leonardo Gallelli, Roberto Giuliani, Piero Mussante Giovanni, el mayordomo, se encontraba inmediatamente detrás de la cabecera de la mesa, ayudando al Papa, con su silla.

Cada invitado tenía asignado un servidor que se encontraba inmediatamente detrás de las sillas asignadas a cada uno, para atender los menores deseos de éstos en la mesa. Todos esperaron a las indicaciones del Papa, que con un gesto de sus manos les indicó tomar asiento. Los mismos lo hicieron después de que el Papa tomó el suyo. Esperando unos segundos, después de recorrer con la mirada a todos y cada uno de los participantes, dijo -Queridos hermanos en Cristo, distinguidos Príncipes de nuestra Santa Iglesia. A pesar de que ya nos hemos visto, quiero en estos momentos aprovechar la ocasión, para oficialmente darles la bienvenida al Vaticano.

Quiero también expresarles el agradecimiento que siento, ya que habéis tomado tiempo de vuestras importantes funciones, para atender esta invitación mía, en la cual deseo informaros de nuestras gestiones, y al mismo tiempo recibir sus invalorables consejos, que me ayudarán para el manejo de los asuntos del mundo, referentes a Nuestra Santa Madre Iglesia. -Permítanme ofrecer una oración, bendiciendo nuestra comida. Señor, los que estamos hoy aquí reunidos, buscando la luz que ilumine nuestra razón, para encontrar la paz, que tanto necesitamos. Este mundo, hoy más que nunca convertido en un valle de lágrimas por el dolor de las madres, padres e hijos, inmolados en una lucha sin razón, pretendiéndose que es, por causa de factores religiosos. Te suplicamos humildemente que nos concedas la sabiduría para que la experiencia de nuestra fe, y nuestra Madre Iglesia, que ha conocido en sus comienzos y en su larga vida de 2000 años pueda darnos la solución de los problemas que hoy aquejan al mundo. Bendice Señor nuestra mesa y el pan que vamos a compartir. Conversaciones de todas índoles, se desarrollaban en la mesa, en un ambiente de gran cordialidad.

Las mismas eran ininteligibles para aquellos que no estaban en los pequeños grupos individuales o que se encontraban un poco alejados de los interlocutores. Los sonidos de vasos y cubiertos en la mesa, contribuían un tanto a la confusión. Los invitados se encontraban disfrutando del almuerzo y de encontrarse en la misma mesa compartiendo con el Vicario de Cristo, que había mostrado tanta deferencia por ellos con su especial invitación. Simón, observaba cuidadosamente a los Príncipes de la Iglesia. Todos hombres de gran intelecto y cuyas vidas habían sido continuamente, desde su ordenación como sacerdotes, dedicadas a la Santa Madre Iglesia. Muchos de ellos, estrictamente conservadores de los preceptos enunciados por los sucesivos concilios. Sabía que sus ideas, se verían atacadas por aquellos que deseaban proteger la puridad de las leyes eclesiásticas enunciadas en los cánones de la Iglesia. Lo que estaba preparando, los cambios que sabía debían hacerse encontrarían la oposición de varios de ellos.

Posiblemente Saint Michelle, uno de los pensadores y estudiosos de leyes, autor de varios tratados de derecho Canónigo, sería el más poderoso adversario para establecer cualquier cambio. Roberto Giuliani, el director de la Banca del Vaticano, ultra conservador, también sería un formidable adversario, ya que también era un gran estudioso del Derecho Canónigo y se había opuesto continuamente a cualquier cambio en los principios de la Iglesia. Varios Cardenales podían ser convencidos de volcarse para un lado, o para otro. Esos hombres eran absolutos e íntegros representantes de la Iglesia. Fieles con toda su alma y corazón de la fe que profesaban y convencidos de que sus puntos de vista eran los que Dios requería de cada uno de sus creyentes. Su misión, era poder convencer a esos hombres la necesidad de un cambio. Éste era su único camino. Sabía que, como Papa, su posición sería aceptada como una orden real. Pero debido a su posición y responsabilidad, no podía antagonizar con los miembros más importantes que pudieran crear fuerzas opositoras a la Sagrada Madre Iglesia. En el pasado, grandes divisiones se produjeron por las diferencias de opiniones entre los hombres de profunda fe y deseos de pequeños cambios. Él no podía causar más fricción que la que ya existía, ni arriesgar la más mínima chance de una división en los altos rangos de la Santa Madre Iglesia. Una vez terminado el almuerzo, el Papa invitó a sus huéspedes a pasar a otro lugar de la sala, en donde se encontraban una cantidad de cómodos sillones de cuero, con una pequeña mesa al lado de ellos con servicio para café o te, de acuerdo a las preferencias de los Cardenales. Sobre las mismas, una pequeña tarjeta con el nombre, indicaba en dónde se sentaría cada uno.

Los sillones se hallaban en un semicírculo rodeando al sillón del Papa. Una vez que todos, el Papa y los Príncipes de la Iglesia se acomodaron, los asistentes y el mayordomo, discretamente se retiraron, he hizo su entrada al cuarto Monseñor Travanti, quien tomó una silla a un metro poco más o menos del Papa. Dejó su libro de notas en la silla, y se dirigió hacia donde se encontraban los Príncipes a quienes saludo efusivamente uno por uno, siendo correspondido de la misma manera. Luego de esto, tomó asiento en su lugar. -Hermanos en Cristo –Comenzó a decir el Papa -No hacen dos semanas, me habéis elegido para llenar el profundo vacío, que dejó el anterior Vicario de Cristo. No hay duda en mi mente y creo que tampoco en las vuestras, de que esta acción del Sagrado Colegio de Cardenales, se debe a las circunstancias especiales en que hoy se encuentra el Mundo. Parecería estar a punto de una Guerra Religiosa, aunque no haya ningún grupo religioso involucrado en los hechos actuales. Estamos viendo un fenómeno, en el cual basta invocar los deseos de venganza de un Dios, para que fanáticos religiosos o terroristas se inmolen a sí mismos y a un grupo de personas, con la promesa de unas recompensas para aquellos que mueran en el nombre del Señor. Nadie conoce, el nombre de este Líder que dirige a esos mártires o terroristas, cuyos atentados y propios sacrificios cuestan diariamente un gran número de víctimas en todo el mundo.

Esas vidas deben ser sumadas a otras, que por razones de sequías, o devastadoras tormentas, han convertido a los campos y chacras de todo el mundo, en áridas regiones incapaces de producir el 10% de sus habituales cosechas. Los millones de ganados, se han convertido en escasos miles, y disminuyendo año a año por la incapacidad de alimentarlos o darles el agua necesaria para sobrevivir. La producción de los combustibles fósiles se ha reducido en más de un 50% en pocos años, y el desarrollo de otros motores u otros combustibles no ha sido lo suficientemente rápido para solucionar la crisis, antes de suceder, a pesar que todos los números estaban claros en las oficinas de los ejecutivos y gobiernos de que debían haber actuado con la necesaria anterioridad. -Su Santidad -interrumpió el Cardenal Gulianni. Simón pensó inmediatamente, aquí viene, debo estar preparado. –Sí. Cardenal…

-Si bien es cierto, -continuó Giulianni -somos parte de este mundo, y nuestro deber como miembros de la Santa Madre Iglesia, es brindar confort a los que sufren, no hay nada que podamos hacer. No podemos envolvernos en una guerra, o solucionar los problemas políticos de los cuales no somos parte, o culpables. -Es verdad mi querido Giulianni. El rol de la Santa Madre Iglesia, no es el de luchar en una guerra, ni incitar a sus fieles a combatir. El viejo dicho de “ojo por ojo”, fue descartado por Cristo Nuestro Señor. Pero el hecho de que nuestra Iglesia no tenga un ejército y no esté preparada para una lucha en defensa de nuestros hermanos en Cristo, no implica permanecer inactivos, cuando es necesario nuestra intervención –Simón, como habitualmente lo hacia en su posición de CEO, miraba fijamente a cada uno de los integrantes del Directorio, en este caso a los Cardenales, observando las pequeñas reacciones, con lo cual podía juzgar el efecto de cada una de sus palabras. Podía detectar por movimientos de los ojos, y cambios de expresión en sus labios, imperceptibles para un común observador, el grado de aprobación de cada una de las palabras que pronunciaba.

Decididamente veía que, si bien los Cardenales no estaban totalmente convencidos, había un gran porcentaje de asentimiento. Podía ver que la reticencia de algunos, era debido a la innovación de que la Iglesia, que siempre había actuado como un poder por detrás de las cortinas, se presentara abiertamente como negociadora de una cuestión definitivamente política. Este cambio, traería como consecuencia, otros, para los cuales no había proyecciones. -El conflicto por el cual estamos atravesando, tiene las raíces en la interpretación radical de pasajes en ciertos libros sagrados, y la historia de luchas para infundir e implantar las religiones usando la fuerza de las armas y el temor. Esos son los precedentes que se están tratando de implementar ahora. No podemos negar, al analizar las causas y efectos del conflicto actual, que los mismos son la ambición desmedida, de los modernos métodos de negocios con un desmedido culto al dinero y poder, junto con una política, basada en el engrandecimiento del poder de los países considerados de primer mundo, sin contemplar las necesidades mínimas de aquellos del segundo y tercer mundo. Estamos viendo que, en cierta forma, nuestra moderna sociedad se está volviendo más y más, una moderna sociedad feudal, en la cual los barones y nobles de antaño, son hoy los CEO y CFO de la corporaciones gigantescas, cuya única meta es conseguir una enorme hoja financiera al final del cuarto periodo.

Los accionistas de hoy, son los que llamaríamos los nobles en la vieja sociedad. Son lo suficientemente ricos para vivir de sus intereses, pero no lo suficiente para poseer estados palaciegos. Si bien es cierto que el mundo, hace unos pocos años, alcanzó grandes niveles de autosuficiencia, la presente crisis fue causada por el abuso de dos siglos de envenenamiento, sin pensar en las consecuencias que el gran desarrollo industrial provocaría en las capas de la atmósfera. Nos encontramos ahora con que, no solo las poblaciones que ya hace siglos eran extremadamente pobres están sufriendo los efectos de un clima duro, sino que, aquellas que gozaban de enormes caudales de agua y tierras fértiles, son ahora paramos de aridez y sus tierras, calcinadas, exhiben las carcasas de los animales muertos de hambre y de sed. Esa pobreza existe, ya sea por la falta de los recursos naturales, o de la ayuda necesaria para impedirla. Estos problemas, que fueron vaticinados con amplio tiempo, fueron a los oídos sordos de un mundo demasiado ocupado en la obtención del confort sin límite, y las soluciones nunca fueron implementadas.

-Lo que yo propongo, y estoy tomando las medidas necesarias para hacerlo, es que es hora de que nuestra Iglesia tome el toro por los cuernos y nos entrevistemos con las fuerzas radicales terroristas y comencemos un diálogo que tarde o temprano nos llevará a un acuerdo. El conflicto, al menos esta violencia y tribulaciones, son de origen religioso. Ya que ciertos grupos culpan a nuestra religión, y siendo los líderes de estos grupos hombres extremadamente religiosos, que creen sin duda alguna en esos conceptos, no importa cuán equivocados se encuentren, podemos decir que el conflicto tiene raíces religiosas. Es necesario que sea declarado un armisticio cesando los ataques y que los problemas existentes sean analizados y que se implementen soluciones para lograr que nuestro siglo sea uno de paz y cooperación entre todo los hombres bajo la sombrilla protectora de Dios. –Simón nuevamente hizo una pausa mirando los hombres a su alrededor y vio en algunos expresiones de aprobación, aunque con ciertas reticencias. Otros, como el Cardenal Giulianni y Saint Michelle, hacían gestos negativos con su cabeza expresando su desaprobación. -Cardenal Giulianni -preguntó el Papa -Usted ¿No se encuentra cómodo con mis palabras y mi planteamiento de los hechos, o la solución del problema?

-Su Santidad, si me permite expresarme libremente… -Contestó Giulianni. -¡Por favor! -Contestó el Papa. -En principio, el problema es, en síntesis, el que usted tan elocuentemente ha planteado. Pero la solución de que la Iglesia se envuelva en el mundo temporal no es, en mi humilde opinión, un asunto en el cual La Sagrada Madre Iglesia debe ocuparse. -dijo Giulianni –Estas crisis son el resultado, como usted lo expresara, de malas políticas, deseos de poder mas allá de los limites de la ambición natural totalmente desmedidas, sin pensar en las consecuencias de actos contrarios a las leyes naturales. ¿No son estos poderes, quienes deben reconocer sus errores y reparar los daños causados? Además su Santidad, parecería que usted quiere que la Iglesia, que no tiene parte en la existencia de la pobreza, ni en la política del mundo, asuma una responsabilidad financiera para solucionar el conflicto. Parecería como si pagáramos un chantaje a ciertas sectas religiosas, para impedir los ataques. -El Papa permaneció en silencio unos minutos, observando la reacción de los presentes. Pudo juzgar que los argumentos de Giulianni, no eran tan fuertes como para hacer que la balanza de opiniones se volcara en su favor, y luego dijo –Si, en cierto sentido parecería que ello es así. Pero les diré, ustedes sabían muy bien cuando me eligieron, que mi fortuna personal, excede los tesoros de algunos países, y que ella, será usada dentro de lo posible, para aliviar el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos Cristianos, Mahometanos, Budistas, etc. Si ello no fuese suficiente, creo que las riquezas de Nuestra Sagrada Madre Iglesia, deberán colaborar en la medida que su capacidad permita, para resolver problemas como construcción de represas, diques, transportes, préstamos para producción, semillas, maquinarias agrícolas, fábricas, escuelas etc.

Tenemos un caudal de mentes en el cuerpo religioso, cuya vocación de sacrificio los pondrá en camino a ayudar al mundo, al mismo tiempo que se ayudarán ellos a reafirmar su fe en la profesión que han elegido. El mundo está esperando la capacidad de sus líderes para brindar ayuda en donde la ayuda es necesaria. Puede estar seguro Giuliani, de que nuestra Madre Iglesia saldrá mucho más fuerte y más Santa, al brindar ayuda a aquellos hermanos que la necesitan. -El Papa vio ahora inequívocos signos en los rostros de la mayoría. Contaba con la aprobación de la mayoría de los asistentes. -Pero su Santidad… -continuó Giuliani -Los bienes de la Iglesia no pueden ser tocados. -Querido Giuliani -Continuó el Papa -La Iglesia no tiene bienes para guardar. Todo aquellos bienes que hay acumulados, son en base a las limosnas que han sido dadas, de acuerdo a las posibilidades financieras de las diferentes personas, como tributo a Dios. Ya que Dios no pertenece a este mundo, la Iglesia los guarda, para usarlos haciendo la obra de Dios en la Tierra. -Pero su Santidad -Protestó Giuliani otra vez esta vez seguido por Saint Michelle, y Pireo Mussante, este ultimo Director Financiero del Vaticano -¡Usted no puede dar el dinero, pertenece a la Iglesia!

-Yo soy el Papa -Contestó Simón con firmeza, y continuó -Ustedes eligieron un Papa que sabe de préstamos, uniones de compañías, colaterales, construcción de empresas. Ustedes y el poder Divino actuando en ustedes me eligieron para un fin. Dios me guiará para establecer la paz que este mundo necesita. Me guiará a mí y a ustedes, como lo ha hecho por los últimos dos mil años. Hoy tenemos una oportunidad sin precedentes para lograr una unidad religiosa, o el principio de una unidad religiosa con todas las existentes. Durante los últimos cientos de años, fueron forzadas separaciones por causas que todos conocemos. Debemos usar esa experiencia y no cerrar nuestras mentes, almas y corazones. Debemos encontrar aquello que nos une, y descartar los antagonismos. No voy a tratar de decirles que lo que vamos a hacer es simple, pero nuestra fe nos dará la fuerza y el destino la oportunidad y Dios nos cubrirá con su manto. Escuchad las palabras de Nuestro Señor, recordadas por Mateo:

“Tu no puedes servir a Dios y a las riquezas de este mundo”. Giuliani, Saint Michelle y Mussante, permanecieron en silencio, con una sonrisa forzada, pero con movimientos de su cabeza en negación de lo expresado por el Papa. -Su Santidad -Dijo el Cardenal Pierce, de Dallas -El Vaticano tiene en su colección de obras de arte, la mayor cantidad de las obras representando a los Dioses Paganos de religiones desaparecidas. Muchos fieles resienten que se encuentren en posesión de la Iglesia Católica y compartiendo el espacio con las que representan nuestra fe. Tal vez, esas obras deberían ser enviadas en venta a otros museos que no tengan conflictos con la fe de Nuestra Iglesia. Yo creo que el Vaticano podría disponer de las mismas.

-Mi querido Cardenal Pierce -Contestó el Papa -Ya el poeta Cristiano Prudentius en el siglo IV dijo de este sujeto, si mal no recuerdo, “Dejad a las estatuas como meras obras de arte”. El trabajo de los grandes maestros, como tales, constituyen un gran ornamento a nuestra ciudad. Los Papas fueron patronos y protectores de las artes y se prestó suma atención a las antigüedades y objetos artísticos. La Santa Iglesia ha acumulado esos objetos para su protección y la perpetuación de la cultura y la estética belleza Paganas y Cristiana. Si bien es cierto que los Papas no fueron los primeros en establecer museos, han servido para que otros gobiernos, como imitación, crearan institutos e instituciones y han hecho un gran servicio a las poblaciones del mundo en el refinamiento del gusto artístico. -Lo entiendo su Santidad, solo expresaba una idea, en caso de que la necesidad llegue de tener que sacrificar algo, para el beneficio del bien común. -Gracias Cardenal Pierce será tomado en cuenta. -Contestó el Papa.

-Su Santidad –Intercedió el Cardenal Leonardo Gallelli, miembro de la Comisión Bancaria del Vaticano, que hasta entonces se había mantenido en silencio. Se lo conocía por su oposición a ciertos cambios en la Iglesia, pero era liberal en lo referente al celibato de los sacerdotes, y a favor de algunos cambios que esperaba este Papa, pudiera aprobarlos durante el curso de su reinado. -Usted esta pensando en financiar, reconstrucciones de países, infraestructuras, construcción de nuevas y modernas industrias, en una escala nunca vista, mientras que los países industrializados, esperan en las sombras listos para recoger los frutos que no plantaron y siendo los culpables de la situación. -Mi estimado Leonardo -El Papa se dirigió al cardenal Gallelli, con gran deferencia, ya que lo conocía desde hacía muchos años. Lo conoció durante la construcción de algunas de sus obras en Etiopía, en las cuales en la oportunidad le ofreció toda la ayuda necesaria del Banco para financiar los proyectos. -Todavía me es difícil separar el hombre de negocios, que fui hace unas semanas, de la posición que ocupo hoy en día. Debemos llegar primero a un acuerdo con los grupos que están causando la población mundial vivir en estado de pánico. Una vez hecho esto, los dineros, vendrán de Wall Street, el Grupo de los 7 Países Industrializados y de la Reserva Federal Americana. Nosotros solo daremos los colaterales necesarios, para obtener préstamos a largo plazo, que serán finalmente pagados por los países que los reciban.

Estas obras a construirse, serán estudiadas y avaladas por contratos. Las escuelas de artes y oficios prepararán a las poblaciones para la instalación de las industrias, y la mano de obra necesaria en aquellos países que han carecido hasta ahora de un pueblo entrenado técnicamente para competir en el mundo moderno. -Su Santidad -Siguió el cardenal Gallelli -Cuando usted dice “negociar con terroristas”… -Cristo escucho al Diablo en persona ofrecerle todos los reinos de la tierra. -Contestó Simón con una sonrisa picaresca en su rostro. – ¿Por qué no voy a escuchar yo a un simple terrorista, que es un ser humano, y está convencido de que sus actos han sido comandados por Dios? -El cardenal Gallelli, con el mismo tipo de sonrisa en su rostro le contestó. –Primeramente su Santidad, una reunión con esos criminales es muy peligrosa y no creo que el vicario de Cristo en la tierra debe tomar un riego innecesario. -Todos los participantes asintieron con un movimiento afirmativo de sus cabezas y con monosílabos que expresaban su aprobación en las palabras del cardenal Gallelli.

-Mis queridos hermanos en Cristo. –contestó -Quiero que descansen tranquilos, mensajeros de diferente naturaleza han sido enviados a los efectos de tratar de organizar un encuentro, en el cual se tratará una agenda determinada y las bases de un acuerdo. Les aseguro que no tomaré riesgos innecesarios, pero bajo ningún concepto eludiré la responsabilidad de estar presente en donde sea requerido. Nuestra Iglesia debe ser representada y participar en los eventos que ayuden a encontrar una paz duradera en nuestro presente siglo y aquellos que lo sigan. A este punto, varios de los Cardenales querían entrar en la animada conversación ya sea levantando sus manos o su voz para lograr la atención del Papa. Esta era el punto al que el viejo Simon Rosental, deseaba llegar. Cuando el interés de los presentes se despertara, y el flujo de ideas flotaría antes de llegar a un total acuerdo. No importaba cuál fuera, lo importante para Simón, era conseguir la atención y el libre intercambio de pensamientos. -Si, Cardenal Sheridan -Dijo el Papa, señalando al mismo. Pierre Sheridan, uno de los más ancianos miembros del Colegio, con 83 años de edad, un físico robusto y atlético para sus años. Su rostro casi libre de arrugas no demostraba su edad, excepto por su sedosa cabellera totalmente blanca, a la que prestaba, indudablemente, gran cuidado. 1.80 de estatura, y uno de los miembros más conservadores entre los Cardenales.

Se oponía ferozmente al movimiento de terminar el celibato del Sacerdocio. Su posición era indudablemente la misma que la de Giulianni. -Su Santidad ¿puede usted decirnos algo más sobre los medios que está usted usando para contactar a los terroristas? Y, una vez hecho esto, y suponiendo que se consiguiera tal reunión. ¿Quiénes serian los encargados de negociar? ¿Y qué es, lo que bajo su punto de vista, La Santa Madre Iglesia, tendría que aportar? Y, si tuviera que pagar, ¿Cuál sería la racionalidad de ello? -Sheridan se detuvo, esperando que el Papa contestara sus preguntas, las mismas, ya habían sido contestadas en el transcurso de la reunión. Simón veía que el Cardenal volvía a tratar de insistir en el concepto de pagar a los terroristas. Esto era algo que Simón no podía permitir que permaneciera en la mente de los presentes, porque ello estaba muy lejos de sus pensamientos. Debía asegurarse de que comprendan que el rol que la Iglesia tendría era solo el de conseguir una unidad entre las religiones y no para formar una Iglesia. Que cada una conservaría su propia individualidad y su particular forma de adorar al Señor y que todas actuarían sobre una base de mutuo respeto, sin las confrontaciones que estaban causando estas tribulaciones en todo el mundo.

-Cardenal Sheridan -El Papa se dirigió al Cardenal, teniendo especial cuidado de dirigir sus ojos, sin pestañear hacia el y mostrando una sonrisa amable pero definitivamente queriendo causar impresión con sus palabras. Las mismas estaban dirigidas para hacer impacto no solo en su interlocutor, sino en la totalidad de la audiencia -Quiero especialmente puntualizar, como lo he dicho anteriormente, que cuando digo que la Iglesia ayudará a países y poblaciones, y creí haber sido muy claro en ello, que esa ayuda económica no implica el pago de rescates o chantajes para impedir asesinatos, o el martirio de niños que convencidos de que su sacrificio es algo que el Señor requiere de ellos, se inmolan diariamente en tiendas, bancos y lugares de oración. Esos inocentes son casi comparables a los fieles Cristianos de la antigüedad que preferían enfrentar a las fieras del circo, antes que negar a Cristo. Estos niños inocentes, no son imputables ante Dios por sus crímenes. Lo son sí, ante las leyes humanas. Pero las mismas no pueden juzgarlos, ya que no están más en este mundo. Aquellos que los han enviado, sí son responsables, pero también sus pensamientos están desviados por el celo religioso que tienen y el radicalismo con que se han educado. Lo que nos pone, como hombres de Dios, en la difícil posición de definir la culpabilidad de los actos de alguien que actúa bajo el convencimiento absoluto de que esta haciendo la voluntad de Dios.

Sabemos que ante las leyes humanas, descartando sus creencias ellos son culpables y merecen que se les aplique todo el peso de la ley. Pero ante nosotros, Cardenal Sheridan, mis queridos hermanos, miembros del principado de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana. ¿No debemos dejar ese Juicio a nuestro Señor? Y en el ínterin ¿No es nuestra obligación tratar de razonar y hacerles ver la verdad? Sé que no es una senda fácil a seguir, pero los pasos del Señor, nunca los son. Esos niños y esos terroristas son el producto de una sociedad sin esperanzas. Incapaces de poder progresar en sus vidas, sin educación, sin preparación, incapaces de soñar con un futuro, porque ningún futuro existe para soñar con él. Su horizonte es un vasto desierto que cada vez se extiende más y más, no solo en el mundo físico del Sahara y el Gobi y los nuevos que están formándose en el planeta. – Simón hizo una breve pausa, para poner el énfasis necesario en la ultima frase. –Sino en sus vidas. Ustedes dicen bien cuando dicen que no es la culpa de la Madre Iglesia, u otras religiones, pero las consecuencias están aquí, palpables, reales, ¿Y a quién tienen los seres humanos para poner sus esperanzas? ¿Al Dios que le enseñamos a adorar, y esperar sus bendiciones? ¿Podemos dejarlos abandonadas a las mismas y nosotros no hacer lo que podemos para ayudarlos en esta crisis? ¿Cuál es el bien de las riquezas y las obras de arte, todo el oro y los diamantes del mundo, en una tierra llena de muerte y desolación? Las riquezas pueden ser recuperadas, amasadas y aumentadas. Las vidas humanas son sagradas porque ellas han sido dadas por el Señor. Son el mayor milagro de la creación y es nuestro deber proteger la obra del Señor, con toda nuestra fuerza, con toda nuestra fe. Hace dos mil años un bebé nació en un pobre pesebre, con pasto seco como colchón para recibir su delicada piel. ¿Quieren ser ustedes quienes le digan a Él, que debemos proteger las riquezas de su Iglesia, para las cuales Él no tiene uso, y que más bebés deben nacer en esas condiciones? ¿Que en dos mil años no hemos aprendidos a eliminar la pobreza, y que hoy no queremos mover nuestras manos, nuestra mente, nuestro espíritu para elevar las condiciones de vida de este planeta deterioradas por la ambición y deseos de un poder temporal y que nuestra Santa Madre Iglesia, no quiere arriesgar la vida de su pastor?

Nuestro Señor no huyó ni buscó refugio cuando se presentó ante Poncio Pilatos. ¿Por qué yo debería temer a un simple terrorista? Él nos dio su ejemplo, y ahora estamos bajo su protección. -Simón podía ver que el efecto causado por sus palabras despertaba un interés en los miembros del colegio, incluso los tres Cardenales que estaban en contra de las ideas del Papa, mostraban ahora una expresión más interesada y menos seria a la que exhibían hace unos minutos. Continuó diciendo -Y con respecto a las medidas que estamos empleando para contactar a los grupos terroristas, ustedes habrán notado un grupo inusual de sacerdotes, viajando a todas las regiones del mundo. Generalmente acompañados por clérigos Musulmanes, viajando a los países árabes. Estos últimos tienen ciertos contactos con los que esperamos tener alguna reunión en breve. -Su Santidad -Interrumpió el Cardenal Julio Peña, de Argentina. El Cardenal Peña, doctorado en filosofía y experto en literatura, historia Antigua Romana y Griega, era un miembro reciente de los Príncipes de la Iglesia, habiendo ingresado al Colegio de Cardenales hacía solo 2 años, nombrado por el Papa anterior. Gozaba de muy buena reputación entre el grupo, en gran parte debida a sus conocimientos del idioma Latín en el cual había escrito varios libros y realizado traducciones de antiguos textos. Hasta ahora se había mantenido en un silencio no habitual en él -Sé que lo que estamos haciendo, es totalmente inusual para sacerdotes y miembros de los grupos religiosos, a pesar de que nuestra historia está llena de ejemplos en los que muchos de nuestros Papas, han tenido que “tomar el toro por las astas” en más de una ocasión.

En estos momentos, Su Santidad, quiero que sepa que tanto yo como el Colegio de Cardenales, y estoy seguro de que todo el clero piensa así, que no seremos nosotros los que quisiéramos explicar al Bebé nacido en Belén que permaneceremos esperando mientras el mundo dirige sus plegarias al Señor, por cualquier nombre que lo conozcan. Y si hay algo que cualquiera de nosotros pueda hacer para colaborar con usted para aliviar la carga que está llevando en vuestros hombros, no vacile en asignarnos aquello que considere conveniente. -Y prosiguió con una voz emocionada. -Queremos expresarle que el Colegio de Cardenales, piensa que es usted el hombre que Dios ha elegido por nuestro intermedio, sin ninguna duda, para manejar las riendas de su Iglesia, en esta época de tribulaciones. Que usted como Vicario de Cristo, es el digno sucesor de Pedro.

-Era indudable que la mayor parte de los Cardenales habían estado conversando y habían elegido al Cardenal Peña, para mostrar solidaridad con el Papa y sus ideas. Así lo comprendió Simón, quien visiblemente emocionado por la prueba de lealtad y afecto, que verdaderamente no esperaba en esta fecha tan cercana a su nominación, luego de una corta pausa retomó su palabra. -Muchas gracias Julio. Quiero que sepan, que cada uno de mis actos es tomado después de las más profundas oraciones pidiendo a nuestro Señor la sabiduría necesaria y que la inspiración divina guíen mis acciones. Y les agradezco con todo mi corazón esta prueba de afecto y confianza en la habilidad que el Señor me ha dado. Sé que con vuestra ayuda, vuestra fe, y nuestros esfuerzos combinados, no hay nada que no podamos alcanzar. A pesar de todo el apoyo de la mayoría de los Cardenales, Simón sabía que había muchos más que necesitaban convencerse de la necesidad de sus acciones. Como Papa, era la máxima autoridad en la Iglesia Católica y sus decisiones serían aceptadas por todos los miembros sin discusiones, pero era mucho más simple gobernar con la aprobación de todos, especialmente de Los Príncipes de la Iglesia. Monseñor Travanti, dejó su silla desde donde había tomado nota detallada de lo ocurrido en la reunión y se acercó al Papa para informarle acerca de la necesidad del Cardenal Peña de dejar la reunión más temprano para alcanzar a tiempo al avión que lo llevaría a Argentina.

El Papa con un gesto de su mano, pidió al Cardenal Peña que se acercara. Una vez hecho esto ante la mirada de todos con un gesto amistoso le preguntó. -Querido Julio, sé que tienes que irte esta noche temprano, si quieres ir a completar tus preparativos, tienes la completa libertad para hacerlo. Según me han dicho estabas pronto a tomar unas merecidas vacaciones cuando, por mi culpa, te sacaron de Rosario poco antes de salir para un viaje de descanso a un encantador valle en la cordillera, cerca de Bariloche a…. al… -A El Bolsón su Santidad -Completó el Cardenal Peña. Mi padre solía tener una farmacia allí, Farmacia Austral. -La pesca debe ser buenísima por allá, adoro esas truchas! -Son excelentes su Santidad, pero ahora no es la temporada. Es un tanto frío en estos meses, pero tengo una cabaña en las montañas donde la soledad y la belleza del entorno, me hacen mucho bien para meditar, escribir y visitar a viejos amigos. -Bueno si necesitas salir ya, déjame agradecerte nuevamente tu presencia aquí, y espero que disfrutes de tus merecidas vacaciones. Tendremos bastante en qué mantenerte ocupado a tu retorno.

-Muchas Gracias su Santidad. -Se inclinó para besar el anillo del Papa. Dirigiéndose hacia las puertas, se dio vuelta para ofrecer un saludo al resto de los presentes.


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