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El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XXXVI - Masada - Finalmente todos pudieron admirar la enorme roca que fue la base de una de las grandes construcciones de la antigüedad, los Gurkhas se dedicaron a emplazar las carpas de campaña.

Masada


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XXXVI

Masada

El Gulf StreamG550, descendió suavemente en un campo de aterrizaje privado, a unos pocos kilómetros de las afuera de Jerusalén. El viaje, tal como lo habían esperado, se realizó sin incidentes y fue muy cómodo. Al descender, ya se encontraban en un costado de la pista los vehículos y los camiones cargados. El aeropuerto se encontraba en el camino hacia el Mar Muerto y su destino final: Masada.

Todos conocían Israel, y especialmente los sitios turísticos y religiosos. El desierto no era muy hospitalario, pero el aire acondicionado del automóvil suavizaba los 42° de temperatura. La caravana empleó un par de horas para recorrer los pocos kilómetros que la separaban de su destino. Con las carreteras también en reparación, debieron tomar varios desvíos por el desierto, por donde jamás hubo caminos sino sólo extensiones cubiertas de piedras de diferentes tamaños. Estas rutas por las que les fue permitido transitar, fue debido al permiso especial que exhibían, aunque esto no evitara que los oficiales hicieran varias llamadas telefónicas a los más altos funcionarios, y estos a su vez a otros con el objeto de certificar la autorización.

Finalmente todos pudieron admirar la enorme roca que fue la base de una de las grandes construcciones de la antigüedad, los Gurkhas se dedicaron a emplazar las carpas de campaña para los hombres y una mucho más amplia y cómoda se preparó para las monjas y Susan. Posteriormente se instalaron los baños químicos y las duchas.

Modelo del Palacio y Fortaleza Masada

Uno de los camiones-tanque con agua potable ya había llegado el día anterior. Para abastecer las necesidades del grupo estaba programado uno por día, por el término de la semana que planeaban estar en el lugar. Los Gurkas asistidos por los chóferes de los camiones bajaron los aparejos metálicos que se instalarían en la cima de la montaña. Mientras todo esto se llevaba a cabo, el grupo se dedico a admirar la enorme roca y los restos de las constucciones hoy en ruinas situadas en la cima al oeste del Desierto de Judea. Con una perfecta vista panoramica del Mar Muerto. Todos estaban de acuerdo fue y es un lugar de una impresionante belleza.

En el Este la roca cae aproximadamente 450 metros hasta el Mar Muerto, que es el lugar más bajo en la tierra, 200 metros debajo del nivel del mar, en el oeste 100 sobre el terreno que la rodea. Anthony llamó a la compañía de helicópteros donde había contratado un Bell 206 N58140, especialmente equipado para instalar los dos aparejos que necesitaban, que sería utilizado al día siguiente a las 12:00 horas. De inmediato, Walter inició las mediciones. Consideró que no le llevaría más de unas horas tener el punto exactamente ubicado para hacer las perforaciones. El mayor tiempo lo insumiría en instalar el aparato. ─ ¡Walter! ─sonó la voz de Félix, el asistente de Walter en Castel Gandolfo.─Tenemos cuatro visitantes en las montañas cercanas; se están comunicando con algunos teléfonos de última tecnología. Me llevará veinticuatro horas instalar un sistema en el satélite poder poder escuchar sus conversaciones─. ─Gracias, Félix ─contestó Walter.─ Le informaré a Anthony. Pásame la ubicación de cada uno en la pantalla del comunicador─. Después de finalizar esta comunicación, llamó a Hugo y Anthony a quienes les informó de la llamada. En ese momento se acercó la Hermana Rosa. ─El profesor Aviel ─dijo.─ Indudablemente es una oveja negra de nuestra familia, pero es un brillante lingüista. Debe haber descifrado el rollo de cobre y por lo tanto pudo deducir su ubicación. Seguramente, es Lord Whittaker quien nos ha seguido─. ─Contábamos con ello ─exclamó Anthony. ─Estaremos preparados para recibirlos─.

El Mayor Hugo Surraco que también se había acercado preguntó: ─ ¿Anthony, quieres que envíe mis hombres y los neutralizamos?─ ─No es necesario, Hugo ─contestó─. Podemos ver todos sus movimientos con los satélites y anticipar cada uno de ellos, Walter ─agregó ─si puedes hacer que se inspeccione un área de 400km de radio, tomando Masada como punto central, tal vez se pueda detectar alguna actividad inusual que pueda darnos una clave de sus actividades. Aunque todos sabemos qué es lo que quieren.

─Le pediré a Félix que se ocupe de esto inmediatamente ─contestó éste y continuó. ─Si no me necesitas más, estaré instalando mis instrumentos para localizar las coordenadas en la ladera de la montaña, pintarlas con el láser y mañana poder perforar los dos cubitos de diámetro y así saber si todo esto no es más que un sueño─. ─ ¿Estarías hoy en este desierto si creyeras que es un sueño? ─le preguntó Rosa. ─Querida hermana ─respondió después de pensar unos segundos,─ definitivamente ¡No!─. Y con una amplia sonrisa, se alejó para comenzar a instalar sus instrumentos, mientras los demás se ocupaban de arreglar el campamento.

Walter, asistido por Hugo y cuatro de los Gurkhas, completó las tareas antes de ponerse el sol. Una vez que comprobó todos los cálculos en su libro de notas, ya que nadie había podido encontrar –aun con los más poderosos binoculares– la marca en la roca, dado el ángulo de visión desde la superficie al lugar de emplazamiento de la entrada. Pero sí con las coordenadas que daba el satélite. Una vez que Félix observó la marca del láser, confirmó que ésta se encontraba en la piedra con la palabra griega grabada en ella. El dedo índice de Walter pulsó entonces el botón y en la parte noroeste de la ladera se observó de inmediato, con toda claridad, el punto marcado por la línea roja con un diámetro no mayor que el de un lápiz; esa marca que una vez perforada, todos esperaban que descubriría el contenido de la cueva clausurada por dos mil años.

Una vez más, Walter tomó sus notas y recalculó sus números hasta estar totalmente convencido de los mismos. Sólo entonces, tomó el teléfono celular comunicándose con la compañía de helicópteros en Tel Aviv, para que enviaran el aparato a las siete en lugar de las doce; ya marcado el lugar donde efectuar el primer corte, no había necesidad de demorar más tiempo. Afortunadamente, la compañía le comunicó que no tenia ningún problema y, a primera hora de la mañana el aparato se encontraría listo en Masada para elevar el equipo de aparejos.

Los técnicos en el campamento se encontraban desde que habían llegado ensamblando las estructuras metálicas para tenerlas listas en pocas horas, y sólo necesitaban colocarse en posición en el tope de la montaña y de inmediato iniciar las operaciones.

A las seis de la mañana en el campamento se desarrollaba una febril actividad. La mayoría de los hombres estaba fuera de sus carpas con una taza de humeante café o té y algunos de los trabajadores devoraban grandes sándwiches. Walter y Anthony se habían instalado frente a la pantalla de 30 pulgadas del televisor digital instalado en su carpa, donde observaban la actividad de los hombres en la montaña: los cuatro no se habían movido de sus lugares en toda la noche, aunque dos de ellos habían comenzado a desplazarse, pero sin salir del perímetro y luego despertando a los otros dos para ser relevados. Los cuatro observaban con sus binoculares y vigilaban todas las actividades del campamento. El reporte de Félix acerca de encontrar algo fuera de lo normal en un radio de 400km, no había producido ningún resultado, como tampoco la minuciosa observación de las inmediaciones de Masada. No había señal de vida en 40km en todas las direcciones y el registro térmico de la superficie no detectaba temperaturas que evidenciaran actividad humana, sólo algun que otro animal como cabras o un pequeño antílope, comunes en esas latitudes.

El sonido de los poderosos motores del helicóptero hizo que dejaran por el momento de pensar en Lord Whittaker y sus hombres para concentrarse en la labor que deberían efectuar en las próximas horas. El resto del campamento también detuvo su actividad para observar las maniobras de este poderoso helicóptero, capaz de levantar pesos de hasta casi quince toneladas. El helicóptero descendió a unos 30m del campamento y uno de los pilotos bajó para asegurar y sujetar los cables que elevarían las estructuras. Después de una inspección visual a los aparatos, se aseguró que no ofrecían peligro, y luego advirtió a los presentes para que nadie se encontrara en un radio cercano a los 50m del aparato.

El piloto regresó a su helicóptero manteniéndolo en el aire a pocos metros, mientras se sujetaban con firmeza los cables y, lentamente, elevó la estructura hacia la cima. Una vez allí, fue recibida por los hombres que ya habían ascendido y esperaban la carga. Como la estructura no podía sujetarse a la roca, debían colocar contrapesos de más de diez toneladas para sostener el aparato. Así que en primer lugar se elevaron estos, y el resto se depositó sobre los mismos con bulones, tal como lo ordenaron las especificaciones técnicas.; además de las soldaduras especiales. El trabajo de elevar los aparatos y de ensamblarlos en la cima le llevó a los diez hombres más de doce horas y las operaciones finalizaron recién a las ocho y media de la noche, bajo la luz de unos poderosos reflectores. Esa misma noche en la carpa que era usada como comedor y sala de conferencias, después de la cena y frente a las tazas de café, Anthony se dirigió al grupo en estos términos:

─Estamos a un paso de abrir la cueva. Hoy nos hemos entretenidos con el espectáculo muy interesante que nos proporcionó la labor del helicóptero y el montaje de los aparejos. Mientras tanto, me preocupa bastante que no hayamos podido encontrar a Lord Whittaker y suprimir la amenaza que él representa. Los pocos hombres que tiene observándonos no constituyen un peligro, pero sí el hecho que no podamos encontrar otros rastros con los satélites en un radio de 400km. de algo más elaborado y sabemos que está allí. Sus recursos son inmensos y debemos estar preparados para cualquier eventualidad. Nuestra gran ventaja es que tenemos los satélites y la comunicación inmediata con el resto del mundo si lo necesitamos, pero no obstante esto, sigo preocupado─.

─No tienes por qué estarlo ─le interrumpió el Mayor Hugo.─ Tenemos varios hombres en la cima de la montaña con varias ametralladoras pesadas, incluso varias bazucas y toda clase de armas de mano y de rifles de largo alcance. Además varios de nosotros tenemos una pequeña experiencia en como se manejan. Este lugar es hoy tan imposible de tomar como lo fue dos mil años atrás─.

─Lo sé ─dijo Anthony.─ Pero en el momento en que nos encontremos para abrir la entrada, debemos también caer sobre esos hombres en la montaña, quitándoles toda posible comunicación. Los nuestros tomarán sus posiciones con cuatro ametralladoras pesadas, bazucas y lanza misiles manuales─.

─Considéralo hecho ─exclamó Hugo.

─Les repito, lo sé. Y sé que tenemos, además, suficientes armas y municiones para quienes quieran ayudar a defender los perímetros, si la necesidad lo demanda─.


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