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El Espejo de Barro - Capítulo 5 - Las gemelas - Las gemelas habían tenido hijas que habían nacido el mismo día y a la misma hora, pero no se parecían entre sí. Mientras una de las pequeñas era rubia como su mamá y su tía, la otra era oscura.

Las gemelas


El Espejo de Barro

Capítulo 5

Las gemelas

Las gemelas habían tenido hijas que habían nacido el mismo día y a la misma hora, pero no se parecían entre sí. Mientras una de las pequeñas era rubia como su mamá y su tía, y había salido de la panza de su madre con una perfecta trenza dorada torciendo una fina melena que sorprendió a la partera por su prolijidad, la otra era oscura y llegó al mundo con el pelo negro como su papá y su tío, torzado en unos remolinos brillosos y anudado con sutiles tiritas de húmeda seda azul.

Sus padres, aquellos dos matones, se habían amansado con el tiempo y doblegado a la voluntad tierna de estas dos mujeres que los hacían preparar las mamaderas y cambiar pañales como nunca podían haber imaginado cuando rodeados de mujeres de cascos livianos se hacían pasar por malos con tanta convicción que hasta ellos mismos lo hubieran creído toda la vida si esas dos muchachas claras no se hubieran cruzado delante de sus miradas.

Los cuatro llevaron una vida simétrica y espejada que hacía llorar a unos cuando les dolía a los otros, y los hacía festejar a todos cuando algo bueno le sucedía a uno de ellos. Así llegaron a viejos compartiéndolo todo y confundiendo a los pobladores que nunca pudieron distinguir a nadie de aquella familia extraña y estética.

Era impensable para estas personas sencillas entender siquiera una noción básica de genética pero, casi un siglo después, llegaban investigadores de todas partes del mundo a ver a aquellas ancianas idénticas, rodeadas de una prole de hijos y nietos repetidos, nacidos todos ellos con la marca de la gente especial: las niñas con trenzas doradas o torzadas negras que las acompañaban desde recién nacidas, los bebés con bigotes largos, angostos y retorcidos, engominados en un líquido amniótico pastoso que sorprendían a las enfermeras del hospital por la prolijidad y el esmero con que parecían estar trabajados.


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