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El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XXXIII - Susan y Anthony en el Vaticano - Finalmente, Anthony, mirando directamente a los ojos de cada uno hizo la pregunta que en realidad todos estaban pensando: ─Hermana, ¿cuál es, además de su valor histórico, el que se podría calcular para este tesoro del templo.

Susan y Anthony en el Vaticano


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XXXIII

Susan y Anthony en el Vaticano

Susan y Anthony atravesaron la guardia y entraron en las oficinas de la Hermana Rosa. Allí, ella y sus colaboradores Norman, Schonfield y Mitchner se encontraban trabajando en equipo, cerca de la mesa. Un par de sillas y un gran número de reproducciones ampliadas de cada parte de los documentos, además de la caja en que los rollos habían sido comprados por Anthony, estaban esperando a la pareja. Cuando Anthony reconoció la caja, tomó a Susan de un brazo y la condujo para que pudiera admirarla. La hermana Rosa se acercó rápidamente y quitando cuidadosamente la tapa, sacó un rollo y luego, introduciendo nuevamente la mano, sacó el otro ante la mirada de asombro de Anthony. Todos los que se encontraban en la oficina, incluido el Cardenal Gallelli que acababa de entrar, sonrieron. ─ ¿Cómo es posible? ─balbuceó Anthony totalmente sorprendido. ─Nos llegó por un correo especial ─contestó Rosa. Es el original; enviamos un ejemplo al laboratorio que lo ha confirmado─. ─Whittaker seguramente lo ha devuelto porque no quiere nada en su poder que pueda comprometerlo, aún contra su deseo de quedarse con él ─afirmó Anthony. ─Creo ─dijo Gallelli, ─que la dificultad mayor es que no han podido leerlo y ningún especialista en el mundo tocaría ese documento, ni con una caña de diez metros─. ─Sin mencionar que cada día que esté en su poder ─agregó Anthony, ─aumenta el peligro de comprometerlo. Hasta el momento sus abogados lo mantienen fuera de la cárcel, pero es difícil saber por cuánto tiempo más─. ─Bien Anthony ─dijo Rosa. ─En estas dos semanas que ustedes han desaparecido, hemos estado trabajando fuerte y hemos hecho grandes progresos con sus documentos. El típico rollo, llamémoslo el número 1, si bien no es essena en su origen, ha sido escrito por un miembro de esa congregación. No lo hizo un escriba, pero sí alguien lo bastante versado en el arte de la escritura. Podemos pensar que era un aprendiz al que los Romanos impidieron que terminara su aprendizaje. Por alguna razón estaba con otros essenas en Masada y nos ha legado una historia de los hechos que de alguna manera no se ajusta a la historia escrita por Josephus, pero que tampoco difiere mucho, excepto en el desenlace de los acontecimientos─.

La hermana Rosa hizo una pausa para que todos tomaran asiento y luego continuó: ─Espero que tengan un poco de tiempo para que los llevemos al siglo primero y al conflicto que se llevó a cabo entre los romanos y los zelotes o sicarios dentro de la fortaleza, en la que Herodes construyera sus palacios –en el caso de que tuviera que resistir las fuerzas de sus enemigos reales y de aquellos también imaginados por su paranoia─. ─Frente a ustedes ─les indicó el profesor Schonfield, ─pueden observar las primeras notas traducidas por la Hermana Rosa –un magnifico trabajo–, y luego lo que hemos realizado en conjunto. Hemos pensado que la lectura de los documentos, a pesar de lo fascinante que es para nosotros, tal vez fuera un tanto aburrida para ustedes; así que entre los tres les narraremos la historia, y luego pueden llevar las copias y las traducciones de las que esperamos Anthony nos de autorización de publicar. ─Permiso concedido ─exclamó enseguida Anthony con una sonrisa. ─Todos conocen la historia de la Fortaleza ─comenzó el Profesor Schonfield, ─edificada como palacio por el Rey Herodes. Durante su reino, se construyeron algunas maravillas; una de ellas fue Masada. Él no quería sólo un palacio sino una fortaleza inexpugnable capaz de resistir al mayor ejercito, con enormes graneros, piletas y fuentes que recogieran el agua de las lluvias y las provenientes de las montañas próximas para que contara con su propio suministro. Como podrán ver en las notas, cuando Eleazar tomó comando de la fortaleza le ordenó a su subordinado preparar un plan de contingencia para poder escapar, el que llevó a cabo reuniendo a los líderes zelotes de acuerdo a lo que se detalla en el scroll.

Este plan no era algo convencional, pero estaba bien pensado. En la fortaleza había 960 personas, incluyendo mujeres y niños, 400 eran hombres útiles. El plan fue el siguiente: tomar todos los hombres y aquellas mujeres jóvenes y fuertes que pudieran trabajar, dividir las fuerzas en grupos de cien que trabajarían en períodos de siete días. ─El profesor, haciendo una pausa, tomo el puntero láser y dirigiendo la luz roja sobre la imagen señaló un punto entre las dos paredes de piedra que circundaban la fortaleza. ─Allí, descendiendo por una escalera había una cámara que servía para el depósito de alimentos, lugar que se consideró el mejor punto para comenzar a excavar un túnel que los llevó a una profundidad de 15 cubitos. En ese punto el túnel se bifurcaba hacia la derecha y luego de una rampa en ascenso de 5 cubitos, se bajaron 50 más y se excavó un gran hall para dar cabida al total de todas las familias.- Se detuvo por un momento y continuo- Para aquellos que no sepan exactamente la conversion de esta antigua medida, les informare que un Cubito es igual a 444 mm.- Continuando.- Este túnel se dirigía luego hacia la ladera de la montaña con una salida al exterior trabajada en la roca, de tal forma que no pudiera diferenciarse del resto. El agua era desviada desde una de las piletas para las necesidades sanitarias y por un canal cubierto la dejaban salir de noche por la ladera de la montaña; además cada miembro de la familia llevaba un ánfora. Los alimentos que se obtenían en los poblados vecinos se guardaban en las cuevas, también algunos de los granos que estaban en los depósitos del Rey Herodes, que aun tenían valor alimenticio a pesar del tiempo que tenían guardados en los graneros─. El profesor Schonfield hizo una pausa para dejar que el profesor Mitchner continuara con la explicación:

─El problema de ocultar la entrada de la cueva fue muy simple de resolver. El producto de la excavación se colocaría en el piso construido entre las dos paredes que rodeaba la fortaleza, una construcción de madera en forma de embudo que mantenía las rocas y la tierra extraída de las excavaciones por una serie de compuertas que, una vez accionada la primera por medio de una cuerda, abría la parte inferior. Las diferentes partes de la construcción de madera se abrían dejando caer todo el material que inundaba como una cascada la primera parte del túnel. Como todos los edificios serían luego incendiados, los aparatos construidos para cubrir el escape desaparecerían con el fuego y los escombros ayudarían aún más a ocultar cualquier trazo de los zelotes─. ─Si estos documentos dicen la verdad ─preguntó Susan ─¿La historia descripta por Josephus, un contemporáneo de los hechos, sólo ha sido producto de su imaginación?─. ─Ustedes conocen la historia de las excavaciones efectuadas en Masada ─respondió el profesor Schonfield, ─realizadas por Yagael Yadin, el renombrado arqueólogo que siempre creyó la historia escrita por Josefo, que los zelotes mataron a sus mujeres y niños y luego a sí mismos, antes de caer en manos de los Legionarios romanos; historia que ha perdurado por casi dos mil años. Uno de los puntos que junto con otros, plantearon dudas acerca de la historia, fue el descubrimiento de unos cuerpos que en su momento confirmaron la leyenda de Masada, e incluso Yadin escribió en su libro la descripción del cabello de la mujer que parecía especialmente arreglado para afrontar ese último instante antes de su muerte─.

─«Pero el renombrado antropólogo Joe Zias y un experto forense, Azriel Gorski descubrieron que el cabello de esa mujer fue cortado cuando ella estaba aún viva con un instrumento perfectamente afilado. Para explicar esto, se basaron en el Antiguo Testamento, en un pasaje del Libro del Deuteronomio que dice “que a una mujer capturada en batalla por los judíos, se le debe cortar todo su cabello”─. El profesor hizo una corta pausa y continuo: ─Posiblemente, la razón de esto es que la haría menos deseable para los hombres que la tuvieran prisionera. Zia consideró que la mujer no era judía, sino que había sido capturada por los sicarios cuando tomaron la fortaleza y que de acuerdo a la ley judía, le cortaron el pelo. Y que luego al asesinarla junto con su compañero, colocaron ese cabello junto a ambos cuerpos en la casa de baños, un lugar seleccionado para depósito de basura. (Prueba de ello, es que en ese lugar se encontraron residuos de toda clase junto con los cadáveres)─. ─De acuerdo con Josephus ─continuó la hermana Rosa, ─la muerte de los 960 habitantes de la fortaleza y la destrucción de las posesiones fue un acto voluntario de los zelotes y sus familias que actuaron al mismo tiempo y de común acuerdo. Pero las evidencias arqueológicas no concuerdan con la historia. Josefo dice que las posesiones fueron acumuladas en un solo lugar e incendiadas, pero los arqueólogos han encontrado que había varios fuegos en diferentes lugares. La historia nos dice que el último sobreviviente judío prendió fuego al palacio, pero está comprobado que todos los edificios fueron incendiados. El palacio de la parte norte, donde dicen tuvo lugar la reunión de la población, era muy pequeño para agrupar a una muchedumbre de mil personas…

─Podríamos seguir analizando los últimos días de Masada ─intervino Mitchner.─ Pero ello no servirá al propósito de nuestra reunión del día de hoy, que es darles un resumen de lo que dicen los documentos adquiridos por Anthony. Nuestros descubrimientos sobre un solo documento no modificarán, salvo para pequeños y selectos círculos, la historia aceptada por casi dos mil años. Un testigo que escribió un documento no puede invalidar a un famoso escritor que fue contemporáneo de los hechos, aun cuando su juicio hubiera sido imparcial. Y probarlo en un cien por ciento sería imposible, aunque si encontráramos el túnel nos acercaríamos en gran medida a este porcentaje. ─Nada me daría mas alegría que encontrar el famoso túnel ─exclamó Anthony de inmediato. ─No es tan fácil como parecería ─contestó Rosa. ─El túnel, si existe, estará sellado por toneladas de rocas, y para removerlas se deberán conseguir una serie de autorizaciones. Tardaríamos años en lograr un permiso si es que nos lo conceden. ─Si lo que he escuchado es verdad, hay una posibilidad ─dijo Anthony, mientras el resto lo miraba con curiosidad. ─ ¿Cuál es tu idea? ─preguntó el Cardenal Gallelli. ─Walter puede darnos una foto digital microscópica de toda la pared de la montaña, centímetro por centímetro, y entonces tendremos una aproximación del área en donde se encontraba la salida de la cueva ─explicó Anthony.─ Con un estudio preciso de la ladera, podremos encontrar cualquier diferencia en las rocas por minúscula que ella sea─. ─Recuerda que tenemos dos mil años de erosión, lluvias, vientos, arena, expansión y contracción debido a los cambios climáticos ─contestó Gallelli.─Y eso pudo haber suavizado, e incluso haber hecho desaparecer las marcas más profundas. ─Es verdad ─afirmó Anthony, pero debemos intentarlo. ─Si me permiten interrumpir estos planes ─dijo la Hermana Rosa.─ Hay mucho más que informar, antes de organizar ese tipo de cosas… Vamos a continuar con el relato. El narrador nos cuenta cómo se llevaron a cabo los planes: los hombres, divididos en turnos, excavaron la roca siendo las mujeres y los niños quienes retiraban los materiales provenientes de la excavación mediante canastas y pasamanos sobre plataformas de diferentes niveles. En primer lugar los niños partían las rocas en porciones no mayores a 3cm o 4cm de diámetro para facilitar el deslizamiento y cubrir perfectamente toda la cavidad hasta el lugar que el túnel cambiaba de dirección. Allí dos grandes rocas cubrirían la entrada impidiendo que las pequeñas piedras pudieran penetrar al gran hall donde los zelotes se esconderían por varias semanas –o el tiempo que fuera necesario–.

Algunos hombres deberían prender fuego a los edificios mientras la mayoría entraba en los túneles. La elección recayó en veinticinco que eran solteros, ya que los otros debían cuidar de sus esposas e hijos. Una vez hecho esto, los hombres deberían tomar refugio en una de las cuevas a la que sólo se podía acceder por un angosto y peligroso paso en la ladera de la montaña, pero fueron descubiertos y muertos por los romanos. «La narración ilustra que por once meses, cuatro mil esclavos judíos, trabajaron agregando materiales rocas y arena a una pendiente natural que permitió llegar a la cima en donde Silva montó las catapultas y otros aparatos con los que destrozó las defensas. Un profundo silencio, sólo quebrado por la caída de algunos techos cuyos soportes habían sido consumido por las llamas, fue la acogida que tuvieron Flavius Silva y sus soldados ese día, el 15 de Xanthicus del 74, cuando los romanos pudieron finalmente entrar a la fortaleza -la Hermana Rosa se detuvo para observar si todos habían entendido el resumen del primer documento, el que definitivamente brindaba una nueva versión de los hechos.- ─He notado ─dijo Gallelli, ─que no hay mención de suicidio ni de los poderosos discursos pronunciados por Eleazar─. ─No, Su Eminencia ─contestó Rosa. ─En ningún momento, en este documento se menciona alguna de las arengas con respecto al suicidio, pero sí el deseo de continuar la lucha contra los romanos y, específicamente, un discurso de Eleazar en el que expresa su obligación de servir al Dios de Israel y tomar sus pertenencias y tesoros para partir hacia Alejandría. Es curioso que Josephus en su Libro 10 La Guerra de los Judios, Cáp.7, mencione un gran número de Sicarii radicados en Alejandría, Egipto, después de la guerra en Jerusalén. Después de contestarle esto al Cardenal Gallelli, la Hermana Rosa continuó:─ Anthony, el documento ha probado, por lo menos hasta el momento, que coincide con las últimas investigaciones científicas realizadas en Masada, como así también ha puntualizado algunas de las discrepancias en la obra de Josephus; aunque era común en ese tiempo, las tendencias de los historiadores a embellecer sus relatos por razones privadas, políticas o económicas. Además, si es cierto que Josephus fue contemporáneo de los sucesos, sin dudas obtuvo sus datos por intermedio de terceras personas y no es ningún secreto que sentía una gran animosidad por los Sicarii. Ello se puede ver con claridad por el modo en que los describe en su famoso libro─. Rosa miró a su auditorio esperando alguna pregunta. Frente al silencio, dejó la palabra a sus colegas que guardaban aun la noticia más importante. El profesor Schonfield tomó la palabra:

