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El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XI - Reunión con El Papa - Hermana, su Santidad el Papa requiere su presencia en su despacho privado, agregando, lleve con usted todos los elementos necesarios para examinar documentos antiguos, en especial del primer siglo.

Reunion con El Papa


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XI

Reunión con El Papa

─Hermana Rosa ─ dijo Normam, su asistente mientras le alcanzaba el teléfono,─ El Cardenal Gallelli─.

─Sí, su Eminencia ─dijo ella al recibir el aparato.─ ¿En qué puedo servirlo?─

─Hermana, su Santidad el Papa requiere su presencia en su despacho privado ─y agregó ─ lleve con usted todos los elementos necesarios para examinar documentos antiguos, en especial del primer siglo─.

Rosa sintió como su pecho palpitaba aceleradamente. Una audiencia con el Papa y además poner en juego toda su experiencia acerca de estos testimonios la llenaban de emoción. Por consiguiente, nerviosa, tuvo que abrir varios cajones de su escritorio antes de encontrar una caja con guantes plásticos y su lupa preferida; ante la mirada atónita de Normam que nunca antes había visto a la hermana Rosa tan excitada.

Al observar la silenciosa pregunta, ella solo dijo: “Audiencia Papal”, y con los pocos instrumentos en su viejo portafolio casi corrió por el corredor hacia los elevadores.

Al entrar a las oficinas privadas del Papa, la hermana Rosa se detuvo en la esquina del cuarto que ofrece, hacia el este, una vista espectacular de la ciudad y de parte del campo que rodea a Roma y, hacia el sur, la Piazza San Pedro. Luego entró a la Biblioteca –en general, el cuarto de trabajo y el lugar que el Papa usa como oficina de recepción para audiencias privadas, con sus cuatro paredes cubiertas de valiosos volúmenes–. Cerca de la entrada observó el magnífico pero modesto escritorio, carente de las decoraciones que se esperaría encontrar en el Vaticano. Tres amplios ventanales iluminaban todo el cuarto, en el centro, una larga mesa de madera roja de Mahagony, y doce magníficas pinturas de animales completaban el decorado.

Giorgio, el mayordomo privado de su Santidad, la recibió en la antecámara tranquilizándola al ver su respiración tan agitada.

─Hermana ─le dijo, ─ siéntese por un momento y recupere su aliento─.

Después de unos minutos y viendo que Rosa estaba más tranquila, dio unos golpes en la puerta y entró en el despacho para comunicar su llegada.

Varias personas se encontraban con Su Santidad: entre los que ubicó a Monseñor Travanti, el Secretario privado y al Cardenal Gallelli, a quien había visto en el Vaticano muchas veces, pero al que nunca le habían presentado en persona.

El Cardenal se levantó para recibir a Rosa. Ésta respondió con una genuflexión y el beso de anillo. El Cardenal la condujo hacia la mesa central donde se encontraba Pedro II que la esperaba con una amplia sonrisa. Rosa repitió el gesto arrodillándose y besando el anillo del Pescador mientras balbuceaba “Su Santidad”.

─Bienvenida, querida niña ─dijo el Papa y le indicó, extendiendo la mano, que se uniera al pequeño grupo. Creo que conoces a los del grupo, excepto tal vez a Anthony Góngora. Rosa sonrió a los presentes, besó la mano del Secretario Papal y extendió su mano a Anthony.

─Hermana Rosa, ─dijo el Papa. ─Dados sus amplios conocimientos de las antiguas lenguas hebreas, mucho le agradeceríamos que examinara estos documentos y nos informara cuál es su opinión al respecto─. Rosa había visto los documentos, protegidos por una tela, sobre la mesa y el hecho de que estuvieran cubiertos no podía ocultar sus formas. Para Rosa no había dudas de qué se trataba, pero no imaginó en ese momento la importancia de esos dos scrolls que además de ser auténticos le brindarían la posibilidad de una magnífica aventura.

─ ¿Me permite examinarlos, Su Santidad?─.

─ Por favor, hazlo ─dijo el Papa.

Rosa apoyó su portafolio sobre la mesa, sacando de él todos los elementos para manipular documentos sumamente frágiles sin dañarlos. Entonces tomó la lupa y comenzó a examinarlos cuidadosamente, sin tocarlos.

─ A simple vista, sin hacer un examen detenido, parecerían ser una copia del 3 Q15 que se encuentra en el “Templo del Libro en Jerusalén. Aunque a diferencia de aquél, éste se encuentra en excelentes condiciones; el que está en el Templo está totalmente oxidado: la pátina verde del metal y la falta del mínimo cuidado destruyeron gran parte del mismo ─explicó.─ La escritura aquí es claramente visible y considero que no tendría muchas dificultades en traducirlo.

Se podría, si Su Santidad lo autoriza, realizar un estudio del documento para que, además de la comparación del dialecto y de los giros idiomáticos de la escritura, pueda aclarar con bastante aproximación el período en que fue escrito ─la hermana hizo una pausa y luego prosiguió.─ Como el 3 Q15, este scroll parece detallar el inventario de un tesoro con cifras de cantidades de monedas de oro y de talentos del mismo material, cuya cantidad debo revisar cuidadosamente, pues los números son exageradamente altos; y señala el Templo de Jerusalén como propietario de los mismos ─aclaró─ Sólo he podido observar el contenido de la primera escritura y necesitaría varias semanas, o meses, para autenticar la antigüedad de ambos scrolls y necesitaría de la ayuda de algunos colegas y especialistas en lingüística─.

La hermana Rosa meditó unos segundos y luego continuó.

─Ahora, solo puedo darles mi primera impresión que se puede modificar con un estudio más exhaustivo, pero del otro scroll puedo asegurar que es la narración de un evento y que no parece ser copia de los sagrados textos, pero sí escrito por alguien versado en ellos─.


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