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El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XXI - Retorno a Roma - Después del aterrizaje y el paso por la Aduana sin inconvenientes, buscó su coche en el estacionamiento y manejó a toda velocidad los pocos kilómetros que lo separaban del Vaticano. Una vez allí, se dirigió a los ascensores que lo llevaron al nivel donde se encontraban las oficinas de la hermana Rosa.

Retorno a Roma


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XXI

Retorno a Roma

El vuelo desde Londres fue rápido, o al menos así le pareció a Anthony, ya que su mente estaba ocupada en los acontecimientos de los últimos días. Se culpaba, además, por la situación en que se encontraba

Susan.“Tendría que haber ido con ella, en lugar de asistir a la inauguración oficial de los trabajos de los Canales”, pensaba.

Esta era la segunda vez en pocos meses que la vida de Susan se encontraba en peligro por su culpa. La primera, cuando escaló la montaña en Jabal al-Nusayriyah, en Siria, para rescatar al Papa que había sido secuestrado. Ella había escalado sin sogas de seguridad la pared vertical en medio de la noche para posibilitar que luego ascendieran los comandos del rescate; y ahora, ocho meses después, también se encontraba envuelta en una peligrosa situación.

Después del aterrizaje y el paso por la Aduana sin inconvenientes, buscó su coche en el estacionamiento y manejó a toda velocidad los pocos kilómetros que lo separaban del Vaticano. Una vez allí, se dirigió a los ascensores que lo llevaron al nivel donde se encontraban las oficinas de la hermana Rosa.

No se sorprendió al encontrarla totalmente iluminada, con varias personas dentro; la hermana Rosa, el Cardenal Gallelli y dos individuos de mediana edad –desconocidos para él–, y Walter. Luego de los saludos, se le informó que el avión en el cual transportaban a Susan era un poderoso avión privado, un Gulfstream Jet birreactor que pertenecía al Cartel Colombiano.

—Era lógico imaginar que se dirigieran a Colombia —continuó Walter—.Ya le he informado a su Santidad, quien me ha autorizado a comunicarme con la DEA en los EE.UU. para equipar los satélites en Sudamérica con el programa necesario para encontrar la señal del chip que implantamos en Susan hace unos meses. Por mi parte, he dado instrucciones a mis hombres para reagrupar este programa en la red de satélites terrestres.

—Perfecto Walter, muchas gracias —dijo Anthony.

—Anthony, permíteme presentarte al profesor Israel Mitchner, titular de la Cátedra de Hebreo Antiguo de la Universidad de Oxford, quien, a pedido de Su Santidad, acaba de llegar de Londres para ayudarnos con los scrolls —lo presentó la Hermana Rosa. Después de unas frases formales lo condujo hasta donde se encontraba otra persona de cabello cano y rostro juvenil. —el Profesor Robert Schonfield —introdujo la hermana.

— ¡Encantado! —dijo Anthony.

—El profesor se ocupa de arqueología y lengua antigua en la Universidad de Harvard y llegó esta tarde. Hemos tenido suerte de que estaba en Paris ofreciendo unas conferencias y fue tan amable de aceptar la invitación del Papa y volar hoy mismo hacia Roma para unirse a nosotros —explicó la hermana Rosa.


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