─Les dijimos al comienzo de nuestra presentación que el narrador del documento parecía ser un escriba, posiblemente, un aprendiz. Durante la traducción del documento supimos que efectivamente lo fue y que logró escapar a través del túnel que junto a otros hombres, él mismo había construido. En el relato nos cuenta que permaneció junto a esos hombres varias semanas en la cueva hasta que cuando las reservas de agua estaban cerca de agotarse, decidieron que alguien saldría por la noche para explorar los alrededores. Y que movieron la piedra de entrada, una roca a la que habían dado forma de circunferencia, que corría por unas guías cortadas en la misma roca. Desde el exterior no presentaba diferencias con el resto de piedras que había en la ladera de la montaña. Un zelote de nombre Ismael fue el elegido para subir a uno de los aparejos –con sogas que permitían que una persona se sentara y descendiera la ladera–. Después de varias horas investigando los alrededores, este emisario encontró que las Legiones romanas habían partido, y que habían dejado sólo unos hombres en lo que quedaba de la fortaleza. De inmediato y antes de que amaneciera llevó las noticias a sus compañeros en la cueva. Entonces decidieron que treinta hombres descenderían con sogas llevando consigo unas monedas de oro para adquirir provisiones y algunos animales y regresar sin despertar sospechas, y así lo hicieron, sucesivamente, cada día al amanecer siempre provistos del dinero necesario para adquirir algunas mulas, carros y alimentos. Otros hicieron lo mismo, luego sus familias se encontraron y escoltados continuaron hacia algún poblado cercano o a Jerusalén; cada grupo independiente se encontró marchando luego hacia Egipto en caravana. Ahora tienen una idea general de lo ocurrido en Masada, que se ajusta a la realidad que los arqueólogos han deducido. Pero ustedes no son arqueólogos, forenses o historiadores y se preguntarán para qué nos cuentan toda esta historia. Tenemos una razón además de informarles porque son los propietarios de los rollos; algo tal vez mas importante ─el Profesor Schonfield se detuvo por unos instantes, en el que todos se miraron, expectantes. Fue el Profesor Mitchner, quien continúo: ─Como les informara la Hermana Rosa, descubrimos que nuestro narrador pertenecía al grupo de los essenas junto con algunos más en la fortaleza. Cuando por fin el conjunto de los zelotes y sus familias dejaron la cueva, el escriba regresó con los otros essenas que habían permanecido en Masada y que se reunieron luego de la destrucción de sus edificios. Lo hicieron en secreto en ciertas casas y muchos años después de estos sucesos, también buscaron refugio en algunas de las abundantes cuevas abandonadas de Khirbet Qumrán. Nuestro narrador en una de esas reuniones, dado que la cueva usada para los servicios era muy pequeña, mencionó y ofreció el gran hall excavado por los Sicarri para las reuniones, un espacio que podía reunir a más de mil fieles, ideal para mantener la fe y los preceptos de la orden. La oferta fue aceptada, pero el ascenso y descenso de la entrada ofrecía grandes dificultades y los ancianos y el Gran Maestro comprendieron que los tesoros de la orden y aquellos que les fueran confiados no podrían tener mayor seguridad que en este gran hall ofrecido por nuestro narrador. Esa dificultad para entrar y salir sería justo lo que precisaban para proteger todo aquello que decidieran guardar allí. La destrucción del convento o monasterio –o como quieran llamarlo– por los romanos, en el que los essenas vivieron hizo que existiera un gran temor por la seguridad de las pertenencias del Templo y de los numerosos valores que se les habían confiado. La idea de que lo que se encontraba repartido en muchas de las cuevas se trasladara a una sola parecía ser la mejor solución.

Antes de la caída de Jerusalén y de la destrucción del Templo, el tesoro del mismo fue encomendado a los essenas para que lo ocultaran. El problema del transporte de los bienes fue resuelto aprovechando el tunel excavado en principio para conducto de las aguas en caso de inundaciones, por él fueron penosamente transportados los tesoros del templo, más tarde ese mismo tunel fue usado para que miles de judios escaparan de las legiones romanas. Incluso muchos vivieron por meses en el mismo.

El túnel fue excavado debajo del camino principal a Jerusalen, una construccion masiva usando piedra ashlar para sus paredes de más de un metro de espesor, el mismo material con enormes losas de piedra constituía el piso del túnel en toda su extensión. Tres metros de altura ofrecían un refugio ideal y un camino protegido para el egreso e ingreso a la ciudad. Desde el rio Kindron , que descarga sus aguas en el Mar Muerto. Pruebas de la existencia de este tunel, fueron encontradas en el 2007, por Ronny Reich, de la Universidad de Haifa y Eli Shukron de la Antiguedades de Israel.

