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Instantes - Regresando a casa - capítulo IV - ¿Por donde empezar? Creo que lo mejor es ir a la universidad donde Saúl estudió, probablemente guarden registros de contemporáneos de él.

Regresando a casa


Instantes

Capítulo IV

Regresando a casa**

Han pasado más de 4 horas de viaje, se le ve al comandante del policía, algo cansado. No obstante en su corazón intuitivo, sabe que sigue prendida esa llama, esa chispa que le dice que hay algo en ese lugar, probablemente sea la llave que va a abrir el baúl de las respuestas que tanto ha buscado desde hacía tiempo para con su hermano como ahora con estos chicos.

  • Veo que ha cambiado mucho la ciudad, este boulevard es nuevo, cuanto comercio, las avenidas son muy grandes,  ha pasado tanto tiempo, cuando mi madre y yo nos decidimos mudar desde lo que le pasó a Saúl, nunca regresamos, ni quisimos mover más la investigación, bueno, de hecho no había dinero para hacerlo, y cuando lo hubo , no hubo ganas para hacerla, creo que mi madre y yo siempre quisimos dejar las cosas como estaban, pero ahora el tiempo me ha alcanzado, ¿Por donde empezar? Creo que lo mejor es ir a la universidad donde Saúl estudió, probablemente guarden registros de contemporáneos de él.

Así, inmediatamente, el decidido comandante de policía, se dirige a la universidad, donde alguna vez estudió su hermano. Una vez que estacionó su carro en el estacionamiento universitario, todo era nuevo para él; inclusive se vio en la necesidad de consultar el mapa del lugar, ahora ya no era un simple complejo universitario, ahora se hacía llamar el lugar ciudad universitaria y vaya que ese sobre nombre era el idóneo, había doce edificios para estudio, una gran cafetería, unidad deportiva, sección de gimnasio y el nuevo e imponente edificio administrativo, el cual era el objetivo de Héctor.

-Señorita.

-Si, dígame, Señor ¿En que lo puedo ayudar?

-Soy jefe del departamento de policía de la ciudad de …

  • Oiga, espere un momento, ¿acaso usted es?

  • Si, soy el encargado de la investigación del caso “Ángeles dormidos”

-Dígame, ¿Pero que hace acá?

-Necesito, todos los registros de los estudiantes que estuvieron con mi hermano, el es clase 78 matrícula de estudio 890798.

-Señor pero son tantos registros que recibimos y ya pasó mucho tiempo por la fecha que maneja y se han ido quemando, déjeme ver que puedo encontrar.

-Se lo agradecería muchísimo señorita.

Pasó más de media hora, y la secretaria del colegio no regresaba, Héctor, no sabía que hacer, estaba perdiendo la calma, sabía que de no tener información  el caso estaría exactamente como cuando empezó.

-Señor Héctor, Mire lo lamento, los registros fueron quemados; solo quedan  estos anuarios con fotos.  Aunque ¿Sabe algo? aquí hay algo extraño.

-¿A que se refiere con eso señorita?

-Verá, por ley todos los archivos tienen que estar en bodega por 50 años y la caja del año de la generación de su hermano es la única que esta marcada como borrada por haber cumplido fecha de retiro de bodega, lo cual no debió suceder, ya que no han pasado más de 50 años.

-¿Y no sabe quien dio esa orden?

-Eso fue lo que inmediatamente busqué, por eso me dilaté de más y no hay nadie que haya firmado esa orden. De hecho no hay ni el registro de quien fue la persona que ejecutó dicho proceso, ya que como son documentos legales todo tiene que estar muy bien documentado.

-Mmmm, esto me huele muy mal.

.-Lo sé señor, lo máximo que pude hacer por usted son los anuarios, tenga aquí están, si quiere otra información, puede hacer una cita con mi jefe, aunque no creo que haya mucha diferencia, solo hay una bodega aquí.

-Bueno peor es nada, gracias señorita se lo agradezco.

