+
El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada - Capítulo XXV - Anthony y Los Scrolls - Anthony, no tengo que contarte la historia del scroll de cobre encontrado en 1952, en la cueva designada como número tres en Khirbet Qumrán en las costas del Mar Muerto, aproximadamente en el área donde tú adquiriste éste.

Anthony y Los Scrolls


El Tesoro del Templo y la Copa Sagrada

Capítulo XXV

Anthony y Los Scrolls

Anthony llegó a las oficinas de la hermana Rosa, saludó a ésta y a sus colaboradores y luego se desplomó en una silla frente a su escritorio.

—Hermana —dijo— ¿Puede darme usted una bendición? Creo estar muerto —agregó con una falsa sonrisa.

— ¡Vamos Anthony! —le contestó la hermana Rosa—.Tenemos algunas noticias que lo van a reanimar y alegrar, Al decir esto, los profesores Schonfield y Mitchner se acercaron al escritorio y colocaron una serie de fotografías en las que se podían observar unas imágenes aumentadas al 200%. Aunque la visión de lo escrito en el scroll no significaba nada para Anthony, el profesor Schonfield comenzó explicando.

—Anthony, no tengo que contarte la historia del scroll de cobre encontrado en 1952, en la cueva designada como numero tres en Khirbet Qumrán en las costas del Mar Muerto, aproximadamente en el área donde tú adquiriste éste. Que se encuentra en el Templo del Libro en Jerusalén se lo conoce por el nombre 3 Q15 y en él puede leerse:

“ En la fortaleza que se encuentra en el valle de Achor, cuarenta cubitos bajo los escalones entrando por el Este: un cajón de dinero y su contenido con un peso de diez y siete Talentos” . Y luego detalla otras cantidades de oro y joyas. En tu scroll, la frase comienza así:

“ En la fortaleza que se encuentra en la cima del valle perdido, cuarenta cubitos bajo los escalones entrando por el Este, muchos cajones de dinero y su contenido con un peso de diez mil y siete Talentos de oro”. Y tal como el 3 Q15, detalla otras cantidades de oro y joyas. Anthony se quedó perplejo por unos momentos, pero a pesar de estar atento a las palabras de los expertos, no podía dejar de pensar en Susan. Ella estaba en manos de los hombres de Whittaker por su culpa y por ello maldijo el haber adquirido estos scrolls.

—Cuando observamos el documento a simple vista, parecería ser que el 3 Q15 fuera una copia cruda de tu documento —continuó el profesor Schonfield—. Como si alguien sin suficiente idoneidad hubiera copiado el documento original, la referencia de: “diez y siete”en uno y “diez mil y siete”, en el tuyo, haría pensar que el escriba cometió un error. Algo curioso es que este scroll venía en la misma caja que el otro más convencional, al menos por el material de escritura usado.

Generalmente, estos tipos de documentos se guardaban en jarras de cerámica todos juntos. El hecho que los dos compartieran una sola caja, indicaría cierta relación entre ambos —y agregó apresuradamente—. ¡Esto es sólo una suposición!, pero en estas observaciones preliminares del documento se comprueba el uso en la narración, de palabras de algunos dialectos y el más vernáculo uso del idioma, que desafortunadamente no conocemos y nos llevará un tiempo descifrar.

Nuevamente el teléfono celular le avisó a Anthony que tenía una llamada. Procedía de Londres y de inmediato la contestó. —Mister Anthony, si quiere volver a ver a su prometida, ordene que cesen todos los trabajos en los documentos que se encuentran en poder de la Hermana Rosa —dijo una voz con acento inglés—. Ella y los especialistas deberán tomar de inmediato un avión de regreso. Si no lo hacen, su oportunidad de volver a ver a Susan Martin con vida es nula. La nueva oficina de la Hermana Rosa debe ser sellada y ningún documento puede ingresar o salir de ese lugar. Nos comunicaremos con usted en los próximos días. Recuerde, ¡conocemos todos sus movimientos! — y con esta advertencia, se cortó la comunicación.

Anthony informó al grupo acerca de esta conversación y después de que cada uno opinó al respecto, se resolvió que los profesores Schonfield y Mitchner partieran lo antes posible para sus respectivos países, acompañados por dos guardaespaldas, mientras que los demás agentes de seguridad se enviarían a sus hogares para ser protegidos. Walter tenía fotos de cada pulgada de los documentos que la hermana Rosa podía seguir estudiando, no en el confort de su oficina, pero sí en la sala de la Biblioteca del Vaticano.

Mientras tanto Anthony seguiría planeando la incursión a Colombia, ya que era evidente que los secuestradores no tenían noción de qué se estaba proyectando.


comparte esta página en: