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El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XXXVIII - Scrolls de la Cueva - En la cueva, el comunicador sonó en el oído de Anthony, la inconfundible voz de Hugo se escuchó en todos los comunicadores.- ¿Parece que todo está bien en la viña del señor? Preguntó.

Scrolls de la Cueva


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XXXVIII

Scrolls de la Cueva

Anthony ─sonó la voz de Hugo en su auricular. ─ De acuerdo a tus instrucciones, una vez abierta la puerta debemos neutralizar a los cuatro intrusos visitantes y emplazar en su lugar nuestras defensas. No he intentado forzarlos a contestar sus comunicaciones, ya que todos son profesionales y en caso de que contesten no tengo dudas de que lo único que harían sería advertir a quien los llame de la situación en que se encuentran. Además, no es un delito escalar montanas y tomar fotografías.

─Perfecto, Hugo, nosotros continuaremos. Deja a tus hombres allí y regresa al campamento ─le contestó Anthony ─ Félix continuará observando en un radio de 400km cualquier movimiento sospechoso, mientras tanto te informo que el primer voluntario está bajando para intentar mover la roca y penetrar en la caverna. ─ ¡Buena suerte! ─ contestó Hugo y luego agrego: ─Los envidio, el próximo tesoro que encontremos, yo iré en el primer grupo. ─Te lo prometo─.

Pese a las protestas de Anthony y Walter, nadie del grupo quiso esperar hasta que se abriera la entrada. La plataforma bajó lentamente llevando en ella a Anthony, Susan, la Hermana Rosa, Norman, Atkins, los Profesores Schonfield y Mitchner, y dos gurkhas, uno de ellos el sargento Mayor Gunar. Una vez frente a la roca, todos admiraron la destreza de los individuos que la habían tallado con tanta precisión: el corte de los bordes, con un pequeño ángulo que permitía que se mantuviera en posición vertical y que luego se pudiera deslizar, simplemente, hasta encajar en la hendidura del piso.

Anthony, Walter y los Gurkhas se pusieron en posición para empujar la piedra cuando el profesor Schonfield exclamó: ─Un momento, si me permiten una observación, ustedes habrán notado que en la palabra grabada, la primera y la última letra son un tanto más profundas, y su forma permite con exactitud poner una mano dentro de ellas. Apostaría que son dos puntos equidistantes al centro del círculo y que haciendo presión en esos dos puntos, empujando la rueda –o sea, esta roca–, ésta se moverá sin dificultad alguna. Y pasando sus palabras a la acción, apoyó sus manos en esas huellas profundas y la pesada roca se movió sin ningún otro esfuerzo, dejando paso al interior de la cueva. A pesar de la oscuridad, la luz que penetraba del exterior permitía ver las formas de las diversas cajas y envoltorios apilados. Un intenso olor rancio acumulado durante veinte siglos intentaba escapar de las profundidades de ese lugar─.

Los dos Gurkhas desplegaron la extensión de la plataforma para que se pudiera caminar hasta el interior de la cueva y una vez realizado esto y al ver que nadie avanzaba, la Hermana Rosa exclamó: ─Anthony, estamos esperándote para seguirte. Sin ti, no estaríamos aquí gozando de este magnifico momento─. ─Y como yo sin ustedes, tampoco, ¿qué les parece si todos entramos a la misma vez? ─contestó Anthony. Y así todos unidos, Anthony tomando de la mano a Susan, y Rosa a su vez al resto, dieron el primer paso dentro del enorme salón que siglos atrás había sido la única posibilidad de salvación de casi mil hombres. Pronto, todo se inundó con la luz de las poderosas linternas y los focos de gran intensidad y se pudo ver una gran cantidad de cajas y ánforas, similares a las halladas en las cuevas de Qumrán. La sola vista de tantos objetos era abrumadora.

La hermana Rosa caminó rápidamente hacia un objeto polvoriento como de un metal plano que se encontraba en direccion a la entrada, y comenzó a limpiarlo del polvo primero con sus manos y luego continuó haciéndolo con un saco que se quitó prontamente. Estaba montado sobre una superficie metálica que parecía que podria variar de posiciones . La Hermana Rosa se paró frente a él, por unos momentos comenzó a tocar y ajustar algunas de las barras que sobresalían del mismo. Hizo unos ajustes en la base y una vez conseguido el angulo óptimo, el metal pulido, posiblemente bronce, envió como un rayo hacia otros objetos reflejando y ampliando la luz que penetraba por la abertura. Pese a que las otras superficies pulidas no estaban todavia limpias, la serie de espejos metálicos conectados en los apropiados ángulos dieron una claridad casi como la luz del día en el interior de la gran sala, no existía rincón sin estar suficientemente iluminado.

Mientras tanto, los dos profesores abrumados por la enorme cantidad de artefactos ocultos de la vista de los seres humanos por mas de dos mil años, no sabían por dónde comenzar a abrir las cajas y descubrir los secretos de los documentos que protegian dentro de las mismas y las reliquias que los sacerdotes del Segundo Templo, decidieron guardar de la codicia del Imperio Romano.─Llevará años catalogar e inventariar todo lo que hay aquí, sin contar los objetos dentro de las cajas, como también será una tarea abrumadora traducir los scrolls y los pergaminos en las ánforas. ─Dijo visiblemente emocionado el profesor Schonfield junto al Profesor Mitchner, quien asistía con su cabeza cada palabra pronunciada por su colega.

─Por lo que veo.-Dijo Mitchner, observando la gran cantidad de ánforas que alineaban las paredes.- Que seguramente se encontrarán miles de manuscritos, y al parecer, hay mucho más de lo que se encuentra detallado en el rollo de cobre que ya tradujimos. Anthony, Hermana Rosa… ¡Cómo podremos agradecerles que nos hayan incluido en esta experiencia; no tiene precio… esto quedará impreso en nuestros corazones… Gracias, gracias, muchas gracias. Anthony estaba listo para contestar cuando en sus auriculares escuchó a Félix. Su mensaje fue escuchado por todo el grupo, incluso por Hugo en el campamento. ─Anthony, finalmente tienes una respuesta para tus preocupaciones, tres helicópteros Sikorski capaces de cargar mas de 10t han despegado de la frontera con el Líbano; otro se ha unido a ellos, un modelo usado por los rusos capaz de transportar ochenta hombres, y seguramente eso es lo que lleva. Desde el Mediterráneo, en Tel Aviv, un helicóptero de combate completamente armado se dirige hacia Masada─. ─Bien Félix ─contestó Anthony. ─ Pon el plan B en acción. Nosotros nos defenderemos aquí, hasta que llegue la “caballería” ─ Después se comunicó con Hugo diciéndole: ─ Ponte a cubierto, despliega los hombres lo mejor que puedas, los refuerzos están por llegar. Lo importante es contenerlos por el tiempo necesario. Tú conoces el plan de emergencia─. ─Estamos haciendo eso ─contestó el Mayor. Luego dirigiéndose a uno de sus hombres le preguntó su nombre: ─Raoul, Señor, ....Raoul Tumas─. ─Bien Raoul, Se trata de un helicóptero que transporta ochenta hombres. Posiblemente, aterrizará a cien metros de donde nos encontramos. Toma una bazuca y un lanza misiles Ocúltate con un compañero; elige uno de tu confianza, y ¡bajen ese helicóptero antes de que pueda aterrizar! ¿Comprendiste? ─ ─Sí, señor. ─

En la cueva, Anthony solicitó armas para los hombres que decidieran quedarse con él. Las cuales se enviaron inmediatamente desde la cima de la montaña (Nadie pensaba dejar que esos piratas tocaran uno solo de los objetos). Luego intentó enviar a Susan y a las monjas en la plataforma, para que las llevaran con un vehículo lejos de ahí. Esta proposición no fue siquiera considerada por las mujeres. Susan pidió un fusil FN con láser y bastantes municiones, que le fue entregado de inmediato y refugiándose entre las cajas se preparó para disparar. Las hermanas Rosa y Normam buscaron mientras tanto otro rincón y comenzaron a rezar. Unos minutos después, el ruido ensordecedor de varios helicópteros quebró por completo el silencio habitual del desierto. Uno de ellos, un AH-1W Super Cobra , un helicóptero de asalto, bajó hasta la altura de la entrada de la cueva, a no más de diez metros de distancia de la ladera.