No de muy buena moral, Héctor se disponía darle una hojeada a los anuarios, en una banca del parque que se ubicaba cerca de la universidad, con la esperanza de que estuviera ahí alguna pista del caso.

Bueno vamos a ver que tenemos acá, solo es un anuario, la verdad, no quisiera abrirlos, me traería tan malos recuerdos el ver a Saúl una vez más. ¡Ya sé! Quizás pueda reconocer a su novia, vamos a ver.  Mmmmmm todas son tan diferentes, no lo puedo creer, si almenos Saúl me hubiera dado más pistas , algún indicio ¡Diablos esto no sirvió de nada!.

Se tomó las manos a la cabeza el comandante, y se agachó un poco, en esa banca solitaria del parque, cuando de repente en su mente, comenzó a llegarle ese recuerdo, de cuando eran niños.

  • Bueno ahora que lo dices su mirada es algo … m m m …no lo se,  rara, hay algo raro en su mirada, no se como explicártelo , bueno además hay otra chica de mi salón que me gusta, su nombre es Valeria, va en mi salón y se apellida igual que nosotros, es curioso no lo crees, si ella me hiciera caso dejaría a esta que esta que es mi novia, pero bueno esas cosas no se hacen cebolla, no sigas ese ejemplo de mi.

-Es cierto, Saúl dijo que había una chica, en su año, que se llamaba Valeria y que tenía nuestros mismos apellidos. Vamos a ver.

Ansiosamente, Héctor pasa, hoja por hoja, buscando la foto de su hermano.

  • Lo tengo, acá está, ella es Valeria.

Sin pensarlo, dos veces, Héctor le habla a su asistente.

-Laura, por favor te voy a dar unos datos investígame, donde trabaja, quien es, estado civil, número de seguro social, lo que sea.

-Señor, me tiene preocupado, ¿Está usted bien?

-Si, claro que estoy bien, toma lápiz y papel y anota el siguiente nombre.

Héctor, lo sabía, ahí estaba, tan ansiada clave, era Valeria, ella sabría  almenos, un poco más de con que amigos frecuentaba Saúl. Y si ella era quien pretendía su amor, seguramente ella sabría el nombre de su novia. Una sensación de esperanza lo inundó , lo llenaba, ansiosamente esperaba que le devolvieran la llamada para que se diera manos a la obra en buscarla; pasaron poco más de media hora, tiempo que para el comandante de la policía parecía una eternidad, cuando de repente un sonido peculiar, conocido  y una serie de luces destellaban de su bolso, era su teléfono móvil, en el identificador, con suma alegría reflejada en su rostro como un niño cuando le dan un regalo, vio que era el número de su oficina. 

-Laura , si dime, estoy listo para apuntar, dime.

-Señor, siento tener que darle estas malas noticias, pero el nombre de la chica que me dio, está en un hospital ….

-¿Está enferma?

-No, el problema es que se trata de un hospital de salud mental, me temo que no podrá ayudarlo.

En esos momentos el comandante de la policía sintió desfallecer, era su única pista, su eslabón que tanto buscaba y se le estaba yendo de las manos.

-No puede ser y estaba tan cerca, bueno dime. ¿Algún nombre de algún familiar de ella?

-Pues una hermana de ella está como titular de responsable, ella es la que paga las cuotas del hospital, así como también, ella es la que se encarga de vigilar el estado de su tratamiento.

-¿Tienes idea de donde está ella?

-Sí, tiene su residencia en la capital del norte del país, intenté llamar a su teléfono para ver si ella podía dar más información; pero al parecer no está actualizado, suena que es un número equivocado.

-Bueno, pásame la dirección.

Así, con un pequeñísimo hálito de esperanza, el comandante Héctor, se dispuso a emprender su viaje, a la capital del norte en busca de la hermana de Valeria, quien ha mantenido a su propia hermana en un hospital mental, sepa dios porque motivos.


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