+
El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XXXV - Whittaker en Haifa - El yate, siguiendo la costumbre de Lord Whittaker, no se encontraba amarrado junto al muelle sino anclado a unas millas de la costa en el Mar Mediterráneo, en Haifa. Ello lo protegía de la posibilidad de visitas inesperadas.

Whittaker en Haifa


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XXXV

Whittaker en Haifa

El yate, siguiendo la costumbre de Lord Whittaker, no se encontraba amarrado junto al muelle sino anclado a unas millas de la costa en el Mar Mediterráneo, en Haifa. Ello lo protegía de la posibilidad de visitas inesperadas.

Los huéspedes en esta ocasión eran sus habituales colaboradores, Daniel, Charles y el Profesor Aviel, que se había incorporado al grupo permanente de Whittaker luego de dejar su trabajo en Jerusalén. Se encontraban todos reunidos en la mesa del comedor frente a unas humeantes tazas de café cuando Lord Whittaker dirigiéndose a Daniel, le preguntó:

─ ¿Estás en contacto permanente con tu personal en Roma?─ ─Si, su Lordship -contestó de inmediato-. Mis hombres se encuentran junto a cada una de las personas que componen el grupo que se dirige a Masada.─ ─Lógicamente ─interrumpio Aviel ─No había otro lugar más que Masada, pero allí... ¿Dónde? ─No lo sabemos, pero por la cantidad de equipo que han despachado a Jerusalén, parece que ellos sí lo saben. Hemos conseguido copias de las órdenes y son muy específicos en lo que han pedido: aparejos de acero con cables y motores capaces de elevar y descender con sillas y otros para varias toneladas, equipos de ingeniería con precisión láser para marcar puntos a larga distancia, martillos neumáticos y otras herramientas.

Tres camiones de carga estarán listos en el aeropuerto, cada camión con su chofer –cada uno de ellos ha sido investigado por alguna agencia, por lo que no pude poner alguno de nuestros hombres en el equipo–, lo mismo que diez trabajadores contratados para labores generales, cinco empleados de la compañía que fabrica los equipos guinches para los aparejos, tres Gurkhas que servirán de acompañantes de los chóferes, tres más acompañando al Mayor Hugo Surraco, muy amigo de Anthony.

También estarán Walter Jerusalinsky, director del Observatorio en Castel Gandolfo, las hermanas Rosa y Normam, los Profesores Schonfield y Mitchner, y George Atkins, un inglés que trabaja para Walter. Eso es todo lo que sé por el momento y algo más que podré informarme en el momento en que dejen Roma.

─Lord Whittaker, lamento molestarlo con esto ─exclamó Aviel, ─pero a pesar de tener a su disposicion todo el equipo, la perfección del trabajo de traducción de los documentos, y la buena voluntad de los hombres involucrados, tienen grandes posibilidades de encontrarse con una cueva vacía, sólo habitada por murciélagos y cajas rotas.

─ ¡Lo sé!... Pero esperemos que eso no pase, hemos invertido una gran fortuna en esto y no quiero ningún fallo ni una excusa. Esta vez, y quebrando mi regla de oro, estaré a total cargo de esta operación ─expresó Whittaker puntualizando cada una de sus palabras. Al terminar con Aviel y Daniel, dirigió su mirada a Charles y dijo: ─“¿Y tú, tienes todo preparado?”.─ ─Tengo tres helicópteros Sikorski TH 54 A (S64) TARHE, con una capacidad de carga de mas de diez toneladas métricas, 205 k/h y un desplazamiento de 400k con tres de nuestros pilotos que ya se encuentran en la frontera libanesa, muy cerca del Mar Muerto. A veinte minutos de Masada tenemos ochenta de nuestros hombres que no hablan otro idioma más que el español. Los he traído desde Colombia, son valientes y leales; y además no saben dónde están ni cómo retornar. Tenemos también veinte camiones, con sus tráileres y contenedores detrás de la frontera. Estarán listos para ser cargados y en camino hacia la línea fronteriza, en varias etapas a Aqaba donde los pondremos en un barco rumbo al Golfo y al Mar Rojo─.

─Creo que estamos preparados para toda clase de eventualidades ─dijo Whittaker levantándose de su lugar y haciendo un gesto para que lo acompañaran hasta el deck. Una vez allí caminaron hasta la plataforma de aterrizaje del pequeño helicóptero que llevaba el yate. Dos marineros quitaron las lonas que lo cubrían y los hombres entonces pudieron ver en detalle el aparato.

─Señores, aquí pueden ver mi puesto de comando. Esta vez no quiero problemas, como les he dicho antes, yo mismo dirigiré la operación desde este AH-1W Super Cobra , un helicóptero de asalto totalmente armado, con una velocidad de 270 k-k/h y un radio de 480k ─.


comparte esta página en: