+
El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XX - M I5 - Servicio Secreto Ingles - Anthony reflexionó sólo unos minutos. El M I5 sabía lo que estaba pasando en el Vaticano, por alguna extraña circunstancia o alguna investigación paralela de esa dependencia se encontraba relacionada a lo sucedido el día anterior en Roma.

M I5 - Servicio Secreto Ingles


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XX

M I5 - Servicio Secreto Ingles

A las siete, Anthony se encontraba en el comedor del Westin Excelsior, preparándose para desayunar con el comandante Thomas, cuando sonó su teléfono celular. Ambos hombres estaban discutiendo los detalles del robo del scroll de cobre. Anthony tenía una llamada desde Londres. Pensó que tal vez fuera Susan a quien había tratado de ubicar en los últimos días, sin éxito. Sabía del mal tiempo en Katmandú, pero estaba comenzando a temer que algo pudiera haberle sucedido aunque, por otra parte, ella de alguna manera trataría de comunicarse con él.

─Hola ─contestó con la esperanza que la cristalina voz de Susan respondiera, pero en su lugar lo hizo una voz grave masculina con acento inglés. ─ ¿Anthony Gongora?─ ─Con él habla ─contestó. ─ George Hutchinson, ¡ M I5 aquí! ─fue la respuesta que recibió. Le parecía un nombre conocido pero no podía recordar exactamente cuándo o dónde lo había escuchado─. ─¿En qué puedo servirlo George? ─preguntó. ─Tal vez no me recuerde, pero nos conocimos hace varios años en Kurdistán. Usted aún estaba con la Agencia ─dijo Hutchinson. ─Ahora recuerdo. Usted era el joven oficial inglés con el que cruzamos a Turquía buscando... ─Exactamente ─ se apresuró a contestar George, antes de que Anthony divulgara cosas que estaban clasificadas como secretas─. ─Comprendo ─ dijo Anthony con una pequeña risa que George compartió desde el otro lado─ ¿En qué puedo servirte?─ ─Necesitamos verte en Londres de inmediato; tengo información que te concierne. Tenemos un boleto reservado para ti en British Airlines en un vuelo que parte a la diez desde Fumichino─. ─Es imposible George, estamos en medio de un grave problema y no puedo dejar Roma ─contestó Anthony. ─Precisamente. ─aclaró George. ─Es necesario que vueles aquí, ya que tiene relación con tu problema y otros que te serán de gran interés; además solo perderás unas horas. Te espero en el aeropuerto─.

Anthony reflexionó sólo unos minutos. El M I5 sabía lo que estaba pasando en el Vaticano, por alguna extraña circunstancia o alguna investigación paralela de esa dependencia se encontraba relacionada a lo sucedido el día anterior en Roma. Dirigiéndose a Thomas le dijo.: ─Saldré en unos minutos para Londres─. Y ante la mirada inquisitiva de Thomas, agregó:

─Es muy importante. Estaré de vuelta esta noche─. El comandante lo miró sin hacer ninguna pregunta, pero en su mirada uno podía adivinar el signo de interrogación, mientras Anthony tomaba apresuradamente el remanente de su taza de café y su tostada. ─Solo puedo decirte que mi viaje es importante y tiene alguna relación con lo sucedido ayer. Voy a mi habitación para buscar mi pasaporte y una camisa. Te veré a mi regreso para tenerte informado─. Thomas sólo pudo decir: “¡Buen Viaje!” mientras veía a Anthony salir del restaurante hacia los elevadores.

A las doce y cuarto, Anthony se encontraba pasando la aduana en el aeropuerto Heathrow, en Londres. Además de su pasaporte diplomático llevaba solo un portafolio con una camisa y de inmediato atravesó todos los controles y fue el primero en pasar las puertas de cristal. Allí vio a George que lo esperaba con un cartel con su nombre. Aunque diez años no parecían mucho para Anthony, sí lo habían sido para George, a quien recordaba como un novicio de la carrera de Inteligencia de solo veintidós años. Ahora, a los treinta y dos, las líneas de su rostro mostraban una firmeza que sólo la experiencia y el enfrentarse al peligro pueden tallar en el rostro de un hombre.

Un apretón de manos y un abrazo sellaron el encuentro de dos camaradas. El tiempo y la distancia no habían borrado el afecto forjado en varios meses sirviendo juntos Ambos se dirigieron hacia el estacionamiento y subieron al automóvil para dirigirse a Londres. George sólo hablaba de las experiencias que habían vivido juntos hacia una década en el Medio Oriente, y Anthony no quiso forzar la conversación para averiguar el propósito de su viaje a Londres, así que espero hasta que llegaran a la ciudad y a a las oficinas centrales del MI 5 en Thames House. George le informó que debían presentarse en las oficinas del Director General, Sir Francis Bloom.

─El tiempo pasa ─observó Anthony—. La última vez que estuve aquí, el director era Jonathan Evans ─. —De eso hace más de diez años, mi estimado amigo —contestó George—. Pero verás que las cosas no han cambiado mucho─. La oficina de espera como era costumbre, a pesar de la magnifica decoración y su mobiliario, no dejaba de ser típicamente inglesa. Anthony acostumbrado a la cristalina iluminación y a los muebles estilizados y modernos de su país, siempre encontraba difícil habituarse a la tradicional y señorial decoración británica. Miró con curiosidad que en uno de los paneles que decoraban las paredes había una placa de bronce que contenía a grandes rasgos, los principios de la organización:

MI5 protects the UK against covert threats to national security. We work to counter terrorism, foreign espionage and proliferation of weapons of mass destruction.

We are committed to legality, integrity, objectivity and proportionality . Cuando fueron admitidos en la oficina y se efectuaron las presentaciones de rigor, Sir Francis los invitó a pasar por una puerta lateral al cuarto de conferencias donde ya se encontraban varias personas: Peter Domenech, director de Drogas y Estupefacientes; Ben Hawkings, director de la Sección Contrabandos; Christian Slatter, representante de Scottland Yard; y August Denby, agente especial de la Institución. Una vez sentados Sir Francis tomó la palabra

En primer lugar, quiero disculparme en nombre de la organización y el mío propio por haberlos llamado sin informarle los motivos de este encuentro. Pero pronto comprenderán las razones por las cuales creímos que era importante que lo que hablemos no se transmita afuera —hizo unos segundos de pausa y continuó. Hace años que una banda organizada y con medios muy poderosos, que actúa internacionalmente en el mercado clandestino de arte y antigüedades, está encabezada por una persona con muchas influencias políticas a la que no se puede tocar o investigar sin pruebas fehacientes. Esta persona está siendo vigilada por uno de nuestros mejores agentes especiales, August Denby. Él hace dos años trabaja para este caballero como su chofer. Aún no cuenta con su total confianza y solo ha podido obtener pequeños indicios acerca de este grupo organizado. Pero, hace unas semanas se pudieron obtener los datos del movimiento que realizaron conocidos criminales de los que, y a pesar de su historial, no tenemos todavía ninguna prueba de que se encuentren conectados con las actividades de esta amplia red.

––Sabemos —dijo dirigiéndose ahora a Anthony—, que han adquirido una preciada pieza del Vaticano; conocemos los nombres de los protagonistas, pero no tenemos todas las pruebas. Anthony interrumpió: – ¿Qué esperan para aprenderlos? Si ustedes no pueden hacerlo ahora, díganme sus nombres y yo me encargo de ellos. –Es un poco más complicado de lo que piensa. En principio el scroll... robado ayer en el Vaticano se encuentra en poder, posiblemente, de la persona que encabeza esta red. Tenemos al agente especial Denby como operativo encubierto vigilándolo, por ese motivo sabemos que ayer mismo recibió el documento —Sir Francis hizo una pausa y luego se dirigió específicamente a Anthony—. Así supimos también que ha secuestrado a su prometida, Susana Martin, en Katmandú. — ¿Dónde se encuentra ella ahora? —exclamó Anthony poniéndose de pie. Enseguida George y Christian Slatter se le acercaron para calmarlo y para que pudiera escuchar hasta que Sir Francis terminara con su informe. —Perdóneme Sir Francis, por un momento he perdido mi compostura; no ocurrirá otra vez —se disculpó Anthony. —Por supuesto mi estimado amigo, dadas las circunstancias su actitud es muy comprensible —y tomando un puntero de la mesa giró hacia el mapa que colgaba en la pared detrás suyo. Señalando Katmandú continuó—: Sabemos que han partido de Katmandú en un jet charter ambulancia con destino al sur de África. Creemos que ese no es su destino final, pero hasta que nuestros agentes no nos informen, no tenemos medios para averiguarlo. Denby, quiere usted continuar informando, por favor.

─Gracias Sir Francis. Señores, como todos ustedes saben me encuentro al servicio de Lord Whittaker desde hace dos años y durante ese tiempo, un estricto control me ha impedido obtener informaciones o datos precisos sobre las actividades que se desarrollan, ya que jamás se me involucró en alguna de las operaciones que se sospecha ha efectuado Lord Whittaker. Sí puedo asegurarles que como empleado he conducido a diferentes personajes a la residencia y otros puntos de reunión los que, y de acuerdo con sus prontuarios, eran especialistas en diferentes artes del mal vivir. Luego de estos encuentros, siempre se sucedían las sustracciones de objetos de arte y de artefactos históricos de valor incalculable –para efectuarlos se necesitaba la experiencia que justamente estas personas que conduje a esas reuniones tenían–. No descarto la relación de estas “casualidades” —dijo remarcando sus palabras—. Hace unos días llegó a Londres el Profesor Aviel─.

— ¡Lo sabía! Ese hijo de mala madre tenía que estar envuelto en esto —exclamó Anthony casi gritando, por lo que de nuevo debió disculparse. Al observar que lo miraban, expuso una síntesis de los hechos que le habían ocurrido en el desierto entre Jordán e Israel, la forma en que los documentos llegaron a sus manos y el posterior encuentro con Aviel y sus hombres.

—Ahora tengo una visión más completa del juego y conocemos a los jugadores, lo que necesito es la posición del avión que transporta a Susan. Ella tiene un implante electrónico en su cuerpo y nuestro director de Ingeniería y Programaciones Satelitales, Walter Jeru salinsky, puede localizarla inmediatamente con nuestros equipos. Pero debemos aproximar el área para localizarla —dijo Anthony.

Sir Francis no pudo resistir una vieja expresión inglesa: “¡good show!”, lo que causó una sonrisa y una afirmación implícita en las caras de todos, incluida la de Anthony. Y luego, dio las órdenes a su sistema de comunicaciones para detallar las coordenadas y todo lo que se sabía acerca del itinerario que conducía a Susan, Una vez obtenidas, se las pasó a Anthony quien rápidamente salió hasta la oficina general para transmitirlas, a su vez, al director de Inteligencia. Sir Francis tenía la esperanza de que esta vez se abriera una ventana que les permitiera llegar a la organización de Lord Whittaker y sus múltiples operaciones en el bajo mundo. Tuvo la deferencia de esperar por Anthony antes de continuar con la información del robo de los documentos históricos y del secuestro de Susan.

—Los negocios de Lord Whittaker no son sólo sobre artefactos antiguos y objetos de arte, últimamente ha expandido sus empresas al transporte y distribución de estupefacientes, ya que ello le posibilita obtener fondos ilimitados para destinarlos a la búsqueda de más obras de valor, de incalculable belleza, históricas o religiosas. Tenemos entendido que más que un hobby, para él esto es una enfermedad. Seguramente el profesor Aviel se encuentre en este momento tratando de traducir el documento y lo esté buscando a usted, Anthony, para conseguir el segundo. —Le costará mucho más de lo que pueda pagar —exclamó Anthony. —Lo sabemos —contestó sir Francis con el acuerdo general de los presentes. —Si le he entendido correctamente, el agente especial Denby está en contacto con Lord Whittaker y los miembros de esa organización —dijo Anthony—. Quisiera pedirle que cualquier novedad acerca de mi prometida la comunique inmediatamente a Walter Jeru salinsky o a mí. Antony se acercó a la cabecera de la mesa para saludar a Sir Francis, luego de estrechar previamente las manos a todos los presentes e intercambiar tarjetas con las direcciones y teléfonos oficiales y particulares. Les agradeció a todos estar allí y que prestaran la ayuda necesaria para resolver estos problemas.

—Sir Francis, le agradezco muchísimo la deferencia que me ha mostrado al invitarme a esta importante reunión—. Mientras se saludaban ambos hombres quedaron de acuerdo en que el Vaticano y MI 5 estarían en constante comunicación. —Anthony —dijo George—, tenemos un avión que alcanzar y para hacerlo necesitamos salir ya. —De acuerdo, George —y dándose vuelta hacia los hombres en la reunión les repitió—: Muchas gracias caballeros, espero verlos pronto.


comparte esta página en: