+
El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada Capítulo V - Los Scrolls - La última etapa del viaje –que había iniciado en Nueva York, con una estadía en Roma donde había permanecido por dos días– fue el aeropuerto Ben Gurion en Jerusalén

Los Scrolls


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo V

Los Scrolls

La última etapa del viaje –que había iniciado en Nueva York, con una estadía en Roma donde había permanecido por dos días.- Terminó al ver desde la ventanilla la tierra de Judea.

Una vez que cumplió los requisitos de inmigración, en el Aeropuerto facilitados por su pasaporte diplomático extendido por el Vaticano, Anthony Gongora se dirigió a las oficinas de Avis, donde ya tenía reservado un Jeep Cherokee de doble tracción.

Después de firmar los contratos de alquiler del vehículo y los seguros correspondientes, salió a la carretera y despues de un breve viaje tuvo frente a sus ojos el contorno de la ciudad de Jerusalén. Entre los modernos edificios se podía visualizar la inconfundible silueta de la ciudad antigua y el domo dorado del templo de la Roca; la milenaria ciudad que fue testigo silencioso de la creación de tres de las mayores religiones del planeta: la judía, la mahometana y la cristiana.

Ya en la ciudad, se dirigió inmediatamente al Hotel King David, el que encontró de inmediato gracias al mapa electrónico del tablero de instrumentos del automóvil. El hotel se encontraba en el corazón de la ciudad, muy cerca de las paredes que circundaban la Ciudad Antigua. Era un magnífico edificio de piedra rosada que había abierto sus puertas en 1931. Desde entonces había sido escenario de todos los acontecimientos de la independencia y había servido como fortaleza inglesa y luego judía. Hoy era centro de actividad de diplomáticos, ricos y poderosos, que desde hace años lo eligen como una forma de relacionarse con aquellos que actúan en la política moderna que está cambiando el Medio Oriente.

Anthony se detuvo unos momentos para reconfirmar su reserva para el sábado por la noche y luego decidió almorzar en el hotel antes de emprender el viaje que tenía planeado a Masada y Qumrán. El concierge le facilitó las direcciones donde le indicarían la mejor forma de llegar a la oficina de turismo y allí obtener los mapas del área que deseaba visitar.

─ Le conviene dejar su coche en el parking del hotel, señor ─ le dijo. —Y cuando salga del parking , doble a la derecha por la calle Rey David hasta la calle Argon; allí encontrará la puerta de Yaffo o Jope en la ciudad antigua. Entrando por esa puerta diríjase a la oficina de Información que se encuentra frente al Museo La Torre del Rey David.─ Anthony le agradeció, y luego de darle una propina, salió con rapidez hacia esa oficina. Estaba en verdad muy contento de estar allí y que Su Santidad, Pedro II, lo hubiera invitado para la celebración del inicio de las obras del Canal, entre el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo hasta el Mar Muerto. Lo único que lamentaba era que Susan no pudiera estar con él para disfrutar de las ceremonias y de la semana de aventuras en el desierto. Ella se encontraba en el Tibet, con un grupo de escaladores intentando, nuevamente, llegar a la cima del Monte Everest.

Anthony se preparó para una semana de exploración en el desierto de Judea. Su equipo consistía en una pequeña carpa y se había asegurado de provisiones en el mercado.Estaba ansioso por comenzar su aventura. Ocho meses habían pasado desde los acontecimientos del secuestro del Papa y su liberación. En ese lapso, el mundo había efectuado un gran cambio que se veía claramente en el panorama mundial. Los ataques terroristas habían cesado, aunque aun existían algunos grupos aislados de disidentes que conservaban las enseñanzas de tantos años de adoctrinamiento y que trataban infructuosamente de incitar nuevamente el odio y los ataques.

Mil años de odios y deseos de venganza no se borrarían de una día para el otro; lo importante es que las heridas habían comenzado a curarse y aunque todavía se necesitarían algunas generaciones, se estaba en camino.

Con el descubrimiento de los operativos terroristas en el mundo, los últimos remanentes de Al Qaeda y de Hezbollah habían sido neutralizados y asimilados a las agrupaciones trabajando para reparar los daños ocasionados al Planeta. Las poblaciones estaban disfrutando de una libertad religiosa en todas las naciones, la que no habían disfrutado en miles de años.

Además recibían los incentivos económicos para encarar la construcción de las obras necesarias para reparar el medio ambiente, alterado durante siglos por el hombre y que había afectado las condiciones climáticas, provocando inundaciones en áreas tradicionalmente usadas para la agricultura, lo que había obligado al rápido desplazamiento de enormes masas de población de unos a otros países.

El modo de transformar las partes desiertas en áreas fértiles estaba siendo estudiado por los grupos de científicos de las diferentes disciplinas y en muchos casos su realización se encontraba ya en el proceso de ser implementada o para implementarse con los capitales provenientes de la Iglesia y el grupo Internacional de Naciones. Los canales eran un sueño que el Papa quería ver realizado, y a pesar de que todos los proyectos –en los tableros de dibujo de cientos de firmas de arquitectos e ingenieros del planeta– eran sumamente importantes, éste ocupaba la mayor prioridad en su agenda.

Anthony interrumpió sus pensamientos al reconocer frente a él la Torre del Rey David. Al cruzar la calle, se encontraba la oficina de información. Solo unas cuatro personas se encontraban esperando y los mismos fueron atendidos con rapidez por un señor de mediana edad, impecablemente vestido, que lo saludó con el tradicional “¡Shalom!”, extendiéndole la mano, la que Anthony, a su vez, se apresuró a estrechar.

-Soy León Belinko. ¿En qué puedo servirle?─.

Anthony le explicó rápidamente el motivo de su viaje y veinte minutos más tarde, con su mochila llena de mapas e instrucciones, se encontraba rumbo al hotel donde pasaría la noche.


comparte esta página en: