+
El Espejo de Barro - Capítulo 11 - La Lucero II - Extrañaba su mundo de agua y sabía que había otros pozos en la tierra. Muchos de ellos habían quedado bajo puentes o tapizados de asfalto debajo de ciudades muy pesadas.

La Lucero II


El Espejo de Barro

Capítulo 11

La Lucero II

La misma Lucero no pudo reconocer después cuándo fue que empezó a sospechar que no era la brutalidad de estas gentes, sino la maldad de este indio pozuno lo que había llevado la situación a un estado sin retorno. Comprendió que si se enfrentaba a los hechos, iban a echarla del pueblo a piedrazos. Se propuso ser más política.

La Lucero había salido del pozo una noche estrellada que fue cuando todos la vieron llegar e imaginaron transportes disímiles que ella jamás se ocupó de negar ni de confirmar. Al principio, andaba medio mareada como les sucedía a todos y había sido advertida de que esto podía pasarle. Luego fue recuperando sus fuerzas y se dedicó a llevar a cabo su misión de mensajera, transmitiendo saludos desde el mundo pozuno. Pero, ya cuando iba a volver, se dio cuenta de lo grave que estaba por suceder y en la carpa del circo, en realidad, intentó convencer a su indio amante seduciéndolo con todos los artilugios de mujer que conocía, pero él estaba tan seguro en su maldad que ella no tuvo forma de llegar a él. Una noche soñó que lo mataba, pero ella era una pozuna y no podía hacer algo así o estaría destinada a rodar entre rocas filosas por el resto de su existencia.

Por eso, cuando años después empezaron las obras, ella se desnudaba frente a los malabaristas para que alguno rompiera dos botellas, y se fuera al mundo de agua junto con los dos genios encerrados. Allí contarían lo que estaba sucediendo y encontrarían la manera de solucionar las cosas.

Extrañaba su mundo de agua y sabía que había otros pozos en la tierra. Muchos de ellos habían quedado bajo puentes o tapizados de asfalto debajo de ciudades muy pesadas; los pozunos de aquellas zonas tapiadas vivían en un mundo pacífico que no podría sentirse amenazado jamás. Pero no había forma de entrar por esos pozos, y el de este pueblo llegó a estar casi vacío, con sólo un fondo de agua turbia muy allá abajo, comunicándose con otros pozos como los túneles de un hormiguero. La escalera no era visible para los humanos, pero ella podía emprender el viaje con varios junto con ella si prestaban atención a sus indicaciones. Una vez que tomaran el ritmo de los escalones, sólo se necesitaba determinación y paciencia durante varios años para llegar allí abajo. La caída libre era más rápida pero podía ser dolorosa si no había profundidad suficiente de agua.

Pasaba los días pensando en cómo encontrar una solución a todo esto, pero fue cuando pudieron empezar a organizarse entre todos que creyeron ver una salida a esta difícil situación.


comparte esta página en: