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Instantes - 25 años antes - Capítulo II - Era un lunes por la mañana como cualquier día de un chico de 11 años, me levantaba por los ruidos que hacia mi hermano para alistarse para ir a su universidad, vivíamos en una vecindad, algo al norte en la capital del estado.

25 años antes


Instantes

Capítulo II

  • Novela de Jesús Carrera Carrillo

Era un lunes por la mañana como cualquier día de un chico de 11 años, me levantaba por los ruidos que hacia mi hermano para alistarse para ir a su universidad, vivíamos en una vecindad, algo al norte en la capital del estado. Yo compartía recámara con mi hermano Saúl, él siempre fue mi héroe, aparte de ser un estudiante modelo, ganador de medallas y diplomas desde que iba a la primaria, secundaria y preparatoria, era un estudiante becado por la mejor universidad del país, porque además de sus talentos académicos, era un excelente deportista, era el portero de las fuerzas básicas de su universidad. Aunque en nuestra casa quizás faltaban muchas cosas materiales, entre nosotros siempre hubo unión, nuestra casa, como así la sentíamos, solo constaba de 2 habitaciones, en la última habitación dormíamos en camas separadas Saúl y yo, en la primera recamara hacia la entrada era el lugar donde comíamos y por las noches mi madre tendía una colchoneta para dormir. Ella siempre trabajó, dobles turnos para darnos una vida que ella hubiese querido cuando era chica, su padre fue muy malo con ella de niña, la golpeaba y le exigía trabajos que para su corta edad nunca debió realizar, que se entiende era un maldito animal, cosa curiosa que cuando se casa con el propósito de huir de su hogar mi padre le resulta un borracho mujeriego, que también la maltrató mucho, yo no fui testigo de aquellas atrocidades; pero Saúl si lo fué, de hecho ella siempre usa blusas de mangas largas, pues en su brazo izquierdo está una marca muy notoria de la vez que la golpeó mi padre con la plancha de la ropa. Sí, mi padre era un desgraciado con mi madre, por tal motivo nosotros hacíamos nuestro mejor esfuerzo como hijos, para que algo de alegría tuviera en su corazón. Debo reconocer  con algo de celo que mi madre siempre amó un poco más a mi hermano Saúl, siempre me hablaba de él como ese gran modelo a seguir.  Algunas veces aún a mi edad, todavía veo su silueta de mi hermano poniéndose su uniforme, tomaba su mochila de libros, su maleta de ropa para asistir a clases y se despedía de mí; aunque yo jamás imaginé que la conversación de ese día iba a ser la última.

-¡Hola!  Saúl ¿A donde te diriges?

-Voy al entrenamiento de fútbol Héctor, ya sabes las fuerzas básicas me necesitan, algún día jugaré en el estadio nacional y tú estarás ahí mirándome y cantando el himno de nuestro país.

-Claro que sí hermano, pero cuídate mucho, tienes que estudiar también..

-Sí, lo se, lo tengo presente cada día, no te preocupes me va a ir bien. Además te digo algo, pero conste va a ser un secreto entre nosotros he.

-Haber dime, esta vez te prometo que voy a guardar tu secreto.

-Bueno pero no se lo digas mamá, porque ya sabes de seguro va a empezar con su sermón de que no estoy en edad.

-Ya se – interrumpió Héctor a su hermano.

-Haber ¿Qué es? –preguntó Saúl

-Tienes novia ¿no?

- Acertaste enano.

  • ¿Oye y es bonita tu novia?

  • Sabes, es muy bonita, tiene su pelo lacio, largo, le gusta usarlo hasta la cintura de largo, ¡Imagínatelo!, y se le ve, ¡Increíble!, es morenita , un tanto chaparrita, más bien como de la estatura de mamá, de hecho se le parece un poco a ella,  tiene algo que me fascina, no se para ti, pero para mí es muy bonita, me la paso muy bien con ella.

-Uy, sí,  ahora resulta que tienes a la mujer perfecta. Hasta la mirada la tiene bonita de seguro.

-Bueno ahora que lo dices su mirada es algo … m m m …no lo se,  rara, hay algo raro en su mirada, no se como explicártelo , bueno además hay otra chica de mi salón que me gusta, su nombre es Valeria, va en mi salón y se apellida igual que nosotros, es curioso ¿No lo crees?, si ella me hiciera caso dejaría a esta que es mi novia, pero bueno esas cosas no se hacen cebolla, no sigas ese ejemplo de mi.

-Oye ¡No me digas cebolla! , está bien que no me gusta el baño, pero no es para tanto, a ti te voy a decir espantapájaros he, estás muy alto y flaco.

-Cállate cebolla, no te pases, mira que te voy a enseñar el abrazo del espantapájaros.

-Eso si me atrapas he.

Lo que nunca hacíamos esa mañana jugamos por un lapso de a lo mas 15 minutos como si ese hubiese sido el regalo de despedida de mi hermano. Todavía recuerdo sus abrazos, y manotazos de jugueteo que me propinaba ese día, que bueno era mi hermano.

-Bueno Héctor, me doy por vencido, tú ganas , además me vas a arrugar el uniforme.

-Que te pasa Saúl de todas formas, siempre te revuelcas en el campo y acabas como minero. Aprovechando lo que me dijiste hace rato, yo siempre he querido una novia , pero todas me rechazan, ¿Cómo le hago para que me hagan caso?.

-Eso es porque estas muy chico; además, estas un tanto chaparro y redondo.

-Oye que tienes contra mí, que no vez que me gusta comer.

-Sí, eso esta bien solo que de vez en cuando deberías jugar basket almenos.

-¿Crees que tengo talento como tú para el fut, yo para el Basket?

-Sí, como el balón con el que juegan los jugadores sí, ja, ja, ja.

-Oye no se vale he, algún día creceré más que tú, además yo ya se que quiero ser de grande.

-¿A sí? Y ¿Qué es?

-Quiero ser panadero porque me encanta el pan.

  • Eso si te lo creo, bueno ya sabes que es broma y te quiero mucho, nos vemos en la tarde, no voy a tener clases extras, lo más seguro es que llegue temprano, además veo que tienes algunas inquietudes como niño he, creo que en la tarde vamos a tener una conversación muy seria chamaco.

-Claro que sí Saúl, nos vemos.

Me despedí de mi hermano y en ese instante un extraño frio, me corrió desde la médula, me abarco todos los nervios espinales de mi espalda y se irradio hasta mi cabeza, tanto que me tuve que poner mi suéter en esa calurosa mañana de agosto.

-¡Héctor, apúrate hijo se nos hace tarde, tengo que llegar al trabajo y tu a la escuela!- me gritaba mi madre.

-Si ya voy.

Me vestí rápidamente para no hacer enojar a mi mamá, quien ya tenía bastantes problemas en su trabajo. Al llegar al colegio, ya se me había olvidado esa sensación que tuve cuando despedí en la mañana a mi hermano, cuando de repente, sentado ya habiendo pasado como 2 horas de clase, una vez más me volvió esa extraña sensación en la espalda, pero lo que era peor, sentía como a mi ser lo hubiera envuelto una sombra misteriosa de angustia, que no me dejaba ni poner atención a lo que la maestra decía, poco recuerdo de ese día, esa sensación no me dejaba en paz, como si supiera que algo iba a pasar, me movía y me movía en la silla del salón de clases, los pies no los podía poner quietos, esa angustia misteriosa, una vez más me estaba carcomiendo. Esa mañana no jugué fútbol a pesar de que mi ídolo era mi hermano.  Al final del día escolar, regresé muy cabizbajo a mi casa, Don Pancho, el señor de la tienda de la esquina, siempre lo pasaba a saludar, pues una golosina nunca faltaba que me regalara, ya que siempre quiso tener hijos y nunca pudo. Sin embargo, ni la golosina que tenía un poder seductor cuando era niño hizo que tuviera ganas de comer ese día.  Pasé el zaguán de la vecindad, atravesé ese estrecho frió y obscuro pasillo característico de la vecindad con sus habitaciones a los lados, al fondo, siempre dispuesta servir la muy maltrecha escalera de concreto, que la tenía subir para acceder al segundo piso done vivíamos. Por fin, al llegar  a la puerta de mi casa, una vez más esa sensación de frío cobraba más fuerza, no tuve ganas ni de cenar, se me hizo feo desperdiciar la comida que mi madre nos había dejado a Saúl y a mí. Noté que el plato de Saúl aún estaba ahí, a pesar de que en la mañana había dicho que llegaría temprano, teníamos además, una plática pendiente, así que queriendo y no, me tragué literalmente la comida, una vez acabado de comer, nuevamente no tuve ganas de hacer la tarea , la somnolencia que por lo regular algunas gentes experimentamos, después de comer en esta ocasión fue más grande, así que mejor decidí recostarme un rato; entre despierto y dormitado, poco a poco me fui perdiendo en un profundo sueño, profundo, profundo sueño. Perdí la noción del tiempo desde que había yo llegado, cuando de repente en mi oreja derecha, alcance a oír la voz de mi hermano Saúl que me gritaba –ayúdame, ayúdame - de golpe desperté con el corazón muy agitado, situación que me asustó mucho de momento, porque a esa edad ni el corazón sientes. Trate de calmarme, de respirar un poco más tranquilo, una vez calmado, inmediatamente salí al otro cuarto a ver a si ya había llegado mi hermano; sin embargo, la misma mesa con el plato lleno estaba ahí, miré el reloj de la pared y eran alrededor de las 9:30 de la noche, mi hermano siempre llegaba como a eso de las 6 o 7 u 8 máximo de la noche, él bien sabia que no debía de demorar más. Desde mi interior a esas horas la angustia iba en aumento, algo debía estar mal con mi hermano, él no es de los que llega tarde, o si va a llegar tarde, él es de los que avisa. Camine y camine, alrededor del pequeño cuarto de la cocina, no sabia que hacer ¿Acaso debería ir  buscarlo? No quise salir a la calle por temor a empeorar la situación,  pasaron más de 30 minutos cuando escuché que alguien estaba entrando por la vecindad, esas eran las pisadas de mi madre supuse. Al abrir la puerta, efectivamente era ella y  se topo con que yo seguía despierto.

