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El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada Capítulo XXXIV - Claves del Tesoro - El mismo Papa se adelantó a saludarlo efusivamente, diciéndole: -Querido Anthony, como siempre es un gran placer recibirte y verte bien. Sé que has tenido algunas aventuras pero que, como siempre, has superado todas las adversidades.

Claves del Tesoro


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XXXIV

Claves del Tesoro

Anthony se encontraba en la antesala de las oficinas privadas del Papa esperando que Georgio, el mayordomo de Pedro II, lo hiciera pasar. A la siete en punto, éste abrió las puertas y luego que le permitió el paso, las cerró detrás de él dejándolo solo en la enorme habitación donde se encontraba Su Santidad detrás de su magnífico escritorio

El mismo Papa se adelantó a saludarlo efusivamente, diciéndole: -Querido Anthony, como siempre es un gran placer recibirte y verte bien. Sé que has tenido algunas aventuras pero que, como siempre, has superado todas las adversidades.

─Gracias Su Santidad ─contestó Anthony. ─Y dime, ¿cómo se encuentra Susan? ─preguntó el Papa, agregando enseguida antes de éste contestara: ─Nos ha dado un buen susto, pero afortunadamente con la ayuda de nuestro Señor, sé que se encuentra repuesta esperando el día de la boda ─agregó con una sonrisa. ─Espero formalizar nuestra boda el próximo mes ─contestó. ─Una vez que regresemos de Israel─. ─Anthony, estoy enterado de tu expedición a Masada ¿pero, llevarás a Susan contigo? ─pregunt el Papa. ─Su Santidad, ¿usted cree que ella me dejaría ir solo después de todo lo que le sucedió por mi culpa?─.

Pedro II esbozó una alegre sonrisa antes de contestar: - ¡Definitivamente no! Sé que serán muy felices. Y ahora, cambiando de tema y volviendo al asunto por el que estás aquí. He estado conversando con el Cardenal Gallelli y la Hermana Rosa. Ellos me han informado de los progresos que han hecho con los documentos que has adquirido en Khirbet Qumrán.

Parecería que los mismos han develado hechos que ya se sospechaban, dando una nueva perspectiva a los acontecimientos ocurridos casi dos mil años atrás. Además una nueva fuente de riquezas se encuentra enterrada bajo la fortaleza del Rey Herodes. Espero que no lo tomes a mal, pero me tomé el atrevimiento, aun sin tu permiso, de hablar con el Primer Ministro Israelí sobre la situación. Si bien es cierto que sacaste un documento histórico de su país y sin el debido permiso, ellos están dispuestos a olvidar lo pasado si se regresan los documentos -El Papa hizo una pausa mirando a Anthony para ver su reacción y luego prosiguió:

─Después de meditarlo, llegué a la conclusión que no seria sencillo darle una respuesta positiva a este pedido. Descontando que podrías no estar de acuerdo con el mismo, acordamos en que se te concediera un permiso para buscar ciertos documentos y oro en el territorio de Masada. Hecho esto se le devolverían al gobierno los documentos y tú recibirías el 10% de los valores encontrados, que son los honorarios usuales en este tipo de empresa, el 40% se usarían como colateral de un préstamo sin intereses a cincuenta años para la construcción, previo pago de las tierras asignadas, al Congreso Internacional de Iglesias. En caso de que se encontrara una reliquia antigua que perteneciera a la religión cristiana, esta pasaría a ser propiedad del Vaticano.

─Su Santidad, ¿pensó usted alguna vez en actuar en política? ─ preguntó Anthony con una amplia sonrisa y sin esperar respuesta, prosiguió: ─Debemos hacer un pequeño ajuste en su arreglo; quisiera que todo el que estuvo involucrado en el rescate de Susan, y ahora en el descubrimiento del tesoro –si es que existe uno–, reciba una justa parte de cualquier recompensa que encontremos─. ─No esperaba menos de ti, Anthony ─exclamó su Santidad. ─Ya he conversado con Walter para que ponga a tu servicio todas las facilidades que tiene bajo su dirección. Sé que los está esperando, a ti y a Susan, para estudiar la ladera de la montaña en busca de los detalles que te señalen la entrada que necesitas encontrar. Por favor ─agregó mientras se despedía, ─ dale a Susan mis saludos y mis votos de felicidad para ambos─.

El helicóptero privado de Su Santidad lo esperaba a Anthony en la plaza para trasladarlo a Castel Gandolfo, donde ya aguardaban Susan y Walter. En pocos minutos estaba descendiendo en este pintoresco lugar, la residencia del Papa para el verano. A pesar de que Anthony era un visitante asiduo, no podía dejar de admirar cada detalle y cada vez que visitaba el Castillo descubría nuevas maravillas. La vista y el entorno eran espectaculares. Desde el siglo XVII, era un refugio ideal para el descanso de los Jefes de la Iglesia. Estaba construido en una colina en las costas del Lago Alban, en 1626 y sus paredes de piedra se elevaban sobre el poblado. Un gran parque, la única parte accesible para el público, se extendía hasta las playas del lago. Del otro lado, se podía observar el Mar Tirreno que se perdía en la línea del horizonte, enmarcando de modo perfecto el magnífico castillo. Los agregados que se hicieron para el nuevo observatorio y el complejo de oficinas construidas para Walter, a pesar de que en su interior gozaban de los últimos adelantos del nuevo siglo, mantenían el diseño de la construcción original.

Finalmente, el helicóptero descendió con suavidad en el Heli-puerto que había hecho construir Su Santidad Juan Pablo II y Anthony se dirigió de inmediato a la nueva parte del Palacio donde encontró a Walter y a Susan, junto al ex-criptólogo educado en la Universidad de Cambridge y Agente especial de MI5 en Londres, George Atkins, especialista en criptografia que junto con Walter descifraran los códigos que impidieron el ataque del grupo terroristas a los servicios de suministro de agua en la mayoría de las Naciones civilizadas. Los tres se encontraban ante una cantidad de fotos inmensas que mostraban en detalle cada pulgada de la montaña de Masada. Las pantallas gigantes de televisión mostraban con lentitud el recorrido del zoom por los mismos lugares enfocando las mismas imágenes desde diferentes ángulos.

─ ¿Llego a tiempo o ya lo descubrieron todo? ─preguntó Anthony, dándole un beso a Susan y estrechando las manos de George y de Walter, al tiempo que les dedicaba una amplia sonrisa. ─Todavía no ─contestó Atkins, sonriendo también ─Te estábamos esperando…En serio, sólo hace media hora que estamos examinando el lugar, los datos de las excavaciones en la parte noroeste de la montaña a una altura de 375m sobre la superficie del Mar Muerto, en una franja de 25m de ancho. Podemos ver que la superficie de las rocas es muy irregular y ello hace que sea muy difícil encontrar una depresión que signifique algo, y que no sea la forma natural de la roca. ─Además ─dijo Walter. ─Dos mil años deben haber suavizado cualquier marca dejada por las herramientas que se usaron para esculpirlas. Pero te aseguro Anthony, si está allí la encontraremos, aunque nos cueste otros dos mil años─.

El grupo pasó casi cinco horas examinando con cuidado cada foto ampliada a cuatro veces su tamaño normal de cada sección recortada en 10cm x 10cm, sin encontrar ninguna indicación de la famosa entrada. ─No sé que piensan ustedes ─dijo de pronto Susan a Anthony y al grupo.─ Pero cerca de aquí, a menos de un kilómetro hay una trattoria que sirve un delicioso almuerzo. Estoy cansada y deseo relajarme una hora por lo menos, ¿qué les parece?─ ─Me parece que tu deseo es una orden, querida ─contestó Anthony. Pocos minutos después se encontraban en un pequeño y típico restaurante italiano, –con el aroma característico de salsa de tomates, ajo y cebolla– sentados en una mesa vestida con un mantel a cuadros rojos y blancos. Una vez que tomaron sus órdenes y llegó la infaltable botella de Chianti, Susan dijo: ─Quisiera llamar a la hermana Rosa. Después de ver una de las fotografías, creí ver un símbolo, aunque puede ser otra marca natural─. ─ ¿Crees haber encontrado algo? ─preguntó Walter. ─No estoy segura, parecía algo… como unas marcas en la roca, tal vez, una palabra hebrea o ciertos cortes que indicaran una entrada ─contestó Susan.─ Pero lo más probable que no sea nada importante─. ─No creas ─exclamó Atkins con el impecable acento inglés, que siempre lo hacía parecer un profesor dando clase. ─Estamos buscando una fisura que nos indique una entrada, la misma puede estar pulida no sólo por aquellos que tallaron la roca, también por el viento y por la arena de dos mil años. Pero una marca que no buscamos puede estar allí frente a nuestros ojos, sin verla─. ─Bravo ─dijo Walter. ─Llamemos al equipo de la hermana Rosa─.

Una vez de regreso nuevamente en las oficinas los cuatro observaron la foto en la que Susan había detectado algo, un detalle que parecía diferente en la textura de la montaña. Walter había llamado a la Hermana Rosa, quien acordó a trasladarse al palacio con sus colaboradores. Dos horas después, ella, Schonfield, Normam y Mitchner, se encontraban en la amplia sala de conferencias de Walter observando las fotos y la imagen del satélite. Después de observarlas detenidamente, y desde diferentes ángulos, estuvieron de acuerdo en lo siguiente: ─No es una palabra hebrea ─expresó el Profesor Mitchner, mirando sus colegas, en silencioso acuerdo con sus conclusiones. ─Ya el filósofo Philo sugirió que el nombre “essenes” significaba en sus raíces “santidad”. En ese contexto, Dupont-Summers sugirió que Philo jugaba con la similitud de la palabra griega “essaioi” (essaeans) y “Osioi” (santo o puro); y esa es la palabra que está grabada en la roca. La misma está disimulada por la rugosidad de las piedras. Sólo aquellos que supieran qué es lo que buscaban, podrían encontrar una relación entre esta escritura y la entrada, si además tenían conocimiento del griego, algo practicamente inconcebible en el desierto de Judea. ─Además no debía ser fácil divisarla a una altura de casi cuatrocientos metros sobre la superficie ─dijo Anthony con una amplia sonrisa. ─ ¿Cuáles son nuestros planes ahora? ─preguntaron Walter y Atkins. ─ ¿Nuestros…? ─preguntó Anthony. ─Por supuesto ─contestó Walter, asintiendo el resto. ─Cuando rescataste al Papa, yo estaba en la oficina porque me necesitabas. Hoy tenemos a alguien aquí que puede cuidar los instrumentos y las comunicaciones. Hay sólo una oportunidad en la vida para ser testigo de lo que puede encontrarse en esa cueva cerrada por dos mil años, y quieres privarme… ¡Mejor dicho privarnos de una oportunidad única en nuestras vidas?─.

Con una carcajada, Anthony dijo: ─Entonces ¡ Mañana arrasaremos las tiendas comprando equipo para escalar montanas y sobrevivir en el desierto! Arreglaremos todo para salir en una semana. Ya que la muerte de algunas familias, a raíz de la rotura del cable carril que brinda el servicio de ascenso a la montaña ha conducido a su clausura y a una investigación y posterior resolución de las companias de seguros. Esto le ha permitido al Papa obtener y asegurar un permiso de exploración, de acuerdo a los términos que tenía con el Primer Ministro. Sólo contamos con una semana para comenzar y terminar los trabajos. ¿Crees que tendremos las coordenadas y los equipos de láser para marcar exactamente dónde tenemos que cortar los “2 cubitos de diámetro”.─

─Todo estará listo en una semana ─Aseguró Walter.


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