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El Hijo de Susy. Capítulo VII.

La Cita en el Bar


  • El Hijo de Susy

Capítulo VII

El encuentro en el Bar

Parecían ser una madre con su hija, que iban a una reunión social. Cuando  llegaron al bar, Walter ya las estaba esperando, después de los saludos de rigor, Walter encontró a las dos mujeres diferentes, ni comparación, con las mujeres que había visto en el orfanato. Judith la muchacha joven  de 22 años, sin ningún tipo de maquillaje, pero con un peinado diferente, y Susy parecía haber rejuvenecido, su rostro reflejaba alegría, una alegría contagiosa, parecían más frescas, naturales  Susy tenía un poco de maquillaje, al menos para hacer desparecer algunas arrugas, era una mujer de 55 años, tenía poco maquillaje, para esconder algunas arrugas de su rostro, evidentemente que las compañeras prostitutas, habían hecho muy buen trabajo. Walter, le noto a Susy una dulzura especial en sus ojos y una cariñosa y encantadora sonrisa, que antes no había notado.

Les dijo… pero que ha sucedido con ustedes las noto tan diferentes y son las mismas personas, Judith le dijo, es que tanto Susy como yo ahora vemos una luz de esperanza en encontrar nuestro objetivo, pensamos que vamos a tener éxito en nuestra búsqueda. -no me digan, pensaron entonces lo mismo que yo. Pensé que si Ud. Susy busca a su hijo y yo busco a mi madre, nuestros caminos se han cruzado  -es posible dijo Susy, sabes? ... Te pareces mucho a alguien que conocí hace tiempo. -si?,  a quién?... -una amiga mía, que tuvo una vida muy desgraciada. Sufrió tanto, que cuando nació su hijo, lloraba y se desesperaba porque, no iba a  poder darle  una vida sin sobresaltos y apacible, quería darle a su hijo una muy buena vida y no podía. -entonces quizá ese hijo sea yo...

Judith -que notó sumamente nerviosa a Susy dijo -pudiera ser, pero no nos adelantemos a los acontecimientos. Veamos qué es lo que sabes Walter;  -bueno... lo que me acuerdo de mi vida en el orfanato, estaba sentado a una mesa muy larga, en un salón muy grande y estaba solo. Ese es el único recuerdo que tengo, que no concuerda con mi infancia ni con mis padres. Según ellos cuando me adoptaron, yo tenía cinco años,. Después mi vida transcurrió tranquila. Mis padres jamás me ocultaron que era adoptado. Pero recién ahora cuando cumplí los 20 años, me dieron la pista que necesitaba, para saber cuál era mi origen. - y cual era esa pista pregunto Judith - el orfanato, en el que estuve, donde nos conocimos? -preguntó Susy-- y que le dijo el director del orfanato. -que iba a investigar en los registros de esos años, y que me iba a llamar, o si no que fuera la semana que viene, aunque no creo que logre nada, porque no lo vi muy interesado, y uds. que lograron, cual es vuestra historia?

Judith contestó  - nosotras, provenimos de un pequeño pueblo del interior en Salto. Nosotras somos de Cabellos y al venirnos a trabajar en la ciudad,  Susy perdió contacto con su familia en donde quedó el hijo de ella. Al cabo de unos años volvió a buscarlo, pero un primo de ella lo entrego a un orfanato, porque no quería hacerse cargo del niño, a raíz de esta situación, Susy se peleó con su familia, y ahora, anda a la búsqueda de su hijo, y yo la estoy ayudando. -y que edad tenía su hijo Susy? -ahora tendría tu edad Walter -mi edad?! qué casualidad! Judith dijo -por eso es que debemos aunar nuestras fuerzas y nuestras búsqueda quizá logre lo que no pudimos en tantos años... -tienen razón, hasta creo que yo pudiera ser tu hijo Susy.

A Susy le dio  un vuelco el corazón y Judith intervino, más que para despistar a Walter y tranquilizar a Susy,  dijo entonces  -no lo creo, en primer lugar las fechas no concuerdan y en segundo lugar, tu caso según yo lo entendí, tú no tienes familia y en el caso de Susy sí . En el asilo el Director, lo único que nos dijo, es que en esa fecha se dió en adopción a un chico, pero nada más. -entonces, también puede ser mi historia,  porque mis padres de crianza son estériles  y por eso me adoptaron. Pero dijo Susy -faltan confirmar datos y fechas, así sabremos con seguridad, si tú eres mi....digo, si, tu encuentras a tu madre y yo a mi hijo...

Olegario Juan Caorsi


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