-¿Qué haces a estas horas?

-Es que no ha llegado mi hermano Saúl.

-Como crees, cuando venga ahora si que me va  a escuchar, ven  te voy a acostar.

A decir verdad, queriendo y no, entre en incertidumbre y alegría de que estaba mi madre, lo más seguro es que ella se prepararía algo de cenar en lo que esperaba a darle la regañiza a Saúl; no obstante, en esta ocasión no lo sentía así de sencillo, de hecho yo ya ansiaba escuchar a mi hermano acertar la llave en la cerradura de la puerta y que entrara. No me fue posible contar cuantas horas habían pasado, mientras intentaba dormir. Escuchaba a mi madre pararse, sentarse, volverse a parar de la vieja silla de la cocina que era su preferida, era muy notoria su angustia, desde mi recamara solo alcanzaba a escuchar:

  • Me va a escuchar ese chamaco, cuantas veces le he dicho que nunca haga esto, de seguro está aprendiendo a su maldito padre, no, ya se que es lo que pasa es esa maldita muchacha que dice que es su amiga, malditas mujeres, oportunistas de seguro se quieren robar la inocencia de mi hijo, pero su padre también es responsable, ese mal nacido tiene la culpa de todo, el muy ingrato resulto ser un bastardo animal, bueno para nada, pero se ha de pudrir en el infierno.

  • Dialogó y dialogó mi madre, blasfemando todo el cúmulo de heridas emocionales que traía consigo misma. Por fin, me quedé dormido, cuando volví a escuchar una voz, pero ahora era del lado izquierdo de mi cabeza que me gritaba:

-¡Héctor ayúdame, ayúdame!

De repente no solo era la voz, sino también podía ver a mi hermano, era él, estoy seguro que era él. Aprisionado, encadenado a una roca, en medio del mar gritándome al oído- ¡Ayúdame, ayúdame!- las cadenas ya habían roído sus muñecas que sangraban, al igual que sus tobillos, pero yo no me veía mi cuerpo, no sabía donde estaba, solo podía verlo a él, ¿Donde estaba mi cuerpo para ir a salvarlo?¡Donde!

  • ¡Ayúdame, Ayúdame, Héctor!- continuaba el lamento sin parar. En eso las imágenes se fueron difuminando como bruma y un lienzo negro cubrió mi visión acompañado de una voz que decía: – Despierta, despierta Héctor, es una pesadilla , despierta- De sobresalto me incorporé de mi cama gritando.

-¡Saúl, Saúl, hermano eres tú!

  • Soy yo tu madre, cálmate, estabas soñando.

Mas sereno, giré mi cabeza al lado izquierdo de mi cama, buscando el cuerpo de Saúl, pero su cama estaba tan tendida como la recuerdo.

-Madre, ¿Ya se fue Saúl?

-No hijo, no vino, de hecho, no voy a ir al trabajo, voy a ver si esta en la universidad o si saben algo de él,  nadamas, donde haya empezado a las andadas como su padre, se va de la casa, vamos acompáñame, vístete, te veo muy preocupado como para ir a la escuela, apúrate que se nos hace tarde.

Rápidamente, me coloqué mi camisa y pantalones, aunque mi madre se hacia la fuerte, yo sabía que solo fingía porque ella estaba segura de que algo estaba mal, ella siempre tenía ese tono de voz cuando sospecha algo y no nos lo quiería decir, quizás, ese sexto sentido de madre o no se como explicármelo.

Todo el viaje hacia los campos de entrenamiento nos la pasamos en silencio, parecía que dos extraños iban por casualidad juntos a un mismo destino, debimos haber viajado alrededor de una hora desde mi casa hasta los campos de entrenamiento donde Saúl iba todas las mañanas, este lugar quedaba a dos cuadras de la parada del autobús, al doblar hacia la calle que desembocaba hacia la puerta de la unidad de entrenamiento, inmediatamente se veían muchas luces provenientes de varias patrullas y ambulancias que tenían cercado el lugar. Inmediatamente, mi madre no dijo una sola palabra pero si sentí ese fuerte apretón en mi mano que la sostenía. Era Saúl, lo sabíamos los dos, caminamos rápidamente hacia la entrada, esa calle, esa única calle era una eternidad para mí, miles de pensamientos me pasaron por la mente, ¿Qué pasaría? ¿Porqué hay tantas patrullas? A esa edad no comprendía muchas cosas; sin embargo, sabia que era mi hermano, algo le había pasado. Al llegar a la entrada del campo, el acceso estaba restringido, varios cuerpos policíacos, al igual que una larga valla, impedían el acceso de la gente curiosa, familiares y miembros del equipo con el que entrenaba Saúl.

-Señora, no puede pasar- afirmó un policía.

  • Pero soy madre de un muchacho que entrena acá, anoche no llego a casa, y quiero saber si esta bien, ¿Qué sucedió? ¿Porqué tantas patrullas?

-¿Qué no llego a su casa dice?

-Sí, así es.

-¿Viene con alguien más?

-Sí, con mi hijo

-Mire que se quede su hijo con este oficial para que lo cuide. Usted acompáñeme.

-Mamá, no quiero quedarme con el policía, a mi me dan miedo.

  • No espera, no te va a pasar nada, coopera con los policías.

Eso fue lo último que  escuché de mi madre cuando partió hacia adentro de la unidad deportiva, alcancé a ver que iba rumbo a los vestidores; no pasaron más de diez minutos cuando escuché un grito desgarrador, era de mi madre, nunca la había oído gritar así, el corazón parecía que se me encogía, los poros de mi piel se me cerraban y esa horrible sensación de tener amarrado el estómago me invadía, no podía más, era Saúl , mis sospechas eran ciertas. Como pude con todas mis fuerzas me safé del policía y corrí con todo lo que tenía en mi ser para escapar, yo ya sabía donde quedaban los vestidores puesto que había asistido en algunas ocasiones con mi hermano a verlo entrenar,  rápidamente le obtuve mucha ventaja del policía que iba a tras de mi siguiéndome, queriéndome agarrar; pero, mis fuerzas y ganas eran más que las de él, atravesé el campo de fútbol y al llegar al túnel de los vestidores, ahí estaba en el piso la peor escena de mi vida, sí , era él , mi hermano, tirado, muerto, cerca de su cuerpo  mi madre siendo agarrada como una loca por un señor de traje, pateando e intentando manotear, gritando y blasfemando contra quien había cometido semejante atrocidad. El cuerpo de mi hermano, estaba intacto, no había muestras de violencia o forcejeos, ni sangre solo esos ojos abiertos, con pupilas dilatadas y ennegrecidas con esa peculiar una sonrisa pintada en el rostro. Hoy en día tengo a 30 jóvenes expreparatorianos, con los mismos síntomas, ¿Cómo es posible? Los médicos de esos tiempos no tenían la tecnología para realizar más averiguaciones y nos tragamos la hipótesis que había muerto de sobre dosis  de Veratrum album, por la pupilas tan dilatadas; Mi madre y yo nunca estuvimos satisfechos. Ahora tengo que dejar de atormentarme, se que tiene conexión ¿Cómo comprobarlo? una loca  puna.

Lo que al comandante le atormentaba esa noche era precisamente esa horrible conexión entre la muerte de su hermano y los 30 chicos que de forma inexplicable cayeron en coma de un día a otro, todos hallados con el mismo rostro en particular, todos son graduados del mismo salón de clases, de la preparatoria más importante de la ciudad. Es un caso inexplicable, aterrador, solo una mente enferma es capáz de querer ver  sufrir a jóvenes, de querer verlos morir, de truncarles la vida y sus ilusiones. Hasta ahorita, los mejores médicos del país y de otros continentes han venido a tratar de salvar la vida de los 30 chicos, a quienes han llamado los “Los Ángeles dormidos”;sin embargo, ni con toda la ciencia, pruebas médicas, equipo, técnicas y medicamentos se ha podido dar la solución a este caso. Es por eso que prensa tanto nacional como internacional, está al pendiente del caso “Ángeles dormidos”. Héctor es el foco de atención  tanto de éste grupo, como del sector ciudadano, hay tensión en su ciudad, hay zozobra, todo mundo teme que sea una epidemia, la gente quiere respuestas, quiere al asesino, teme por su vida misma. Todo esto recae sobre la espalda del tan controversial comandante de la policía, es por eso, que últimamente se le ve inquieto, taciturno, no bromea al entrar a la oficina, más bien un rictus de preocupación gobierna su rostro. Está preso de sus pensamientos, enclaustrado por la responsabilidad tan grande que recae sobre él y para su bendición o maldición; tiene que regresar al pasado de su vida, a abrir una vez más el baúl de los recuerdos que con tanta ansiedad quisiera desterrar de su mente.

  • Fin capítulo 2* 25 años antes

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