A través de unos altoparlantes, una voz, con marcado acento inglés, comenzó a decir: “Señor Gongora, sabemos que esta ahí con un grupo de personas. No queremos hacer daño a nadie, pero nos interesa el contenido de la cueva. Queremos que se rindan y permitan a nuestros hombres y helicópteros cargar el oro y algunos objetos y nos retiraremos. ─ Mister Whittaker, I'm presume. ─ Exclamó Anthony parafraseando la famosa pregunta de Stanley al Dr. Livingstone en África. ─ . Usted conoce la respuesta mejor que yo, jamás nos rendiremos. Sólo las autoridades y los museos tienen derecho al contenido de esta cueva ─ . ─ Señor Gongora, como militar usted conoce el armamento con que está equipado este aparato. Ahora mismo tengo un misil apuntando a la entrada de la cueva. Solo una presión de mis dedos, y usted y sus acompañantes van a pasar a ser parte de esa misma historia que quieren, o pretenden proteger ─ agregando, ─ Señor Gongora, si es necesario, para proteger lo que se encuentra en esa cueva, tomaré su posición con armas regulares.

Ese sonido que escucha, a pesar de los motores de nuestros cuatro aparatos, es un helicóptero ruso que trae ochenta comandos que en unos minutos estarán en tierra para tomar su posición ─ . En ese momento, varias explosiones sonaron en el aire, lo que hizo a Lord Whittaker mirar sobre su hombro izquierdo, justamente para ver su helicóptero, con su carga de ochenta hombres, caer envuelto en llamas a menos de cien metros de distancia. Al mismo tiempo, el sonido de varios F-17 indicaba que la Fuerza Aérea Israelí entraba en la zona de combate ordenando a toda aeronave en el área aterrizar y deponer las armas. .Los F-17 comenzaron a maniobrar por el área, impidiendo que los helicopteros efectuaran cualquier intento para alejarse intentando huir.-

“Helicópteros en Masada, mantengan su posición y efectúen maniobras de aterrizaje, desciendan de los aparatos y manténganse con las manos sobre sus cabezas, hasta que lleguen los Helicópteros de la fuerzas Armadas Israelitas.-éste es el Comandante de la escuadrilla Aerea Israelita atronaron los altóparlantes. Minutos mas tarde el inconfundible ruido de los rotores de 10 helicópteros lleno el área. Una vez en tierra las Fuerzas Israelitas, descendieron de los mismos, corriendo hacia donde se encontraban los aparatos de Lord Whittaker, posados inmoviles en el valle, cubriendo los ocupantes ya en tierra al lado de los aparatos.

En la cueva, el comunicador sonó en el oído de Anthony, la inconfundible voz de Hugo se escuchó en todos los comunicadores.- ¿Parece que todo está bien en la viña del señor?-Preguntó.

-Todo bien Hugo–Contestó Anthony- Tus hombres han hecho un trabajo magnifico justo a tiempo.

Una vez en la superficie, el General Leon Belinkous, comandante de la Fuerza Aérea Israelita, se aproximó al grupo estrechando la mano de cada uno y agradecíendoles que por su intervencion se hubiera impedido el robo de los valiosos tesoros, parte de la historia del pueblo Judío.

-Hemos hecho arreglos para que un grupo de escolares Judíos se trasladen a Masada, para que juntamente con ustedes procedan a catalogar los contenidos de las cuevas y ser trasladados a Jerusalem para ser estudiados. Trabajo con el cual, estoy seguro, estaran ansiosos de colaborar-Dijo el General, Añadiendo- Dejaremos un batallón de hombres y ustedes pueden moverse a su entera voluntad y si así lo desean comenzar los trabajos de estudios que consideren necesarios.

-Muchas Gracias General, algunos de nosotros cuyo aporte no es necesario para ese tipo de trabajo, partiremos en unos dias para informar personalmente a su Santidad Pedro II.- Contestó Anthony.


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