Más de treinta carros diarios por más de treinta días circularon por el túnel en las sombras de la noche, fueron necesarios para llevar las cajas de madera que contenían esos bienes y que, finalmente, fueron depositados en diferentes cuevas en los alrededores de Qumrán. El mismo esfuerzo y sacrificio fue necesario para trasladar los bienes a la Masada, una vez que los soldados romanos abandonaron las ruinas de la fortaleza.

Los carros con los animales de carga llevaron las cajas hacia las ruinas y por medio de aparejos las hicieron descender en la entrada de la cueva. Una vez hecho esto, sellaron la cueva con la piedra de entrada que al rodar hacía descender otras dos piedras a cada lado. Estas, a su vez, rompían unas ánforas de arena que mantenían la presión de rocas y arena que se acumulaban sobre la entrada. La misma no podría ser abierta si no se conocía el modo de disminuir la presión, que consistía en efectuar un corte para hacer caer la arena y las rocas por la ladera de la montaña. Una vez que esto se realizara en el lugar elegido y con el tamaño requerido –dos cubitos de circunferencia–, la rueda de la entrada, simplemente, correría sobre sí misma─. Los que se encontraban en la oficina estaban en completo silencio, pese a que hubieran deseado hacer mil preguntas. Finalmente, Anthony, mirando directamente a los ojos de cada uno hizo la pregunta que en realidad todos estaban pensando: ─Hermana, ¿cuál es, además de su valor histórico, el que se podría calcular para este tesoro del templo; ya que durante la narración se ha hablado de carros que debieron trasladarse en medio de la noche?─ ─Anthony, hasta este momento sólo les hemos contado sobre la narración del documento número uno ─le contestó el profesor Schonfield . ─ El documento número dos –que es el rollo de cobre–, como dijimos antes, es un inventario de los efectos guardados en la cueva. En él se encuentran las indicaciones de la localidad, pero ambos documentos son necesarios para poder encontrar el tesoro─. Después de una corta pausa, agregó: ─Si es que hay uno, aun no se lo encontró. Mucha gente se vio involucrada en el transporte del tesoro hasta la fortaleza y a pesar de la fuerte raíz religiosa de los essenas, sólo se necesitaba la ambición de un solo hombre entre mil, para que si había un tesoro, este pudiera desaparecer─ Sonriendo continuó: ─De todas maneras, te diré lo que tendrás, o podrías haber tenido... El profesor hizo una pausa que aumentó la tensión de todos los presentes, y luego dijo: ─Entre cuatro y veinte billones de dólares, dependiendo de la medida con que se determinó el peso de un talento de oro, que puede ser desde 20kg a 60kg, y estamos hablando sólo del Tesoro del Templo.

También hay pequeñas sumas de igual importancia, pero que empalidecen ante las riquezas depositadas en el Templo, por ejemplo: diez talentos de plata, dos talentos de oro, menorah de oro sólido y muchos otros bienes que sería exhaustivo detallar. Además, el valor numismático de las monedas tendría hoy un valor varias veces su peso. A eso se suma el valor emocional que tiene para un judío, ya que representa el sacrificio de aquellos que viajaron a tierras lejanas enviando sus preciados ahorros al Templo.

─Pero, para mí lo más valioso ─interrumpió la hermana Rosa, ─es una línea que menciona a Joseph de Arimathea y a una Copa grabada en color azul que éste le entregó al hermano Judas Iscariote en una caja de cedro, la madera que fuera parte de una cruz─. Con lágrimas en los ojos, Rosa se dirigió a Anthony diciendo: ─No importan ni el oro ni las monedas, Anthony, ¡encuentra esa Copa!─


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