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El Hijo de Susy. El Sexo.

El Sexo


  • El Hijo de Susy

Capítulo II

El Sexo

Pero también en él llegó la necesidad de amar a una mujer, quería conocer  la culminación de la  atracción que sentía, cuando veía a una mujer bonita. Entonces unos amigos, que nunca faltan en determinadas ocasiones lo invitaron para ir a un burdel. Le decian -vamos Walter te va a gustar, las tienes para todos los gustos. -ustedes creen que sería conveniente? -en tu caso lo creo necesario, le dijo un compañero de facultad. Caminaron entonces hacia una zona de la ciudad, en donde se veían en la noche oscura,  Iluminada  solo por luces rojas, sombras de hombres recorriendo y entrando y saliendo de casas cuya luz del frente era roja.

Armando, uno de los amigos, muy ducho  en esos lugares dijo - vengan, a la vuelta de la esquina, hay uno que es el mejor de todos y hoy llevamos un debutante. Walter iba bastante asustado, sabiendo que él, era la primera vez, que entraba en un lupanar…. Entraron, había un salón con muchas sillas y hombres esperando ser atendidos. Cuando Walter entróo, la matrona que era una mujer que frisaba ya los cincuenta años, no era muy vieja, pero cuando se lleva la vida de estas mujeres, la belleza  que es el capital que tienen, dura poco. Vio a Walter tan asustado, que pensando que era menor de edad, le pidió la  cedula de identidad.

Cuando la leyó, se enteró del nombre del muchacho y su fecha de nacimiento. Se le hizo un nudo en la garganta, lo dejó pasar, él no se dio cuenta, como cambio la cara de la matrona. Sus amigos vieron como la mujer lo miraba  y comenzaron a hacerle bromas, le decían que ya había  hecho una conquista, Walter estaba muy nervioso y tan asustado, que al oír las bromas de sus compañeros, se levantó y salió corriendo. No paro de correr, hasta que vió las luces del centro de la ciudad, fue a una plaza, se sentó en un banco y no se movió hasta que se tranquilizó y se puso a pensar en la actitud de miedo que tuvo, frente a todos sus amigos, y los hombres que  en ese momento se encontraban en la casa. Ahora he quedado ridiculizado, pero a ese lugar sórdido, no iré nunca mas...

Olegario Juan Caorsi


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