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Pedro II El Romano - El Ultimo Papa? - Capítulo XXXIII - Al Aeropuerto - Leopoldo y Fabián se encontraban en el despacho Papal, Chiquitita de vuelta de su paseo, se encontraba en su colchoncito, debajo del escritorio de su Santidad, observando los dos sacerdotes mientras comentaban los sucesos ocurridos durante el día.

Al Aeropuerto


Pedro II El Romano - El Ultimo Papa...?

Capítulo XXXIII

Chiquitita en el Aeropuerto

Leopoldo y Fabián se encontraban en el despacho Papal, Chiquitita de vuelta de su paseo, se encontraba en su colchoncito, debajo del escritorio de su Santidad, observando los dos sacerdotes mientras comentaban los sucesos ocurridos durante el día.

Su eminencia.- dijo Fabián.- ¿Está usted seguro que quiere ir con nosotros?, será una misión muy peligrosa.- Padre Fabián.- Contestó.- Lo sé pero es mi deber estar con su Santidad, no pude acompañarlo por las exigencias del secreto que rodeaba la reunión, pero ahora debo estar con él y llevar la copia de todos los documentos que llevaba, en caso que los mismos han sido destruidos. O perdidos durante el secuestro. Las puertas del despacho se abrieron y Georgio el mayordomo, se introdujo informando a los dos sacerdotes que el vehículo que los conduciría al aeropuerto se encontraba ya esperándolos en las cocheras del Vaticano.

Rápidamente ambos sacerdotes hicieron una inspección visual, para cerciorarse que no olvidaban nada, Giovanni tomo las dos maletas y rápidamente salio del cuarto con las mismas, mientras hacia esto, Chiquitita, escurriéndose sin ser notadas y siguió a Giovanni ocultándose detrás de las mesas y muebles que adornaban los corredores, adelantándose a él cuando dejo el equipaje en el suelo para abrir la puerta de las escaleras, una vez abajo parándose en sus dos patas traseras empujo la puerta, que se abrió al ejercer presión. Una vez en las cocheras, se oculto detrás de uno de los automóviles estacionados y siguió a Georgio al salir de las escaleras, hasta ver el automóvil en el cual el chofer, le ayudo a poner las valijas, dejando la puerta del frente abierta, lo cual fue aprovechado para que Chiquitita se escurriera en el asiento delantero acostándose en el mismo.

Una vez que llegaron ambos sacerdotes y su equipaje fuera acomodado en el baúl de la limousine, bajo la atenta mirada de los sacerdotes que querían asegurarse que los documentos y sus ropas para varios días se encontraban incluidas, una vez asegurados que todo estaba en orden, estos se acomodaron en el asiento trasero, y el chofer mirando a Chiquitita, que parecía dormir placidamente, sin pensar que nada extraño ocurría, ya todos conocían a la perra como la mascota del Papa y nadie prestaba atención a su presencia en todos los corredores y salas del Vaticano y sus alrededores, asi que palmeo su cabeza y poniendo en marcha el vehiculo se dirigió al Aeropuerto

La limousine que conducía a Fabián y Leopoldo, una vez pasado la inspección de la entrada, se dirigió a los últimos hangares de la pista, se detuvo en uno de ellos que parecía una fabrica, llena de operarios, que se movían como hormigas, tratando de completar el trabajo. Otros como los miembros de la Guardia suiza con sus coloridos Uniformes y los miembros de la guardia Nobile, entrando sus caballos por la rampa abierta de uno de los aparatos, una vez acomodados en los improvisados corrales de tubos metálicos, los mismos estaban siendo equipados con unos zapatos de goma que les permitirían caminar sin ruidos por las partes rocosas del desierto.

Los vehículos, jeeps, Hummvees, y los dos Tanques Bradleys, se encontraban ya en los C-130 Anthony y sus hombres se encontraban fuera de los hangares, y dos de los C-130 se encontraban en la pista, preparando los últimos toques para despegar. La limousine se detuvo cerca de donde se encontraba Anthony y sus hombres, entre ellos se encontraban Dennis Ensor y Juan Carlos Olmedo, los reporteros de New York Times, Los dos sacerdotes se acercaron a donde estos se encontraban.

Juan Carlos.- Exclamo el Padre Fabián.- Que haces aquí Ya lo ve Padre, pretendiendo ser un periodista.- Estoy encantado de verte.-dijo, Fabián mientras lo estrechaba en un fuerte abrazo. Leopoldo, este es Juan Carlos, uno de mis parricionarios en Nicaragua.- continuo Fabián, dirigiéndose a Leopoldo, el cual estrecho firmemente la mano de Juan Carlos.- Mientras estaban allí cambiando impresiones, Anthony vio que ya debían ascender al avión privado de una de las Industries de Simon y dándoles un fuerte apretón de manos a los sacerdotes, Dennis y Juan Carlos, corrió a rápidos pasos hacia aparato. Pocos minutos después, El avión privado despegaba ante la mirada de los miembros de la guardia suiza, el escuadrón de Gurkas, al comando de dos oficiales Ingleses y varios miembros CIA voluntarios.

Una vez en el aire, continuaron rápidamente los trabajos de cargar y asegurar el equipo que llevarían al desierto. Chiquitita, aprovechando que la atención de todos se encontraba en el desarrollo de la infinidad de tareas, desde su escondite bajo del automóvil y olfateando el aire, se dirigió al lugar donde se estaban acomodando a los caballos, allí se encontró con el Príncipe Alberto, el cual solía acariciarla y jugar con ella en las caballerizas. Chiquitita, vienes con nosotros le dijo.- a lo que esta pareció contestarle afirmativamente con un corto ladrido.- El príncipe continúo atendiendo sus caballos, mientras Chiquitita busco un lugar donde ocultarse nuevamente y pasar desapercibida.

Una hora mas tarde con todos los equipos y hombres en los aviones, uno tras otro los tres C-130, remontaron vuelo desde el Aeropuerto de Fumichino, hacia el desierto de Jabal al Nusairiyah. El punto de aterrizaje se encuentra a menos de diez kilómetros del emplazamiento de la cueva, en un pequeño Valle, que tiene una pista natural de más de Trescientos metros más que suficiente para el aterrizaje del C-130. Todos los hombres de la guardia Nobile, se encontraban en un solo aparato donde llevaban los caballos, algunos hombres de la Guardia Suiza y los Tres sacerdotes, Fabián Leopoldo y el Cardenal Gallelli que había llegado con unos pocos minutos para la salida.

Todos se encontraban a bordo del el aparato militar, sentados en largos asientos mirando hacia la cola del aparato y ello producía una extraña sensación. Además el sonido de los motores a hélices con su monótono sonido y ningún movimiento, parecía que el aparato no había despegado, la falta de ventanillas en el mismo contribuyan en no menor grado a la sensación de inmovilidad del aparato, muchos se dirigían hacia el frente de aparato en que se encontraban las únicas ventanas para asegurarse que estaban volando. Llevaban más de media hora de vuelo, cuando la atención de Fabián y Leopoldo se dirigió a un murmullo y pequeños gritos de la guardia Nobile, y los guardias suizos,

¡Chiquitita! Chiquitita.- Decían mientras ella avanzaba entre las filas de asientos, buscando a los sacerdotes, a los que pronto encontró, moviéndole la cola en señal de alegría. Aunque ambos se tomaban la cabeza en señal de desesperación. ¿Como es posible?- Decía Fabián.-que te encuentres aquí, ¡Dios mío, si algo te ocurre como le explico a su Santidad!

De la manera que su Santidad quiere a ese animalito.- Exclamo Leopoldo.- No será fácil, pero nada podemos hacer ahora, más que tomar el mayor cuidado posible. ¡SI!-Intercedió el Cardenal Gallelli.- El animal está aquí y no podemos hacer nada, recemos que nada le ocurra.-

Como no todos los asientos estaban ocupados, y había uno junto a Leopoldo, este dio unos golpes con la palma de su mano en el asiento al mismo tiempo que hacia un gesto para que Chiquitita lo ocupara y ésta inmediatamente lo hizo, durmiéndose inmediatamente.


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